El patio de la histórica universidad laboral gijonesa acogerán este verano el ciclo de conciertos denominado Los Conciertos del Patioh!. Entre los meses de junio a septiembre con la organización de El Dromedario Records, FranelRock Producciones y la cafeteríaEl Patioh! desfilarán artistas reconocidos nacionales y se dará visibilidad a bandas asturianas.
Bandas de rock asturianas como Muñeco Vudú y Baja California compartirán tablas con la gira 30º aniversario de Sôber, Savia y Skizoo, con un clásico en nuestros escenarios como es El Drogas, los madrileños Sex Museum, Ciclonautas, Despistaos o Cobardes en una oferta musical suficientemente atractiva para atraer al histórico espacio a público de las diferentes variantes del pop, rock, punk y metal. Entradas disponibles a partir de mañana martes 14 de mayo en Enterticket.
“Black Rose”, es el quinto y nuevo trabajo instrumental del guitarrista cordobés José Rubio. Un álbum grabado, mezclado y masterizado por el propio músico en los Meigasound Studios, a excepción hecha de las baterías del ex SaratogaAndy C., que vinieron al mundo en los KV62 de la capital del estado. Junto al mencionado batería completan la nómina de participantes José Rubio Jr. también en baterías, Celso Grande y Zoraida Vidal en teclas y Galilea Rubio al bajo. El álbum vio la luz en noviembre del pasado 2023 vía Demons Records.
La elegante calma que inunda el prólogo de “Black Rose” bien podría funcionar como bienvenida de algún disco de power melódico al uso europeo. Me agrada el crescendo que Rubio plantea aquí. La calma que irrumpe tras el mentado prólogo y ese viraje hacia territorios shred a la vez más potentes y reconocibles. Buenos cambios de ritmo adornan la composición mientras el granadino desarrolla todo su buen hacer a las seis cuerdas. Siempre sin olvidarse de trazar un corte atractivo ya desde el papel. Y es que me agrada la forma en que conjuga las partes más reposadas con las más intensas. Soleando sin abusar y manejándose siempre en el territorio del buen gusto. Los fans del metal más convencional se verán igualmente recompensados como ese pulso más power que emerge en su tercio final. Surge ahí el Rubio más heróico, al tiempo que la producción echa el resto en lo que a pegada se refiere. Un gran arranque.
Pianos para la entrada casi misteriosa de “Ghost In The Shadow”. Rubio acompaña en rasgueos que me recuerdan al Alberto Cereijo más liviano al tiempo que construye un prólogo de nuevo elegante y distinguido. El ex WarCry quiebra después esa calma y reconduce hacia un hard / heavy tan firme como clásico. Por trazo, es verdad, no alcanza a sorprender en la forma en que lo hizo el tema título. No obstante, Rubio está más que inspirado a lo largo de la serie de solos que vendrá a disponer aquí. También en cuanto a riffs. Incluso se reserva pequeñas pausas cuyo leitmotiv no parece ser otro que el directo. Y sí, su faceta más puramente guitar hero inunda un tercio final que haría las delicias de todo buen fan de Vinnie Moore. Echo en falta que aquél tono mistérico del prólogo no regrese a la composición en algún momento pero con eso y con todo un corte que disfruto en buena medida.
“The Crow” presentó al disco en sociedad allá por el 31 de octubre. Es otro corte de arranque misterioso y apaciguado, que más tarde virará hacia un hard algo chulesco y que finalmente desarrolla al Rubio más versátil. Aquí cobrará vital importancia una producción que viene a acentuar la vertiente más abiertamente metálica de este “Black Rose”. O a ofrecer el debido apoyo a ese pulso más groove que va y viene a lo largo de la composición. Acierta Rubio aquí a la hora de conjugar los diversos tonos y colores. Y si bien este sigue siendo el disco de un guitarrista, es apreciable la forma en que ha entregado un corte que, aun en su naturaleza instrumental, resuena a esfuerzo colectivo. En gran parte por vivir de algo más que puros guitarrazos. De hecho hay aquí una estupenda línea de batería y un notable trabajo en cuanto a arreglos y producción. Otra de mis favoritas.
“Tears”, una vez más, arrancará desde la más pura calma. De hecho el prólogo, que irá yendo y viniendo a lo largo del corte, me ha recordado a El Altar Del Holocausto, por extraño que pueda parecer. El caso es que Rubio y al contrario que en cortes precedentes, construye desde esa calma una balada puede que menos sorprendente que otros cortes de este “Black Rose”, en gran parte por una duración, tres minutos y medio, algo escueta.
“Piece Of My Soul” rompe con los prólogos tranquilos y sosegados para ofrecer desde el primer segundo la cara más desenfadada y vibrante de un José Rubio que parece disfrutar como niño con juguetes nuevos al tiempo que evoca a los grandes próceres de las seis cuerdas. El riff que sitúa aquí el granadino puede ser fácilmente el más ganchero de todo el disco. Y si bien por construcción y salvo pequeños insertos del bajo Galilea Rubio, resulta menos laberíntica y algo más predecible que otras ofertas semejantes, lo cierto es que mentiría si dijese que no ha sido este el tema que más vueltas ha estado dando por mi cabeza los últimos días.
“The Jacket Over The Grave” parece imbuida del espíritu del mejor Gary Moore. Algo que ya de por sí sería excusa suficiente como para acercarse a esta penúltima entrega del disco. Y si bien Rubio ni es Moore ni lo pretende tampoco, que los paralelismos están ahí resulta, pienso, innegable. Conecto aquí con ese puente desnudo de toda base rítmica y la forma en que la composición irá reconduciendo hacia ese páramo más intenso y encendido del epílogo. Siempre sin traicionar el propio espíritu melancólico y desgastado que el corte arrastra desde el prólogo y logrando por ahí erigirse como otro de los grandes triunfos de este nuevo trabajo.
“Zero”, corte final de “Black Rose” y a la vez entrega más extensa del álbum, diez minutos de nada, se construye desde un prólogo a ratos laberíntico donde la influencia de un tal John Petrucci resulta más que evidente. Quizá no tanta la de los propios Dream Theater o ni siquiera Liquid Tension Experiment, sino más bien los propios discos en solitario del nacido en Kings Park. Hay una fabulosa línea de batería sobre la cual Rubio desarrollará su vertiente más abiertamente progresiva, sin olvidar ni la intensidad del metal más directo ni los arreglos del más pomposo. Más adelante el corte vendrá a recorrer por terrenos más decididamente heavies, a un tiempo derrochando solos de calidad y al otro dejando espacio para el brillo del resto de músicos implicados en la grabación. Hay algo del Vai más loco en la serie de solos que finiquita al puente, seguida por un Rubio que recupera su faceta más shred, y cerrada por las teclas más teatrales del disco. Y mientras que el epílogo nos devuelve al Rubio más a la Petrucci, no puedo evitar pensar que difícilmente te harás con un corte como este en una primera escucha. Exige, sin imponer, toda nuestra atención. Y la recompensa con un trazo ágil, unas ejecuciones a gran nivel y una factura difícilmente reprochable. Un gran cierre.
Para quienes tenemos el talento musical de un zapato, la tarea de composición de obras como esta vive rodeada de una cierta intangibilidad. De misterio incluso. Rubio ha trazado un álbum hábil a la hora de deslizar sus muchas (y pienso que evidentes) influencias sin que estas alcancen nunca a emborronar unas composiciones donde sigue muy presente la personalidad, a tenor de lo oído más diversa que nunca, del músico granadino. De hecho músicos y fans más avezados en guitarristas de todo pelaje que servidor a buen seguro descifrarán muchos nombres más allá de los recurrentes Vai, Satriani, los dos Moore o Petrucci que han acudido prestos a mi subconsciente a través de las distintas escuchas a este más que interesante “Black Rose”. Como digo diverso y a la vez coherente. Bien adornado, mejor producido y cuya mayor pega, para muchos, será su propia naturaleza instrumental. Al resto, buena caza.
Si el metal es para quien lo trabaja, desde luego que a los clásicos valencianos Zarpa les corresponde una importante porción del pastel. Formados allá por finales de los setenta en Mislata, la suya ha sido una trayectoria algo a la sombra de los grandes nombres que surgirían en la siguiente década pero siempre fiel a las férreas convicciones del rock duro. Ya con el guitarra y voz Vicente Feijóo como único miembro superviviente de la formación original, completan el line up a día de escribirse estas líneas el bajista Vicente Romero, el batería Miquel Alejandro y el guitarra Marcos Sáez.
El álbum fue grabado a caballo entre los propios estudios de Feijóo y los Fireworks de Masanassa, en Valencia, con Fernado Asénsi y Quique Mompó como técnicos de sonido. Fernando Asénsi correría posteriormente con las obligadas tareas de mezcla y masterización de una decena de temas que han visto la luz, vía Demons Records, adornados por el arte de David Marqués. En la calle desde noviembre del pasado 2023.
Sea algo buscado o no, lo cierto es que “Dioses Del Metal” llama la atención con su sonido deliberadamente sucio y desgastado. Sobre él Zarpa dibujan un heavy metal de la vieja escuela que pronto toma posiciones en torno a una escritura firmemente anclada en una onda muy JudasPriest. El propio aspecto lírico de este primer corte arrambla con un espíritu orgullosamente estatal, que recuerda a lo más granado del rock duro español de los ochenta. Feijóo declama potente mientras plantea una serie de riffs que, ya digo, evidencian una fuerte querencia por la banda de Tipton y Downing. Quizá el solo de guitarra parta peras con el legado de la banda británica. Gustos individuales al margen, tiene mérito parir temas como este tras más de cuarenta años en la carretera. Por más que a ratos me chirríe la letra o se le vean las costuras en cuanto a escritura.
El tema título “999”, entrega curiosamente más rácana de las diez en lo que a duración se refiere, renueva el ideario a fuerza de entregar unas estrofas de marcado aire marcial. Incluso diría que Feijóo se encuentra mucho más cómodo sobre ellas, disponiendo aquí de su registro más rugoso y a la vez aquilatado. Sí, su escaso recorrido temporal redunda en una escritura un tanto predecible a ratos, coronada sin embargo por un solo de guitarra más que notable, protagonista final de este algo desigual segundo corte.
“El Ogro” se eleva frente al par de entregas previas a base de inundarse de una atmósfera más recargada, donde cobra especial protagonismo un aspecto ornamental, nunca abusivo, que acompaña al estupendo riff que Feijóo y Sáez han dibujado para este tercer tema. Orgulloso de su raíz clásica, empastado con gusto entre las diferentes estrofas y engrandecido por la mayor presencia del bajo de Romero. Presencia, por cierto, que echo en falta en otros momentos del álbum. Por contra, y siento si soy pesado con esto, otro solo que bien merecía una porción mayor de espacio.
Ese que dibujan durante el prólogo de “A Un Millón De Años” puede ser fácilmente mi riff favorito de todo “999”. Tras él Zarpa dibujan un corte que, sin salirse de las férreas correas que sujetan al tracklist, ofrece una cara más oscura. En ella Feijóo, sesenta y cinco años le contemplan, vuelve a mostrarse ágil. Certero incluso. Sorprende además el estribillo por el que opta aquí. Resulta luminoso al punto de dar la impresión de ser el contrapunto de las diferentes estrofas, que no el acento de estas. Una dualidad sobre la que se construye un corte llamativo, eficaz, agradable.
No sería un disco de Zarpa sin algo como “El Heavy Es Mi Destino”. Corte de pura reafirmación rockera, tantas veces visto y oído dentro del género, pero que a la luz de los acontecimientos, tanto con esta banda como con otras, tanto tirón sigue teniendo dentro de la parroquia. En lo musical funciona mientras traza buenos cambios de ritmo, un nivel técnico más que apreciable, solo de guitarra a la cabeza, y esa sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.
Pero, qué duda cabe, conecto en mayor medida con algo como “Reinos De Miseria”. En una onda esta vez más cercana al Dio más elegante, valga la redundancia, se aprecia aquí al Feijóo más diverso de todo “999”, elevándose desde esos tonos bajos del comienzo hasta los gorgoritos más altos con toneladas de actitud y también de clase. Medio tiempo de regusto clásico, adornado con gusto y donde se hace fuerte, más que nunca, la buena producción de la que disfruta el álbum, que gana en brillantez sin tampoco abandonar aquella mayor rugosidad que ofreciera “Dioses Del Metal”.
Y si “Reinos De Miseria” destilaba elegancia o “El Heavy Es Mi Destino” era puro heavy metal, “En Pie De Guerra” ofrece ahora a los Zarpa más gruesos y arrastrados. Su riff, por sencillo, tiene un gancho de mil demonios. Y mientras sus voces, que diría pertenecen al bajista Vicente Romero, pueden ser fácilmente las más graves de todo el álbum, no deja de sorprenderme ese solo de puro heavy metal que la banda dispone en su tercio final. Coros poderosos y otra de las entregas más reconocibles y distinguibles del tracklist.
“Exterminador” retoma orgullosa el libro de estilo de Judas Priest en general y “Rapid Fire” en particular, lo combina con un estribillo chulesco y lo remata con un aspecto lírico que, diferencia idiomática al margen, sin problemas habría podido firmar el mismísimo Rob Halford. Disfrutona si logras deshacerte de sus más que obvias influencias. Puro heavy metal.
La producción de “999” se anotará otro tanto gracias a “Fieras En La Noche”. No es un corte que me enamore pero aprecio su sonido distinguido del resto de cortes, la forma más apaciguada en que Feijóo afronta según qué estrofas e incluso la cierta extrañeza que habrá de preceder al solo de guitarra. Su corto desarrollo, ni tres minutos y medio, no ayuda en absoluto y hay ideas aquí dentro que bien merecían algo más espacio y presencia.
Engaña la final “Fuego Solar” con el deje sci-fi que porta en su prólogo, pues termina por reconducir hacia un heavy metal sencillo y directo, apoyado sobre el firme doble bombo de Miquel Alejandro y confeccionado sin dar media puntada fuera de los límites del género. A ratos desangelada, su estribillo no resulta ni mucho menos el más lúcido de este tracklist. Un cierre con el que me cuesta horrores conectar.
No seré tan necio de decir que el álbum se desinfla en su tramo final, pero qué duda cabe que los temas que más captan mi atención dentro de “999” se sitúan en la que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo. Zarpa, cuarenta y cinco años les contemplan, no están para experimentos. Y sin embargo ahí están el buen riff de “A Un Millón De Años” o la cuidada cadencia de “Reinos De Miseria”. “Exterminador” encandilará a sus fans de toda la vida y “En Pie De Guerra” dará argumentos a quienes piensen que esta banda aún tiene cosas por contar. Cuídate del zarpazo.
01 Inner Flame 02 Sons Of The Serpent 03 Marrow Of The Soul 04 The Architect 05 Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom 06 Beyond The Veil Part II: Necromancer 07 The Golden Crest (The Ritual, The Curse, The Path, The Light)
La grabación cuenta con mezcla de Javi Felez, guitarra en Graveyard, Balmog y Korgull The Exterminator, realizadas en los Moontower Studios (Balmog, Altarage, Crisix…). El proceso de masterizado a tenido lugar en Orgone Studios por Jaime Gómez Arellano (Ghost, Opeth, Behemoth, Solstafir….). La preventa arrancará a finales de este mismo mes de abril y el primer tema de adelanto llegará en mayo.
Presentado por todo lo alto en Gijón mediado el mes de marzo (crónica), “Electricidad” trae de vuelta a los chicos de Baja California seis años más tarde de aquél “Horizontes” de 2018. Han intervenido en este nuevo trabajo Manu Roz en voces, Javi Monge y Aarón Galindo en guitarras, Javi Hernández “Cete” en bajo, Pablo Viña en baterías y Marco A. Guardado en percusiones. Producido por el propio Viña en conjunción con Dani Sevillano, los nueve cortes que componen este tercer largo de los asturianos fueron grabados a caballo entre Piedramuñiz y el Ovni Estudio para ser posteriormente masterizados por Brad Backwood de Euphonic Masters. Con fotos y diseño de Tigre Limón y Laura Estrada, ha sido editado por El Dromedario Records.
Arranca “Caída Libre” haciendo honores a su propio nombre. Baja California despliegan un hard plagado de buenas maneras y mejores ideas. Las más en lo tocante al fino trabajo de producción, pero también a unas líneas de guitarra repletas de detalles. Por contra, he de admitir que no me conquista el sonido de la caja durante este primer corte. Pero Manu Roz vuelve a descolgarse como un frontman de gran clase. Sin grandes excesos ni mayores alardes, sabiendo mostrarse ágil dentro de la cierta contención con la que afronta las distintas estrofas. Una escritura menos plana de lo esperado y el buen solo de su tronco central rematan un arranque breve, de hecho el más rácano de todo “Electricidad«, pero de lo más eficaz.
“Tiempo Suicida”, por su parte, se mueve en ritmos más pesados y también chulescos. “No hay más vida que enseñarme a morir” declama Roz sobre alguno de mis riffs favoritos de todo el álbum, acompañado con gusto por unos coros cristalinos a la par que potentes. Aquí sale a relucir, claro, la buena producción que portan estas canciones. El empaque que da ahora “Cete” desde las cuatro cuerdas, el deje más alucinado que aportan las voces filtradas de Roz o la inteligente construcción del solo y lo muy juguetón del epílogo terminan por conformar una de las ofertas más redondas de todo el largo.
El tema título “Electricidad” lo hace todo por devolvernos a Baja California en su encarnación más febril en una composición que me recuerda a los Uzzhuaïa más vibrantes. Aquellos de cortes como el poderoso “Desde Septiembre” del eternamente reivindicable “Destino Perdición” de 2008. Aquí, claro, sobresale Viña tras los parches, mientras que las guitarras de Monge y Galindo juegan a encontrarse sobre unos riffs lo suficientemente hábiles como para no palidecer ante la mayor vibración que desprende la banda aquí. Hábiles desde luego a la hora de alimentar a estos Baja en su versión más adrenalítica. Fenomenal sección solista, por cierto.
Así las cosas, “Dueños De La Noche” nos regresa a la banda en una piel mucho más apaciguada que termina por revertir en uno de los cortes con más gancho de todo “Electricidad”. El talk box le da a la línea de guitarra un inequívoco sabor a Richie Sambora y, desde luego, los coros que acompañan al estribillo no podrían recordar más al hard de los ochenta en general y a los mejores Bon Jovi en particular. En el debe lo predecible que resulta a ratos. Single adelanto para lo bueno y también para lo malo.
Sobresale “El Mago” por el exquisito cuidado con el que Monge y Galindo han trazado sus correspondientes líneas de guitarra, por el tratamiento que la producción otorga a la voz de Roz y diría incluso que por el aspecto lírico de la misma. Sus contrapuntos entre estrofas y estribillos no podrían estar más conseguidos ni el cierto aroma a The Cult que desprende a veces resultar más irresistible. La estupenda línea de batería remata otra de las composiciones que, al menos en lo que a servidor concierne, más han ido ganando con las sucesivas re escuchas del álbum.
“Indomable” opta por un avanzar más arrastrado en estrofas, que culmina en otro de esos estribillos a coro tan pegadizos, tan marca de la casa. Me agrada la desnudez que muestran algunas estrofas, la mayor vehemencia de Roz tras el micro y, si bien vuelve a resultar uno de esos trazos fácilmente predecibles, lo cierto es no deja de ser un corte con gancho y pegada, rematado por otra estupenda sección solista en anticipo del epílogo. Más pasional que cerebral.
“A66”, quiero pensar que en referencia a la autovía que cubre el trayecto entre las ciudades de Gijón y Sevilla, le sirve a Baja California para entregar ahora su cara más equilibrada. Sus riffs dibujan un deje más sureño. Leve, sí, pero lo suficiente como para, por ahí, disociar a este corte del resto de composiciones dentro del disco. Su letra, sí, puede resultar algo recurrente y/o dejar cierta sensación de déjà vu. Incluso siento los solos algo por debajo de la media de casi todos los que pueblan el álbum. Sí me agrada, por contra, el mayor nervio que el corte adquiere camino del epílogo. A la contra de “El Mago”, una canción que se me ha ido desinflado con las distintas vueltas al CD.
Todo lo contrario que “Grita”, quizá porque en el fondo resulta una composición algo diferente para ellos. Por lo ágil y diverso de su construcción. También por esas guitarras más potentes y por el fino, finísimo trabajo de producción que ésta ofrece, particularmente en estribillos. El crescendo que conduce hasta los solos de guitarra está tejido con las dosis justas de gusto y precisión. Y finalmente, el aseado epílogo termina por redondear otro corte de esos que levantan el ánimo de cualquiera. Fíjate que este tipo de letras me suelen dar urticaria y, por alguna razón, no llega a ser el caso aquí. Algo tendrá.
El cierre es para “20 Monedas”, composición más extensa del álbum y un corte con un inicio sin rima alguna con cualquier homólogo dentro del tracklist. Ahí aparece Roz casi desde las profundidades para acompañar otro trazo que viene a mostrar la cara más chulesca de los asturianos. La estrofa….
Dónde se esconden los locos
que hilan canciones para ocultar
que ayer el asfalto venció a Superman
el hombre de acero ha olvidado como pelear
puede ser fácilmente mi favorita de las muchas que pueblan este “Electricidad”. Vitalista a su manera, bien trenzada, con Roz, ahora sí, en tonos muy altos y desde luego eficaz a la hora de cerrar este tercer trabajo con un cierto toque de distinción y elegancia sin por ello abandonar el pulso más decididamente hard rockero. Gran broche.
Los chicos tienen motivos más que de sobra para estar satisfechos. Hay canciones aquí dentro que apuntan a fijas en sus setlists durante largo tiempo. De algunas ya pudimos comprobar su efectividad sobre las tablas de la Acapulco el pasado dieciséis de marzo. Por contra, cierto es que el álbum no alcanza siquiera los cuarenta minutos, algo extraño en estos tiempos de trabajos maratonianos o directamente interminables. Echo en falta de igual modo un corte con la profundidad y casi diría el corazón de la fenomenal “Años Atrás”, pero con eso y con todo, cortes como “Caída Libre”, “El Mago” o “Tiempo Suicida” me parecen de lo más disfrutables. A seguir por esa senda.
Sorprendieron a propios y extraños a su paso por el Kuivi PopUp allá por el verano de 2022 (crónica) y vuelven ahora con nuevo trabajo bajo el brazo. Vienen del País Vasco, se hacen llamar Elizabeltz y en su seno encontramos a “Anarkangela y los señores de la plaga roja”. Ekaitz Garmendia se encargó de grabar este “Alabaren” en los Blackstormstudios, que contó con Jon Fonda para el apartado fotográfico y ha visto la luz vía On Fire Records.
“Levitico 15” emerge desde las profundidades cual criatura abisal mientras recubre su enrevesada estructura de una potente carga sinfónica y atmosférica. Hay riffs muy simples aquí, colisionando con secciones más retorcidas y casi dementes. La peculiaridad que les otorga el cantar en euskera, la colisión entre géneros de la que hacen gala y una serie casi inacabable de influencias se dan cita en un primer corte que he aprendido a apreciar sólo con el correr de las distintas escuchas. Los más clásicos apreciarán la mayor elegancia que dibujan en su tronco central, así como el cuidado solo que lo remata. Un arranque que ya deja pistas de la propia y peculiar idiosincrasia del álbum.
Ghost aparecen citados de manera explícita en el kit de prensa que nos ha hecho llegar la buena gente de On Fire Records y ciertamente “Amaon” carga con influencias fácilmente asimilables a discos como “Opus Eponymous” o “Infestissumam”. Hay una cierta oscuridad, compensada no obstante por una escritura más directa, huérfana de aquél mayor retorcimiento del que hiciera gala el tema apertura, hábil a la hora de descubrir el lado más clásico de Elizabeltz. Blue Öyster Cult podría ser una rima recurrente en ciertos momentos. También Coven, toda vez el corte transita hacia una mayor intensidad en su tronco central. Estupendo el solo que colocan aquí y la forma en que termina imbuido del propio espíritu de la composición y sale, finalmente, victorioso ante la adversidad. Menor riesgo, mayor solidez. Un temazo si me preguntan.
Me gusta “Mantra Berri” con ese avanzar casi marcial que propone y los ágiles dibujos melódicos de su prólogo. Elizabeltz discurren después hacia un metal más nervudo, coronado por alguna de las voces más graves de todo “Alabaren”. Surge ahí un interesante contrapunto con unos estribillos más ligeros, aunque igualmente dramáticos. Pegadizos, no os extrañe que os asalten al subconsciente a lo largo del día. A servidor le ha pasado. En su segunda mitad, Elizabeltz acometen un rock más alucinado, no quisiera decir que rozan la psicodelia, pero que desde luego descubre su cara más lisérgica:
Por eso quizá que sorprenda tanto algo como “Gabriel Ala Deabru”, con la banda derivando sin complejo alguno hacia el hard rock más acomodaticio. Al menos en lo que a su prólogo se refiere. Tras ese arranque que, sin ir más lejos, podría haber firmado un joven y lozano Bon Jovi, surge otro corte marca de la casa: tozudamente diverso, que vuelve a recordar en cierto modo a la banda de Tobias Forge y que guarda en su seno no pocos destellos de calidad. El principal, al menos en lo que a servidor respecta, es el gran trabajo llevado a cabo en lo que a voces se refiere. Tanto en las líneas principales, duales y a la vez solidarias, como en los coros que las acompañan.
“Kurtzio Udazkenean” quiebra ahora hacia tesituras más arcanas y misteriosas. Monacales incluso. Baste oír las llamativas estrofas y la levedad en que se apoyan. La mayor tensión de su tronco central, así como el alucinado arreglo de viento, siempre traen a King Crimson a mi subconsciente. Es un corte que se atreve a romper con la tónica del álbum. Si es que en “Alabaren” cabe cosa tal. La manera en que vuelve aquella primera línea de voz, apoyada ahora por tenues líneas de guitarra eléctrica, es magnífica. Un corte alejado de casi cualquier cosa que tenga que ver con el heavy metal pero que confirma a Elizabeltz como un ente despreocupado ante las barreras del género. Diferente, enfadará a unos en la misma medida en que fascine a otros tantos.
Así las cosas, “Zin” nos devuelve a la banda en su encarnación más vibrante y directa. Es el corte más rácano del tracklist, poco más de tres minutos y medio. Un híbrido entre ciertos ambientes que bien podrían recordar a Urge Overkill y el nervio proto-metálico de unos Blue Cheer. Construida, quiero pensar, con el directo en mente, deja entrever una estructura más clásica y acomodada, rota únicamente por lo alucinado, y nuevamente lisérgico, de su tronco central. El solo que disponen en el epílogo, resulta tan sorprendente y llamativo como otros tantos dentro del tracklist.
Algo más contemporánea resulta “Ergastula”, que aún sin abandonar el fuerte influjo clásico que rodea al disco, ofrece ahora un metal nervudo aunque igualmente dramático, donde oigo ecos que me recuerdan a los rockeros de Bergen Major Parkinson. Sin embargo resulta una composición más fácilmente digerible por audiencias como puedan ser la de esta misma página. Hay riffs e incluso estrofas que me recuerdan a los Borknagar más recientes. Pero si por algo destaca esta penúltima entrega es por la ardua labor en cuanto a solos y melodías de guitarra se refiere. Omnipresentes, dotan de un aura extraña tanto a estrofas como a estribillos. Una coctelera donde la banda exuda personalidad, por contradictorio que esto pueda parecer. Incluso cuando el corte supera su tronco central y acometen un mayor dramatismo, personificado en la prominente carga atmosférica, Elizabeltz siguen sonando orgullosos y personales.
“Hellend” pega el último giro de timón de “Alabaren” apostando por un prólogo cristalino y tranquilo, en cierta aunque lejana rima con unos Ulver del “Shadows Of The Sun”, para después moverse por unos territorios tenues y misteriosos, en cierto modo solidarios aunque nunca iguales a los que ya dibujaran en la anterior “Kurtzio Udazkenean”. Se produce no obstante aquí un último volantazo. Un último truco, al convertir la curiosa calma inicial en un hard rock acompasado, bellamente arreglado, que vuelve a apostar por un sonido clásico mientras las guitarras dibujan una melodía redonda por pegadiza. La buena dupla vocal del puente pero, sobre todo, la mayor grandiosidad que ofrece el epílogo, termina por rematar un desbordante broche final.
Un álbum muy agradecido de reseñar. Por la diversidad de sus composiciones pero sobre todo por su deslenguada variedad, los muchos nombres que irrumpen como influencia más o menos directa y también el buen sonido que entrega la producción de Ekaitz Garmendia. Justo cuando teníamos a Elizabeltz por una banda de directo, los vascos se destapan con un disco sugerente, ambicioso incluso, que pasa en un suspiro y presenta las huestes de Anarkangela rebosantes de atrevimiento y buenas ideas. Bienvenidos sean.
“While Passion Lasts” es el quinto trabajo ya para las huestes hard rockeras murcianas Hitten. La banda continúa así aquél magnífico “Triumph & Tragedy” de hace tres años con una formación que integra al italiano Alexx Panza en voces, Dani Meseguer y Johnny Lorca en guitarras y la base rítmica del bajista Satan y el batería Willy Medina. El quinteto, que tan buen sabor de boca dejara a su paso por el Rock Nalón de dos mil veintidós, ofrece esta vez nueve cortes más una introducción grabados en los Terror Twins Studios (bajos y guitarras por Marco Panzanaro), el Nebula Studio (voces) y finalmente los Aenima Studios (baterías por Pepe Marsilla). Las pistas resultantes serían posteriormente mezcladas en los Moontower Studios por el BalmogJavier Félez y masterizadas por el EclipseErik Mårtensson en los Mass Destruction Studios de su Suecia natal. Con arte de Marc Schoenbach y diseño de Monica Torasso y Dani Meseguer, el álbum vio la luz vía High Roller Recordsel pasado mes de noviembre.
Puede que la intro “Prelude To Passion” suene algo ajena a una banda como esta. Un tanto artificiosa y engolada. No obstante su pulso, literalmente hablando en este caso, nos conduce con prontitud y acecho al acostumbrado hard / heavy de los murcianos con renovadas energías. Es en el crescendo final cuando asoman las primeras guitarras y, al fin, se materializa una “While Passion Lasts” de inicio calmo, con Panza en tesituras amables que pronto tornarán a los tonos altos a los que nos tiene acostumbrados el turinés. Me agrada la construcción de estas estrofas. Ese crescendo tan clásico como bien resuelto, y la forma en que el bajo hace suyas las partes más calmas. Llegado el estribillo, el gancho de siempre parece seguir prendiendo con el ardor de antaño. La sección solista, primero heróica y después elegante, me resulta de lo más certera. También ese final más acendrado y metálico. Un arranque en la más pura tradición de la banda en particular y el hard en general.
Pero por si alguien echaba en falta algo más de nervio, “Blood From A Stone” viene para destapar a los Hitten más lindantes con el heavy metal de sus inicios. Una batería que gana peso y unas guitarras de una mayor gravedad colisionan en unas estrofas sencillas pero con un gancho de mil demonios. Composición directa y sin cortapisas. Firme Willy Medina con el doble bombo y otra melodía de voz, cortesía de Panza, con el buen gusto de siempre. Las buenas guitarras dobladas en el solo, el clásico riff en que se apoyan y ese patrón bombo caja tan recurrente y a la vez pegadizo. Corte además que pondrá de relieve el buen sonido que, en líneas generales, atraviesa a este nuevo trabajo. Particularmente llegada la hora de los distintos desarrollos solistas. Equilibrada, con gancho, gana una barbaridad con las sucesivas escuchas y desde luego da la razón a quien pensó en ella como anticipo de este nuevo álbum.
Y aunque en líneas generales “Mr. Know It All” no me funciona en la forma en que lo hacen sus dos predecesoras, sigue siendo una oferta en la que encuentro asideros suficientes a los que agarrarme. Empezando por el tono tan deslenguado y chulesco que le aporta la despreocupada línea de voz de Panza. También en lo bien que empasta la base rítmica aquí y lo sencillo pero ¿jovial? del estribillo. Pero en líneas generales observo una construcción más lineal y quizá al tema en su conjunto le pese su condición de single adelanto.
Más rocosa, rotunda y pesada, “Unholy Games” parece guiñar al bueno de Zakk Wylde con el inconfundible grosor del riff inicial. Acude raudo el estribillo a la cita y si bien este no me termina de enganchar del todo, sí que lo hace la mayor personalidad que exhibe ahora la banda. Apostados en las fronteras de su acostumbrado hard rock de raíces orgullosamente ochenteras pero a la vez caminando por una senda más apaciguada que termina por separar a este quinto corte del resto del tracklist. Medio tiempo construido con sumo cuidado y adornado con no poco gusto. Aquí la producción juega un papel importante, que no principal. Equilibrio es la palabra clave. Ahí, los arreglos suman sin opacar. De igual forma estupendo el solo (asumo que) de Lorca y la manera tan hábil en que pasa de la elegancia inicial a al pura floritura final. Estupenda no solo por lo diferente que resulta sino también por lo acertado de sus distintas ejecuciones.
“Dark Stalker” parece haber nacido con la intención de convertirse en abanderada de este nuevo “While Passion Lasts”. Ya no es su mayor duración, que también. Es la forma en que parte peras con ese tranquilo prólogo al piano para devolvernos a los Hitten más metálicos e intensos. Por ahí sorprende la tranquila línea de voz de Panza y la forma en que se contrapone al mayor nervio que transmiten tanto guitarras como base rítmica. Que conduce a un estribillo donde las tornas cambian y la menor intensidad contrasta con una línea de voz ahora poderosa por elevada. El juego de contrastes que proponen aquí funciona cual reloj suizo. También una sección solista que, a ratos, me recuerda a unos Iron Maiden de finales de los ochenta. Con mucho una de mis favoritas tanto por composición como por ejecuciones. Hábil, reconocible, potente y con gancho. Deseando desde ya que sea una fija en futuros setlists.
Así las cosas, “Truthful Lies” resulta mucho más acomodada. Tanto por composición como parece que también por intenciones. Llega incluso a bordear el AOR en estribillos. Siempre con un inspirado Panza al micro, y ejerciendo un gran contraste con su inmediata predecesora. Así la banda pone de relieve la cintura que posee aún manejándose siempre dentro de la férrea linde del hard heavy de corte melódico. Se eleva gracias a una certera sección solista pero es cierto que ha habido según qué escuchas al disco en que me ha costado llegar a conectar. El final en fade out, con el prometedor acelerón del epílogo perdiéndose finalmente entre la bruma, no ayuda precisamente a mejorar su nota final.
Un arranque como el de “Hold Up The Night” te lo firma la pareja Matthias Jabs & Rudolf Schenker en cualquier día tonto. No es que el corte asuma por completo el ideario del escorpión germano pero uno no puede por menos que palpar y sentir la inevitable comparación entre unos y otros. Los chicos no parecen querer esconder sus influencias aquí y, de resultas de ello surge un corte tan agradable como previsible. El más escueto, de hecho, de todo el tracklist. Introducción al margen. Coros agradables y algún que otro riff de innegable peso y carisma salvan la fiesta en cualquier caso.
El riff en que apoyan “Where It All Begins” puede resultar algo recurrente. Ese clásico cabalgar a medio gas. Pero este es un medio tiempo orgulloso. De nuevo construido con cuidado y adornado por una vistosa y muy presente línea de bajo. Ni que decir tiene que Panza, acompañado en tareas vocales por Rox Robles, se encuentra como pez en el agua en estas aguas más remansadas, entregando una interpretación en la que vuelve a rebosar carisma y clase. El solo que sitúan en el mismo tronco central de la composición eleva igualmente a esta penúltima entrega funcionando en favor del corte al que adorna y no en virtud de un ego específico. El pequeño impulso que adquiere camino del epílogo culmina un corte que funciona en la más pura tradición del género.
“Crimetime” cierra “While Passion Lasts” mientras nos devuelve a los Hitten más heavies y trotones. Despreocupada pero sin perder de todo el foco, intensa sin llegar a lo amenazante. De solos tan nerviosos como electrizantes. En definitiva sencilla sobre el papel pero lo suficientemente bien resuelta como para sobreponerse a su trazo tan recurrente.
Es un álbum que pierde duración con respecto al estupendo “Triumph & Tragedy” y por ahí habrá quien piense que la banda ha estado desaprovechando el tiempo transcurrido desde noviembre de dos mil veintiuno. Nada más lejos. “While Passion Lasts” puede no ser aún el disco definitivo de Hitten, el que les transporte al reconocimiento del que ya gozan otras bandas de su misma generación, pero desde luego cortes como “Unholy Games”, “Blood From A Stone” o la que viene a dar título al álbum no deberían ser para nada desdeñadas. También la más diferente “Dark Stalker”, que abre un horizonte quien sabe si nuevo para ellos. Deseando verles de nuevo por estas frías tierras del norte.
Bajo el nombre de «Beyond The Veil» verá la luz en el mes de julio el tercer álbum de estudio de Totengott, primero con la discográfica Hammerheart Records, hogar de bandas como Master, Trouble, Entrails, Ereb Altor, Blind Illusion, Phlebotomized o Sear Bliss.
Calificados por su nuevo sello como los hijos bastardos de Celtic Frost, el próximo trabajo del combo asturiano ofrecerá un nuevo episodio dentro de la guía espiritual escrita por Tom G. Warrior. La grabación navegará por dicho modelo aportando ecos a Voivod, Bathory, Winter, Conan u Obituary y nuevos detalles para crear una nueva obra inquietante y oscura. «Beyond The Veil» será el resultado de más de cuatro años de trabajo para elevar el sonido de la banda a un nuevo nivel y verá la luz a través del histórico sello que ayudó a dar forma al metal extremo durante casi 30 años.
Nuevo Ep y ya van tres para los speed metaleros zaragozanos Alacrán: Christian Oliva “Oli” en guitarras, Diego Lafuente “Petroski” al bajo, Roberto Monforte “RK” en baterías y Sergio Lasmarías “Cachorro” al micro. Formados allá por 2012, debutarían dos años más tarde con un Ep homónimo al que seguiría “Siempre En La Brecha” ya en 2016. Ahora por fin nos traen nuevo material bajo el título “Luzifer” y con los propios Petroski en tareas de producción y master y Oliva en lo tocante a grabación y mezcla. Con arte del HittenDani Meseguer, el trabajo se encuentra ya en la calle vía Thundersteel Records.
“Luzifer”, que arranca directa y sin contemplaciones, ya muestra la clase de metal tan rugoso como ágil del que gustan los zaragozanos. Baterías de sonido muy años ochenta, voces inundadas de reverb y riffs sacrificados a la propia velocidad de la composición. Speed metal en una onda que bien podría recordar a gente como Agent Steel, primeros Paradox o los Metal Church menos thrash. Pocas fisuras derivan de ese trazo tan elemental. La banda cita a Muro como influencia y algo de la banda de Silver se deja notar en los coros que acompañan a los estribillos. Para nada un mal solo el que ocupa el tronco central, si bien conecto en mayor medida con la parte más melódica del mismo y no tanto con esa segunda parte, algo más rutinaria. Más atinado el que emerge camino al prólogo y que anticipa ese final de corte más épico. Con sus más y sus menos, un más que digno arranque.
El riff de “Halcones De La Noche” tiende más al power primigenio. Aquél de los primeros Helloween, Rage, incluso Grave Digger. RK está firme al doble bombo y Petroski emerge para redondear la buena base rítmica de un interesante segundo corte. Y es que la banda suena ahora más compacta y entera. Ayuda el fondo, pero también la forma, que resulta por un lado menos predecible en escritura y por el otro más atractiva en lo que a puro desempeño técnico se refiere. Equilibrado el solo que Oli desliza aquí, hábil a la hora de conjugar melodía y rapidez. Finiquitan con un epílogo a la Maiden, que si bien algo recurrente, dudo escame a nadie que tenga a bien acercarse a una propuesta como esta. Cierto es también que Cachorro no es un dechado en contención precisamente. Género y estilo obligan, claro.
Alacrán habrán de echar el resto en “Síndrome”, corte más extenso del Ep y gran emblema del mismo. Todo arranca desde un prólogo empeñado en cambiarle el pie a las altas revoluciones que arrastraba hasta ahora el tracklist. Apenas un espejismo pues una vez alcanzamos las primeras estrofas, todo reconduce hacia el nervio habitual en los maños. Hay sin embargo una mayor dedicación en la construcción de estas, ahí donde nombres como el de los propios Hitten acuden rápido a mi subconsciente. Pero es interesante cómo la banda transige aquí hacia un tono algo más melancólico, imbricado no obstante en su habitual heavy metal enfebrecido y trotón. Algo que viene a jugar en favor de un Cachorro, a grandes rasgos, más comedido / menos chillón que en otros cortes más al uso. Puede que ciertos riffs me suenen un tanto manidos. Incluso el solo de Oli me resulta un tanto recurrente. La banda sin embargo suple carencias con actitud, lo cual tampoco parece mal síntoma.
“Corre”, versión en directo de los asturianos Antídoto, palidece por el sonido un tanto lejano al tiempo que muestra una reinterpretación marcada por el aumento en las revoluciones. La cabra tira al monte. El sonido, un tanto lejano y hasta encajonado podría ser mejor, sí. Otro tanto se podría decir del otro corte en directo del Ep, este trallazo directo y sin contemplaciones que es “Kamikaze”, con un RK que apenas dará descanso a lo largo de estos tres minutos largos de metal ardiente y trotón.
Ni mucho menos el Ep más original de todos cuantos han pasado por estas líneas en lo que llevamos de año pero sí tal vez aquél que demuestra una mayor pasión por el glorioso heavy/speed metal de los años ochenta. Que si es precisamente lo que uno anda buscando y si se le perdonan las mencionadas carencias en lo que a sonido se refiere, no dudo propicie buenos ratos a más de uno.