Los pucelanos Free City regresan a los escenarios astures inmersos en una mini gira de despedida al anunciar un próximo paréntesis indefinido tras 17 años de actividad. La cita con el combo punk/hardcore tendrá lugar en la ovetense Lata de Zinc el próximo sábado 7 de marzo.
Además de repasar su discografía presentarán su notable última obra de estudio «Ingravidez» publicada en 2024. La parada asturiana contará con Lïbre como banda invitada, formación que cuenta en sus filas con miembros de Mala Reputación, Misiva, Origen y Desakato.
Tercer largo para los bilbaínos Empire Of Disease, segundo tras su fichaje por el sello Xtreem Music, y que trae de nuevo a la actualidad a la banda formada por Gorka Díez (guitarra y samples), Pintxo Wayewta (voz), Iban Hernando (batería) y Xabier H. Zarraga (bajo). Este “While Everything Collapses” fue producido, grabado, mezclado y masterizado por el Vhäldemar Pedro J. Monge (Ancient Settlers, Rise To Fall, In Thousand Lakes…) en los Chromaticity Studios y viene adornado por el artwork de Miryamad. En la calle a partir del 19 de marzo.
No podría sonar más clásico el prólogo de “The Beast Inside Me”, ese deje entre sinfónico y cinemático. Lo que me agrada es el modo en que va dando paso al envite metálico del combo bilbaíno. Siempre con ese sonido tan orgánico, tan terrenal, en un trazo directo y un avanzar firme y con los alardes justos. Melodeath bien construido, siempre bajo el característico registro de Pintxo Wayewta. Me gustan los buenos detalles melódicos que entrega Gorka Díez a modo de engarces entre estribillos. La banda adopta luego un groove más marcado, antesala de un solo de guitarra a modo de broche final. Considero un buen arranque.
“Depravity” apura la cara más death del cuarteto en su prólogo. Todo el corte resulta atravesado por riffs contundentes y con gancho. Hay un bajo de Xabier H. Zarraga conformando al alimón con las baterías de Iban Hernando una base rítmica prolífica en cambios de ritmo. Aquí vuelven esos habituales engarces de Gorka Díez, siempre atinado en la construcción de melodías. Quizá no ofrezca grandes sorpresas en cuanto a estructuras se refiere. Death melódico directo y rabioso, a fin de cuentas. Pero deja tanto un buen sonido, no fallan en esto el Chromaticity Studio, en especial cuando todo se agria camino del epílogo. Muy servicial.
“No Risk, No Glory” presentó el álbum en sociedad apostando, de primeras, por la cara más contundente y pesada de los vascos. Muy firme Iban Hernando con el doble bombo en esos primeros compases. Es un corte a rezumar de groove, trufado de breakdowns muy marcados, cuidados cambios de ritmo y unas voces más oscuras y graves de lo habitual. Lo que me agrada es cómo este cambio de discurso se apoya en su sonido orgánico de siempre. Sin guiños ni trucos de salón. Solo metal oscuro, rotundo y sincero.
A esa pesadez habrán de contraponer el mayor brío de “The Art Of Manipulation”. La banda se arrima más que nunca al death metal para un corte que si bien puede adolecer de una selección riffera algo más hábil, nos devuelve a los Empire Of Disease más viscerales, con un Pintxo Wayewta desgañitándose a placer tras el micro. Aquí es Iban Hernando quien capta toda mi atención, habiendo compuesto una base rítmica tan firme en las partes más veloces como pintona en las más pesadas. Y si bien como digo hay riffs que quizá me parezcan algo por debajo de la media del disco, lo que sí me agrada es ese trazo tan retorcido que dibujan aquí. Puede que no sea la favorita de nadie tras una primera escucha pero lo será a la larga. Palabra.
“Torture Chamber”, a la sazón corte más extenso del álbum, sí llama mi atención en lo que a riffs se refiere. Recupera el groove y de nuevo lo hace de un modo muy natural. A la pesadez inicial contraponen unas primeras estrofas violentas y muy crudas. Baterías que vuelan, voces que se desgañitan y una producción capaz de cargar con cualquiera que sea el discurso que persiguen. Hay un groove que vira (tímidamente) hacia lo alternativo, al que siguen un metal descosido primero, un curioso y llamativo breakdown después que culmina en un epílogo llamativo por elegante. Sensacional labor de Gorka Díez.
“Hamunaptra” bucea en la cara más melodeath del cuarteto. Metal rabioso y contundente, para la que es, en primer término, la entrega más incendiaria de todo el largo. Con la escuela sueca en mente, imagina uno a At The Gates sonando de fondo al tiempo que componían esta sexta entrega, Empire Of Disease han conformado un corte que huele a cañonazo en directo desde el mismo prólogo. Vibrantes y endiablados, intuye uno será del agrado de los más clasicómanos. El resto siempre puede apreciar lo bien que casa la base rítmica de Iban Hernando y Xabier H. Zarraga o gozando de los muchos (y buenos) detalles melódicos que atraviesan la composición.
“While Everything Collapses”, corte más raquítico de los ocho, es otro directo a la mandíbula. Metal furibundo, de ritmos vivos y riffs muy clásicos, apuntalando una escritura menos recóndita y más lineal, dispuesta en favor de los Empire Of Disease más descosidos y vibrantes. Un buen solo de Gorka Díez ocupa el puente y esta penúltima entrega, finalmente, ofrece tan pocas sorpresas como distracciones. Directa y a la yugular, con un groove final realmente matador. A veces menos es más.
En contraposición a ese metal más directo, “More Than A Hundred” cierra desde un prólogo retorcido y casi laberíntico, al que suceden unas estrofas pesadas, repletas de un groove muy pesado, donde da la impresión que los chicos se han dejado su metal más arrastrado para este último corte. En corto es un metal arrastrado, de voces agónicas y mucho doble bombo. Un cierre que profundiza en su cara más mísera y desesperada.
“While Everything Collapses” recoge el guante del anterior “Shadows In The Abyss” (reseña), reincidiendo en su death melódico directo y orgánico. Un disco breve, sin más florituras que las necesarias, bien escrito y planteado, que si bien no me conquista en su totalidad, creo sigue mostrando a una banda en clara la línea ascendente.
Noche diferente a lo que estamos acostumbrados en H.M.B. la que disfrutamos el pasado sábado 28 de febrero. El itinerante Festival XXL Grunge Is Not Dead, orientado al recuerdo de las bandas más icónicas del grunge como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice In Chains y la licencia de incluir a los postreros Foo Fighters, se acercaba a la Acapulco de Gijón. Así que apostamos por palpar de primera mano la respuesta que ofrece el público a los eventos protagonizados por las habitualmente denostadas bandas tributo. No es la primera vez que tocamos el tema en la web, por esta página han pasado Ritual, Kiss Experience o Mártires del Rock & Roll en un contexto completamente diferente. Era el momento de captar hasta donde puede llegar un festival de estas características en una de las salas más activas de la región, y comparar su poder de convocatoria respecto a nombres del calibre de Vandenberg, Tim «Ripper» Owens o bandas de calado en la escena asturiana.
De primeras llama la atención la extensa cola que rodea la entrada a la sala. El plantel formado por The Rooster Projet para la encarnación de Alice In Chains, Black Hole Jam que doblarían esfuerzos en su interpretación de los temas más representativos de Soundgarden y Pearl Jam, unidos a Foo Fakers que darían vida a la banda de Dave Grohl y Radiobleach para rendir pleitesía a Nirvana, demostraron que el tirón entre los nostálgicos de las bandas nacidas en Seattle allá por los noventa era más que notable.
Abrió la velada The Rooster Project para retrotraernos a los Alice In Chains del malogrado Layne Staley. Da igual que las caracterizaciones de los integrantes de la banda no busquen mucha similitud con la formación original, el público solamente quiere volver a escuchar las canciones que marcaron la trayectoria de la banda más cercana al metal del movimiento grunge. Set corto el suyo que contó con la aprobación del respetable.
Black Hole Jam, acusaron varios problemas técnicos que arruinaron el ritmo de su actuación. Pausas que convirtieron su set dual que mutaba de Soudgarden a Pearl Jam según avanzaba su tiempo en una montaña rusa, evitando una conexión completa con el público prácticamente hasta su despedida con «Even Flow«.
La sala presentaba el aspecto que deseamos para los eventos que normalmente cubre un medio como este en la Acapulco y resto de locales del rango en Asturias. Una venta de tickets más que notable y un público que no dudaría a estas alturas del festival en bailar y corear los temas que han llevado a Foo Fighters a ser una de las grandes bandas de rock de este siglo. Se estaba labrando una clara victoria en nuestra comparativa.
El colofón a la noche lo pondrían Radiobleach y su recreación de Nirvana. Aquí pudimos ver la única caracterización de la velada. Un Kurt Cobain al que muchos agradecieron poses y gestos en una interpretación que buscó buen número de tangencias con el finado vocalista. La asistencia lo disfrutó sin filtro, una valla se fue al suelo, otras fueron maltratadas, pogos, incluso un «wall of death» para un público que llevó al climax su espíritu «grunchero».
No reconocí rostros asiduos a conciertos de nuestra escena, algún infante si que había (agradecer a esos papás y mamás que apuestan por dar una cultura musical de calidad a sus niños). Que esta oferta musical está orientada a una determinada audiencia, pues si, que la propuesta es económicamente más satisfactoria para las salas que un concierto al uso, probablemente también, que no entra dentro de tus gustos musicales, siempre muy respetable.
Recuerda que solo eres una de las múltiples variables de la ecuación y sin duda tendrás la última palabra. Quédate en casa, otros para bien o para mal, lo disfrutarán por ti.
Apenas 20 días para que la leyenda teutona RAGE, el «Martillo de Herne», recale en nuestros escenarios. Inmersos en la gira «A New World Rising Tour 2026» la apuesta del Lion Rock Fest y Z! On Tourdespacha sus himnos atemporales acompañados por la formación hard rock setentera ROOK ROAD y los postapocalípticos WASTELAND CLAN, liderados por la carismática Jessabell Blake.
17 de marzo –Razzmatazz 2 (Barcelona) Apertura 18 horas | RAGE 21 horas
18 de marzo –Sala López (Zaragoza) Apertura 18 horas | RAGE 20:30 horas
19 de marzo – Andén 56 (Burgos) Apertura 19 horas | RAGE 21:30 horas
20 de marzo – ReviLive (Madrid) Apertura 19 horas | RAGE 21:30 horas
21 de marzo – Santana (Bilbao) Apertura 19 horas | RAGE 21:30 horas
“Five Friends Floating”. Aitor, Bjorn, Hugo, Iñigo y Josu. Quaoar están de vuelta tras una década en barbecho. En sus propias palabras, este es su trabajo “más personal y elaborado”. Un álbum cuya grabación arrancó allá por 2020 en los estudios Tio Pete & Beardstudios Estudios por Borja Muro, Javier Peña y José Lastra. Unas labores que no finalizaron hasta el pasado 2025. Todo el diseño artístico es obra de Pasquale Mattia Gelorini.
“Dreamers. Dreaming” no podría haberse llamado de otro modo. En efecto hay un destilado casi onírico de su habitual rock alternativo. Un brillo cercano a ciertos momentos de los Pain Of Salvation más recientes. Además, como si de una buena película se tratase, prefiere sugerir a mostrar y que sea el oyente quien interprete por sí mismo. Ya va dando pistas, además, de la buena producción de la que hace gala todo “Five Friends Floating”, dejando la impresión de que estas canciones han sido pensadas y repensadas una vez tras otra. Que nada ha sido dejado al azar.
Para cuando emerge “In My Head” apenas hemos hecho un raspón en la superficie del álbum. Iñigo, y en particular sus (privilegiadas) cuerdas vocales, parecen en tanto o mejor estado de forma que cuando registraran aquél “Dreamers. Dreaming” (precisamente) hace ahora más de una década. El filo, esto es, las guitarras, siguen brillando en la conocida colisión entre post grunge y alternativo que les había venido definiendo. Se va más allá de los ocho minutos y, sin embargo, cuando arranca da la impresión de no tener un segundo que perder. Las estrofas riman con el espíritu más leve del primer corte. Por contra, los estribillos nos propulsan hacia la versión más acerada y vibrante de la banda. ¿Lo que más me agrada? La forma en que han construido los diversos engarces entre unas y otros. Hay un vértigo casi progresivo a veces. La labor de Hugo y Josu en guitarras, es estupenda. Las voces de ese puente central. Los riffs tan rotundos de después, así como el modo en que crepita el bajo de Aitor. Un corte de esos que bien merecen una pasada, dos, tres o las que sean hasta poder desentrañar cada uno de sus entresijos. Quizá merecía otro final que no ese agonizante fade out. Temazo de todas formas.
Bjorn marca el paso para una “Irrelevance” donde parece surgir el lado más grunge de los bilbaínos. Menos intrincada, más directa, conecta con un rock muy orgánico, con Iñigo, de nuevo, haciendo lo que quiere, cuando quiere, como quiere y donde le da la gana con su línea de voz. A su lado convive otra buena gama riffera de la pareja Hugo y Josu. Un corte algo más terrenal en estrofas pero con un fluir muy particular en estribillos. Por ahí, casi un negativo de la anterior “In My Head”. Estupendo el solo que habrá de anteceder al epílogo. De esos que uno tanto echa de menos en estos tiempos que corren. Nunca se conducen por el camino recto. Pero es que incluso cuando lo hacen, queda cierta sensación de disconformidad con el estándar pre establecido. Y es esto lo que les hace especiales. Que esa ambición por transgredir no termine por construir cortes contra intuitivos o sin alma. Más bien al contrario.
La más pequeña “Oblivion” podría parecer, a priori, la más elemental de estas seis entregas. Y lo parece hasta que irrumpen las primeras estrofas. Ese tono de nuevo onírico, que arrulla sin adormecer, arrojando al oyente hacia los Quaoar más alternativos. Y de ahí, a la más enfocada hacia el puro derroche técnico. Toda la sección solista de ese tronco central, tanto en lo referente al trabajo de guitarra como a la base rítmica en que se apoya (ojo a la línea de batería de Bjorn) me parecen estupendas. También el epílogo, por escueto que este sea. Menos es más, que decía aquél.
El tema título “Five Friends Floating” puede ser lo más auto referencial que esta banda haya registrado jamás. Salta a la vista con solo echar un ojo al aspecto lírico. En lo musical, particularmente en su largo prólogo, se sitúa en un páramo indeterminado, a medio camino entre los Nirvana más tranquilos y los Porcupine Tree pre “In Absentia”. Desde ahí construyen un corte de una fortísima (e irresistible) personalidad. Dejando bien claro, y no sé cuántas veces van ya si hablamos de ellos, cuán libres se sienten al enfrentarse al temido papel en blanco. Inigo vuela altísimo en esta quinta entrega. Su desgarro en el epílogo pone la piel de gallina. Alrededor suyo, Hugo y Josu dan una lección en versatilidad. La producción y mezcla es de un equilibrio casi total. Nada falta ni sobra. El solo final, quebrado de forma casi dramática, se me antoja la guinda perfecta. Otra de mis favoritas y merecida carta de presentación del álbum al que da nombre.
Para el cierre queda “As Above, So Below (New House, pt. 1)”, construida desde el arranque más timorato, en cuanto a garra, de todo el álbum. Pero que el prólogo sea un pequeño oasis de calma no implica que este último corte le falte colmillo. Al contrario. Llegan en calma los primeros versos de Iñigo, de nuevo en ese tono cristalino y onírico que ha ido yendo y viniendo a lo largo del disco. Después esas primeras estrofas se acompañan de hábiles (y muy pintones) dibujos de guitarra. Ahí me agrada la construcción de esas estrofas primero, el modo en que las guitarras se doblan después. El nombre de Porcupine Tree vuelve a ratos a mi subconsciente. El bajo de Aitor ruge aquí como nunca. Es otra composición laberíntica donde, sin embargo, la banda da la sensación de estar del todo cómoda. Algo que, presumo, no debe de ser nada fácil. El epílogo, ahí donde aflora el feeling con ese deje más melancólico, y el modo en que Iñigo va interpretando esos últimos versos, es sencillamente magnífico. Me parece de lo mejor que hayan registrado los chicos jamás. Esperando ya esa pt. 2…
El disco no llega siquiera a los cuarenta minutos y, sin embargo, cuántas y cuan buenas ideas caben aquí dentro. Lo dejaron cuando pensaba que eran uno de los secretos mejor guardados de nuestro rock and roll y han vuelto dando razones a quienes creíamos en ellos. “Five Friends Floating” parece seguir allí mismo donde lo dejara su anterior obra, dando la impresión de que, para ellos, hay todo un mundo por explorar ahí fuera. El sentimiento bulle y late como nunca. De manera muy marcada, de hecho, en ese último epílogo. Obra desgarrada a la par que onírica, tan arrimada a la cotidianidad del ser humano como a sus sueños y anhelos. Equilibrada y concisa, cocinada a fuego lento y donde queda la sensación de que Quaoar se encuentran en mejor forma que nunca. Qué bueno que volvisteis.
Apenas un año y medio después de su anterior paso por MadridThe Hives retornaban a la capital para defender una nueva obra de estudio y su estatus como icono de la resurrección del garaje rock a través de una nueva incendiaria interpretación en vivo. Decibelios, sudor, imagen y buenas canciones volvieron a formar un póquer imbatible en las manos del combo sueco.
No necesitaron grandes alardes en lo ornamental. Apenas cinco globos suspendidos en el escenario formando el nombre de la banda y varias tarimas por las que Pelle Almqvist y los suyos saltaron y posaron para disfrute de la audiencia y los fotógrafos más avezados. Estéticamente más de lo mismo, sus habituales y luminosos trajes de faena, guitarras que parecen llevar una eternidad en sus manos a la vista de su deterioro para volver a colmar todas las expectativas a las 4.000 almas congregadas en el Movistar Arena.
Saben como ganar el favor de su gente. Tampoco requiere mucho esfuerzo ya que el público está muy por la labor además si te diriges en un más que correcto castellano, tienes mucho ganado y más si la bienvenida por parte de Pelle es “madrileñas, madrileños, gatas, gatos, la cerveza caliente no es buena” no queda si no rendirse, imbatible de por sí.
Camino de las tres décadas de trayectoria lejos de acomodarse siguen apostando por factores que controlan perfectamente. Provocación, contundencia y teatralidad como santo y seña, a la vez que suman al repertorio cinco temas de su nuevo disco “The Hives Forever Forever The Hives”. Si hay que resumirlo a una palabra, esa sería sin duda, fiabilidad. No por esperada es menos disfrutona la petrificación de la formación en “Paint A Picture” o el baño de masas de Pelle entre el público. Son parte de una homilía que sigue funcionando a la que muchos se atreven a denominan la mejor banda de directo del mundo.
Pocas sombras arrojó su show madrileño, quizás los diez minutos que alcanzó “Tick Tick Boom” para presentar a la banda fueron algo excesivo o los soliloquios con los que el pequeño de los Almqvist rompía por momentos el ritmo del show que apenas cruzó la frontera de los 90 minutos. Poco importa, se saben ganadores, los reyes del garaje punk moderno como refleja la portada de su nuevo trabajo discográfico.
Tan enérgicos como previsibles, su honesto intento de reinvención es tan divertido como irregular. The Hives tratan de surcar el inevitable choque generacional a base de una característica experiencia visual, actitud y nuevas canciones que aportan frescura a un setlist plagado de himnos. Musicalmente irreprochables, de nuevo se llevaron la aprobación de sus parroquianos.
La fórmula funciona, vaya que si. Tiene tiempo pero no parece tener fecha de caducidad. Han trasladado a los grandes recintos una receta que maravillaba en sala, con un Pelle Almqvist como punto focal y maestro de ceremonias que no ceja en su empeño por conectar, guiar y engatusar a la audiencia a través de la insolencia y la provocación en su justa medida. Hay que vivir la experiencia The Hives al menos una vez para comprender como consiguen rendir a sus pies a distintas generaciones. Jóvenes ávidos de nuevas experiencias y veteranos acomodados con el menú ofertado. Un nuevo concierto para ellos con los estándares de calidad cumplidos para refrendar la bienvenida dispensada a la audiencia al inicio del show. ¡We are The Hives, your new favorite band!
Route Resurrection nos trae la triple despedida de Megadeth de nuestros escenarios. La icónica formación capitaneada por Dave Mustaine pondrá punto final a una trayectoria intachable tras 43 años como referencia del thrash metal mundial con conciertos en Valencia, A Coruña y Bilbao en el mes de mayo.
La gira mundial calificada como «The Farewell Tour» servirá además como presentación de su notable última obra de estudio recién publicada y que pondrá el broche de oro a una discografía legendaria.