Apenas año y medio después de su paso por el Teatro El Llar de Corvera (crónica) regresaba a los escenarios asturianos la Vargas Blues Band, o lo que es lo mismo, Javier Vargas a la guitarra, Peter Kunst a la batería y Luis Mayol al bajo. A falta de nuevo disco que presentar, «Barrio Blues» verá la luz en el mes de junio, el repertorio contaría con una nutrida representación de temas de su último trabajo discográfico «Down Under Blues«. Disco editado en julio del pasado año profundamente influenciado por la extensa estancia de la banda en Australia e incluido en su libro autobiográfico «Historias De La Carretera» que un servidor y un buen puñado de asistentes nos llevamos gustosamente a casa.
Más comunicativo que en Corvera, el guitarrista departió en varias ocasiones con el público pasajes incluidos en el libro. La charla con Eric Clapton tras un concierto en el Royal Albert Hall londinense gracias a su buena relación con el malogrado Tim Bogert sirvió como antesala a la interpretación de «Sunshine Of Your Love«, el clasicazo de los Cream.
Viajes de ida y vuelta a través de su trayectoria con la dupla Kunst/Mayol alternando la voz solista nos hicieron degustar temas tan dispares en el tiempo como «Hard Time Blues» de su segundo álbum «Madrid – Memphis«, «Black Cat Boogie«, «Texas Tango» a composiciones más recientes como «Magic Train«, «Long Way From Home» o «Conductores Suicidas«, escrita originalmente para Joaquin Sabina allá por 1992 y que formará parte su mencionada anteriormente próxima obra de estudio. La que parece fija en el repertorio es «Blues Local«, canción que reivindica la maltratada escena musical casera.
Comentó la espiritualidad que abraza el actual Carlos Santana, que seguro copará un episodio del libro. Recordemos que Santana grababa allá por 1994 una versión de «Blues Latino«, clásico tema instrumental del maestro madrileño. Fruto de esa buena sintonía el próximo disco contará con la colaboración de Andy Vargas, voz de la formación liderada por el guitarrista mexicano. Hubo tiempo para recordar al tristemente desaparecido Gary Moore a través de una interpretación sobria y comedida de «Parisienne Walkways» del genio irlandés.
Casi 2 horas de show, buen sonido y complicada iluminación para quien intentara tomar pruebas gráficas de la velada, que dejaron satisfechos a la mayoria del medio centenar de incondicionales que se acercaron la noche del pasado viernes al Gong Galaxy Club y la sensación de «un día más en la oficina» para los de paladar más exigente.
Turno para fotos y firma de unos libros que practicamente volaron del puesto de merch. Siempre es un placer charlar un rato con unos protagonistas tan amables en las distancias cortas como profesionales encima de un escenario. Como nos recordó en uno de sus «speech» el maestro del blues latino, gracias al blues por poner voz a un planeta sin voz.
Retorno de Medina Azaharaa los escenarios asturianos en su gira de despedida. El domingo 9 de agosto como parte de la progamación del festival Luanco Al Marla formación cordobesa liderada por Manuel Martínez y Paco Ventura cerrarán su historia con Asturias al lado del mar cantábrico.
De la mano de Santo Grial Producciones la gira de despedida «Todo Tiene Su Fin» llega de nuevo a Asturias tras pasar por el formato sala y agotar el papel hace unos meses en Gijón. Con 24 discos de estudio a sus espaldas, giras internacionales y una influencia clave en la consolidación del «rock andaluz», Medina Azahara son inequívocamente leyenda y se despiden de los escenarios con un espectáculo cargado de emoción, memoria y gratitud hacia un público fiel.
Retorno a los escenarios asturianos para los rockeros suecos Diamond Dogs. Con la presentación de su próxima obra de estudio «Similar Shakes, Different Distortion» y la celebración de su 35º aniversario, la formación recalará en el gijonés Teatro Albéniz el sábado 19 de septiembre.
Fuertemente inspirados en el rock británico de principios de los 70 y bandas como The Faces , Mott the Hoople o The Rolling Stones, el combo liderado por el carismático vocalista Sulo Karlsson y el ex HellacoptersAnders «Boba Fett» Lindström a la guitarra recalarán en Asturias previo paso por Valencia, Zaragoza, Madrid y Santiago de Compostela.
La mítica banda asturiana de hardcore/punk Escuela de Odio ha publicado un nuevo trabajo titulado “Cuerpos Muertos” y lo han presentado en un acto, casi íntimo, en las instalaciones de FNAC en Parque Principado. Allí han estado presentes Jorge, Pirri y Javi para contarnos de primera mano todas las vicisitudes que dieron lugar a este disco.
Nos recuerdan que han estado parados casi dos años y medio, desde aquel fatídico 29 de diciembre de 2023, cuando Pirri, vocalista y miembro fundador de la banda, sufre un ictus, que les obliga a cancelar todas las actuaciones que tenían programadas por aquel entonces. Tras 33 años de carrera musical, esta circunstancia supuso una gran incertidumbre acerca del futuro de la banda. La recuperación de Pirri conllevaba un tiempo y decidieron aprovecharlo para dedicarse a componer este nuevo trabajo, a la par que, a través de los ensayos, el cantante iba testando su capacidad de aguante.
La banda describe este disco como terapéutico. Las primeras canciones escritas fueron las que aparecen en primer y segundo lugar, dos temas totalmente autorreferenciales, que Pirri relaciona con todo el proceso vivido desde su ingreso en el hospital, “Viéndome Morir” y “Cuerpos Muertos”, este segundo relacionado también con el fallecimiento de una prima y con las guerras, en general. Son dos temas que se salen del habitual discurso social combativo, característico de la banda. Señalan en tono jocoso, que Nefta decía que ahora iba a ser todo sobre morir pero el resto del contenido del disco gira de nuevo hacia la temática común, marca de la formación. Indican que los mensajes de los temas de Escuela siguen siendo los mismos y, por desgracia, siguen vigentes en la actualidad que nos está tocando vivir.
Nos dice Pirri que las letras no son descarnadas sino como consecuencia de la enfermedad, su cerebro ya no está como antes y el disco, en general, le supuso un punto de esperanza en el proceso de recuperación. Respecto al estilo musical del disco, nos comentan que han querido volver al sonido ochentero crust/D-Beat propio de legendarias bandas como Discharge o GBH. El disco se podría decir que fue autoproducido, Escuela dirigió la maniobra de todo el trabajo, partieron de una maqueta y fueron haciendo los arreglos en los Breakdown Studios de Nefta Vázquez.
En cuanto a la portada, fue diseñada por Gerardo Gil, quien fuera road manager de Ilegales y editada por Gus Bocanegra, el técnico de sonido que suelen llevar Escuela de Odio y al que consideran el sexto miembro de la banda. Para el concepto de la portada se basaron en las “portadas collage” de algunos discos de bandas como Napalm Death o Terrorizer. A continuación, nos presentan en primicia, un nuevo video del tema “Dictador de Mierda”, tema que dura 50 segundos, seguido del video de “Cuerpos Muertos”, grabado en Lugones bajo la dirección de Titi Muñoz.
Para terminar la presentación y, antes de la firma de discos, nos comentan que presentarán en vivo este nuevo trabajo en el Kalikenyo Rock, festival que tendrá lugar en Lleida, los días 11 y 12 de septiembre de 2026, a partir de ahí, esperan contar con otras cuatro o cinco fechas pero que van a ir muy poco a poco. Eso sí, esperan que la segunda fecha de presentación de este disco se haga en Asturias, así que, estaremos atentos y deseosos de que llegue esa fecha.
Retorno a nuestros escenarios para la pacense Susan Santos tras su paso por la Factoría Cultural avilesina en febrero del pasado año (crónica). Nombre de referencia dentro el blues rock patrio, presentará el próximo sábado 11 de abril su sexto disco de estudio «Sonora» en el ovetense Gong Galaxy Club.
Virtuosa, zurda con púa en mano izquierda y fijación de posiciones con la derecha aunque mantiene las cuerdas graves en la parte superior, ha recibido reconocimientos internacionales tan importantes como mejor interpretación musical en los European Blues Awards del 2018 y el mejor álbum de una artista femenina en los L.A. Critics Awards en el 2019.
Cerca de cuatro años le ha llevado a la bestia thrash astur Beast Inside entregar la continuación de aquél “Under Control” con el que debutaran. “Throne Of Blood” llega tras varios cambios en una base rítmica que forman Alex Kai al bajo y Adrián Granda en baterías. Chema Bretón y Pedro Pravia siguen poniendo las guitarras y Alejandro Vizcaíno hace lo propio con la voz. El álbum se grabó, mezcló y masterizó en Breakdown Studios con el Sound Of SilenceNefta Vázquez (Aneuma, Brutalfly, Burnt To Death…) a los mandos para, finalmente, adornarse con el arte de Julio Romero y Sara Rus, así como con las fotos de Jorge López Novales.
“Hydrangea”, donde cuentan con la colaboración del bajista de SküldJosé Carlos, es un arranque tímido, casi vacilante, de avanzar tímido, sopesado, nada inmediato. Dos minutos que transcurren hasta dejar paso al prólogo de “Yoke And Arrows”. Un arranque de nuevo remansado, que pronto torna en furia conforme alcanza sus primeras estrofas. Antes deja buenas guitarras dobladas y un cierto sentido de la épica. Todo hasta que rompe ese thrash vibrante, que no frenético, tan habitual en la banda de Pravia. Un primer corte, con solo del Legacy Of Brutality & AneumaBorja Suárez, que me agrada más por estructura que por la labor de un Vizcaíno siempre agresivo pero un tanto plano a la hora de encarar las diferentes estrofas. En cualquier caso, todo el puente, y no solo por los buenos solos que lo ocupan, puede ser de lo mejor que haya grabado esta banda jamás. En resumidas cuentas una dupla inicial que me genera sensaciones encontradas.
“Ravenous Appetite” amenaza con entregar a los Beast Inside más pesados. Trae consigo un riff de fácil digestión, que entra a la primera, y se acompaña de unas estrofas, cierto aire a Anthrax aquí, de lo más resultonas. Noto más suelto y cómodo a Vizcaíno ahora y Nefta Vázquez ha hecho los deberes a la hora de integrar los distintos coros que acompañan / le dan réplica. En su tronco central anida una cara más técnica. Sin excesos ni florituras de cara a la galería, pero siento que mejorando el nivel con respecto al álbum debut. Me funcionan igualmente ese buen solo de guitarra y el arreón final. Un tercer corte con el que conecto de buena gana.
El prólogo de “Saint Pederast” pronto echa mano de una cierta melodía para, más adelante, tornar en un thrash, si bien machacón, también extrañamente pegadizo, Tiene gancho el riff que colocan aquí y cierta audacia el modo en que vuelven sobre su cara más técnica después. Vizcaíno pone ese tan característico registro a unas estrofas nunca faltas de mordiente. Se apoyan estas en otro buen riff. Para estribillos surgen unos coros que bien me podrían recordar a ciertos momentos de aquél “Spitting Blood” de Blast Open, otra de las bandas en las que anda enrolado el jefe de los Breakdown StudiosNefta Vázquez. Todo queda en casa. Beast Inside rematan con otro buen solo acomodado sobre ese puente central y la sensación que queda es la de que están muy cómodos en este registro.
“Hydrangea II”, puede que por la colaboración de Lorena Sküld, puede ser lo más heavy que hayan grabado nunca. Todo parte sin embargo desde un prólogo tranquilo, que arrastra consigo una cierta melancolía, y donde ambas voces juegan a encontrarse. Me agrada el crescendo que abraza la composición y que lleva a esta quinta entrega hacia un heavy / thrash mucho más habitual. Entre medias queda el que puede ser el tema más diferente que hayan compuesto jamás. Aún cuando pienso que merecía un solo de guitarra algo más ambicioso, me funciona.
“God Of Flesh”, que fuera anticipo del álbum, es de las nueve la que más me recuerda a los Beast Inside del debut “Under Control”. Conformada desde otro riff con gancho y pegada, siento muy fina aquí a la base rítmica que conforman el también Burnt To DeathAlex Kai y el batería Adrián Granda. Buenas líneas de voz de Vizcaíno, mucho más cómodo ahora, trazando un estribillo, conciso y directo, con todos los visos a que funcionará como un tiro en sus conciertos. El remate llega por medio de una, ahora sí, poderosa sección solista. También por el modo en que esta colisiona con esas voces más rabiosas. Buen arreón final y uno de los cortes más redondos de esta nueva hornada.
“Once Again”, que viene ligada a un aspecto lírico no exento de una marcada ironía, de tanto en cuanto no deja de ser una (jocosa) disertación sobre alguna de las vicisitudes que conlleva la grabación de un álbum, en particular un álbum de thrash metal, y que se acompaña de ritmos vivos, que no descosidos, donde la banda deja la sensación (siempre agradable) de que no se toman muy en serio a sí mismos. “Hydrangea” al margen supone la entrega más rácana del álbum pero bien está, creo yo, el aire más desenfadado con que impregna a este trono de sangre.
Y tampoco es que “Deadpool Into The Pit” resulte el colmo de la seriedad, pero sí que musicalmente posee más enjundia que aquella a la que sucede. Por lo pronto Alejandro está trazando una más que hábil línea de voz. Uno desconoce el orden en que estas canciones se fueron construyendo en el estudio pero va quedando la sensación de que el vocalista asturiano está más cómodo a cada tema. Aquí me gusta ese prólogo tan clásico, la buena construcción de esas primeras estrofas y una producción que no olvida de empastar a la buena base rítmica de Alex y Adrián. Llamativa sección solista y otro corte que, si bien no arriesga en cuanto a escritura, vuelve a dejar otro buen epílogo.
El cierre es para la potente “Watching Bleed”, un thrash teñido de ciertos rasgos más heavies, que funciona como un tiro y que, siento, bien merecía una posición de mayor privilegio dentro del tracklist. En cualquier caso estos son los Beast Inside más serios, también los más compactos, tramando tanto buenos riffs como rotundas líneas de voz, el característico registro roto de Vizcaíno, en un corte finalmente nada timorato en lo que a solos se refiere. Thrash a la vieja usanza para cerrar un competente segundo trabajo.
Al debut, por aquello de las múltiples veces que les pudo ver sobre las tablas, llegó uno sabiéndose las canciones casi al dedillo. Por eso enfrentarse ahora a estos nueve cortes supone sentir una serie de sensaciones que nada tienen que ver con las de entonces. Aquél era un disco de thrash sin grandes miramientos, clásico y orgulloso, y casi que este “Throne Of Blood” sigue su misma senda.
A grandes rasgos, como álbum de thrash que es, echo en falta un mayor riesgo en cuanto a estructuras. Y tampoco es que vea muy cómodo a Alejandro en esa “Yoke And Arrows” de comienzos del disco. Sin embargo sí que me agrada cómo éste irá cogiendo mejor tono con el correr de los temas. Como por ejemplo ese “Saint Pederast” y sus pequeños dejes melódicos. La llamativa “Hydrangea II”, lo más diferente que haya salido nunca del quinteto. La solidez de “God Of Flesh» y su buen arreón final. También el aire más desenfadado de “Once Again” o la buena sección solista de “Deadpool Into The Pit”… un trabajo cuanto menos funcional, que debería agradar a quienes se engancharon con aquél “Under Control” de 2022.
Elise Frank, vocalista, guitarra y compositora francesa de blues rock recalará el 6 de junio en el Fantasio de Navia inmersa en la presentación en nuestros escenarios de su segunda obra de estudio «I Didn’t Pay For It» publicada en el mes de enero vía Ruf Records.
Con una apuesta por sonidos crudos, orgánicos y viscerales para dar rienda suelta a influencias del blues tradicional, el garage rock y el folk, Elise Frank hará su presentación en Asturias acompañada de Josselin Fleury (bajo) y Sébastien Gaschard (batería).
A veces sienta bien salir de la zona de confort y qué mejor para ello que pegarte un atracón de blues rock incendiario sin guitarra y a pura voz cazallera. El “reverendo” James Leg llegaba a la Factoría presto a dar una lección de cómo enfrentar al blues con el rock sin más apoyo que un pequeño pequeña batería.
Eso… y los múltiples pedales de distorsión que rodean al Fender Rhodes de Leg, de los que echaría mano a lo largo de todo el set. Este arranca envuelto en una suciedad nada impostada. Natural, profundamente orgánica, que nos conduce a su peculiar homilía desde el mismo inicio. Una liturgia a la que el público se sumó desde el mismo inicio, y que juega en esta parte tan inicial a confrontar el blues más arrastrado con el rock más incendiario. Parca puesta en escena, nada resultó superfluo o innecesario. Vieja escuela para viejas canciones. Al fin y al cabo, el texano y si mis datos son correctos, lleva la friolera de diez años sin ofrecerle un largo a los suyos. Así las cosas, todo confluye en una comunión que Leg procura sin dejar de moverse tras el maltratado Rhodes.
Porque él fue todo sudor y entrega desde la primera nota que percibimos. Encadenando un corte tras otro, mostrando tanto ese registro tan roto y maltratado como un buen gusto en riffs y solos que nos arrastró sin remedio. Tanto es así que uno perdona los detalles y arreglos que se pierden en esta traslación al vivo. Sea como fuere, me gustó cuando mostró esa cara más rocosa y áspera casi tanto como cuando se arrimó, insisto que sin guitarra alguna, a las lindes del rock más vibrante. La gente iría así, poco a poco, dejándose llevar por la palabra del reverendo.
Y es que Leg estuvo tan fino en la creación de riffs como a la hora de solear desde el teclado, si bien se las tuvo que ver con un desmañado pie de micro que a poco estuvo de arruinarle la jornada. Saltó, se retorció, pataleó al aire incluso. Se disculpó eso sí por su escaso dominio de nuestro idioma. El justo para agradecernos su presencia allí y seguir con un blues aguardentoso y doliente donde su voz rota encajó como un guante. Incansable él, es cierto que, la cabra tira al monte después de todo, gocé de lo lindo con los momentos más vigorosos, más vibrantes, de un rock que invitaba a mover el cuerpo. Quien sepa de eso.
En esas partes más bailables pensaba en unos Sex Museum, con matices, mientras que Blue Cheer acudían a mi subconsciente a poco que la descarga se dirigía hacia territorios más sucios y descarnados. Por ahí Leg tendría tiempo de echar pie a su Cry Baby y revestirse de una cierta épica. Amplificando el rango sonoro de un set siempre orgánico y visceral. El público de la Factoría, siempre tan receptivo, recibía la palabra del señor con gozo y algarabía. Y es que, al final, por muy duro y muy sucio que sea el sur de los States, bien están propuestas como esta, tan alejadas del mainstream más superficial. Tan parcas pero tan sinceras. Y por si todo esto era poco, sorprende cómo los bises entregaron la cara más rotunda y directa del dúo. Dejándose la piel en cada golpe a la caja, en cada pulso a las teclas. Un gran final que, tras casi hora y media, nos dejó más que satisfechos. Alabado sea el reverendo.
Lo pasamos bien. Es por eso que no me gustaría cerrar sin mandar una vez más un agradecimiento a la buena gente de Factoría Sound por todas las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, así como sinceros saludos a la compañía del antes, el durante y el después. Ya saben: nos vemos en el siguiente.