Crónica: Tarja & Marko Hietala «Living The Dream Together Tour» (Gijón 30/1/2026)

El Living The Dream Together Tour 2026 traía a los ex Nightwish Tarja Turunen y Marko Hietala al Gijón Arena. Una buena oportunidad para repasar la amplia trayectoria de uno y otra, amén de reencontrarse con buenos amigos y pasar una, por otro lado, muy desapacible noche de viernes.

En lo que al abajo firmante respecta, aún no conocía el recinto gijonés en esta nueva iteración. Y nada más hacer acto de presencia, lo primero que ven mis ojos es la despedida de la primera banda de la noche, los británicos Serpentyne, con quienes espero saldar mi deuda en un futuro. Por suerte el compañero Miguel Rubio nos cubría las espaldas y aporta la siguiente reflexión:

Media hora tuvieron los londinenses Serpentyne, habituales acompañantes de Tarja por sus giras en Europa para calentar el ambiente. Su estilo, totalmente alineado con el espíritu del evento, se mueve ente el metal sinfónico y el folk metal. Presentaron, no exentos de varios problemas técnicos, temas fundamentalmente de su último trabajo «Tales From The Dark» de 2025.

Al rato nos topamos con los rockeros estadounidenses Rok Ali And The Addiction. Los de Nashville ofrecieron un set de un rock denso, parapetado entre lo clásico y lo alternativo, que tuvo difícil encaje en una noche como esta. Densos a ratos, Chris Nix dejaba algún que otro destello de calidad desde su guitarra mientras Alison Krebs divagaba con su voz por el escenario. Le pusieron empeño y ganas, pero desde luego no era ni el momento ni el lugar.

Marko Hietala y su banda saltan a escena cuando faltan diez para las ocho, procurando con “Frankenstein’s Wife” un apaciguado arranque de set, a la contra de aquello que dicta el libro de estilo. Aún con media entrada, siendo generosos, en el coso gijonés, el finlandés mostró tanto una imagen algo descuidada, esa raída sudadera, como una voz en perfecto estado de revista. Todo carisma y sonrisas, “Rebel Of The North” resulta algo más vacilona. Tuomas Väinölä con la guitarra y Bob Engstrand tras las teclas dejaron buenos solos aquí. Los cambios de instrumento del propio Väinölä serían una constante a lo largo de la noche. Y es que para la más rotunda “Proud Whore” es una Explorer la que cuelga de sus hombros. Con ella dibuja otro gran solo. Ni que decir tiene que el carismático bajista finlandés sabe rodearse bien.

Hablando de guitarras, a pachas entre la acústica y una Telecaster (o eso me pareció desde abajo) es que enfrenta Väinölä una “Isäni Ääni” que pondría la calma, el sosiego y también la elegancia. “Impatient Zero”, a todo esto con Hietala dando un buen nivel en cuanto a voz, recuperó parte del nervio perdido. Aquí la banda brilla también a nivel técnico, con buenos solos de guitarra primero y de teclado después. A término, hubo gritos de “Marko, Marko” desde el público, síntoma inequívoco de lo bien que se lo estaban pasando. Así las cosas, diría que “The Dragon Must Die” fue lo más completo del show. Por ese aire medio oriental pero también por el modo en que ellos acertaron a conjugar técnica y músculo. Fácilmente mi favorita de Hietala el pasado viernes…

… aunque la gente pareció recibir de mucho mejor grado la más festiva “Juoksen Rautateitä”. Amén de un Hietala que ya tenía a la audiencia en el bolsillo, aquí brilló sobremanera Bob Engstrand a las teclas. Estupendo arreón final, por cierto. Las tres voces al frente armonizan al tiempo que ofrecen una pequeña pausa en “Roses From The Deep”, cuando quizá el set pedía algo más de brío. Y da igual porque cuando Marko, en perfecto inglés, anuncia que conoce a una amiga que “canta bien”, el Gijón Arena poco menos que se viene abajo para recibir a la leyenda finlandesa del power sinfónico Tarja Turunen. Juntos entregan “Left On Mars” mientras un mar de móviles buscaban inmortalizar el momento. La química entre ambos, huelga decirlo, era total. Ella se fue, prometiendo volver pronto, y Hietala se despidió con aquella “Stones” de su “Pyre Of The Black Heart” de 2020. Una hora prácticamente clavada de set y la sensación de que éste fue claramente de menos a más.

Pasan veinte de las nueve cuando Tarja regresa sobre las tablas del Gijón Arena. Lo hace después de una pequeña (y preciosa) introducción para irrumpir con los aires de tango, después de todo su marido es argentino, de “Eye Of The Storm”. Doug Wimbish, músico que ha tocado para gente del calibre de Living Colour, Jeff Beck, Mick Jagger, Madonna o Joe Satriani entre otros muchos, tendría algún problema con el bajo aquí. Resuelto, para agrado de todos, a la mayor brevedad. A término y en perfecto español, Tarja reconocería estar “muy contenta”. También nosotros de verla tan risueña, tan comunicativa. Y lo que es más importante: con su característico registro aparentemente intacto. El escenario, pienso que muy apropiadamente, se inunda de luz roja para “In For A Kill”, a buen seguro uno de los cortes más oscuros (dentro de lo que cabe) del set.

Por contra, “Undertaker” deja un riff principal que es puro gancho. Buena labor a las guitarras de Julian Barrett y Alex Scholpp. La puesta en escena se reducía a poco más que un videowall ofreciendo algún que otro videoclip, como fue el caso aquí. Así las cosas, pienso que lo mejor de esta primera parte. Tarja nos contó entonces que se venían dos cortes que no habían tocado en mucho tiempo (salvo por la noche anterior en Lisboa), siendo el primero de ellos “500 Letters”. Esta, que agigantó la cara más sinfónica de la banda, pudo pasar algo desapercibida. Y es una pena porque Scholpp dejó un estupendo solo de guitarra en su parte final. “Crimson Deep”, en cambio sí que acertó a conectar con la gente. Desde la fina introducción de Wimbish, pasando por ese tono a ratos casi amable y terminando por una Tarja, parapetada tras el pie micro, intachable en desempeño vocal.

En “Demons In You” se iba a dar uno de los momentos especiales de la noche, que se inicia cuando Tarja echa mano de un smartphone de alguien del público y culmina cuando aúpa a un pequeño a las tablas. La gente poco menos que se volvió loca aquí. Pequeños grandes detalles que siempre suman. No hace falta más que recordar la torrencial ovación que se le brindó. “Victim Of Ritual”, de nuevo con un vídeo proyectado al fondo, muestra a una Tarja en constante búsqueda del contacto con el público. También algún que otro problema con la microfonía de la batería, de nuevo solventado sobre la marcha.

Iba a llegar entonces un dramático giro de guión. Marko Hietala volvía a escena para un pequeño impás acústico. De entre otras me pareció reconocer “Feel For You”, de aquél “Century Child” de 2002, “Eagle Eye” del aún más lejano “The Shadow Self” de la propia Tarja y, volviendo a Nightwish, “Higher Than Hope”. Tras la calma, tras haber guiñado el ojo a la anterior banda de ambos, vuelta al eléctrico para “Slaying The Dreamer”, que en cierto modo anticipaba la que estaba por venir. Tarja, no obstante, contraatacó (es un decir) con material propio. La elegante, distinguida y bien rematada “Silent Masquerade” mostró la mejor cara de la banda en lo que a ejecución se refiere.

Digo esto porque quizá el clásico inevitable (uno de tantos) “Wishmaster” no alcanzó a sonar tan redondo como me esperaba, lo que no quita para que el público se volviera loco cantando y bailando. Con Hietala yéndose de nuevo a camerinos, le llegó el turno a la propia frontwoman de agradecer todo el apoyo que se le ha brindado en estos treinta años de carrera. Se dice pronto. El Gijón Arena respondió arrullando con sus voces a la finlandesa. Ella cerró en solitario demostrando cuánto de bien cuidada está esa particular voz suya.

Para los bises quedaron “Dead Promises”, de aquél “In The Raw” de 2019, y con un estupendo (y me quedo corto) Scholpp en coros, con Hietala de vuelta la siempre machacona “Wish I Had An Angel”, que puso a botar a todo el mundo, y el cierre con las presentaciones primero y la muy apropiada “Until My Last Breath” después. Pienso que un gran rush final. En lo personal habría cambiado alguna de las versiones por “Nemo”, pero con eso y con todo, una jornada bien agradable.

Qué bueno por un lado tener un recinto en Asturias capaz de acoger citas como la del viernes y por otro que la gente respondiera del modo en que lo hizo. En lo que a esta región concierne, llevamos años (décadas) añorando y rememorando aquellos inolvidables conciertos en la célebre, mítica (y ahora resurgida) Quattro de Avilés y, de la nada, el Gijón Arena ha venido a acoger la venida de toda una Tarja Turunen, que no es poco, a juzgar por la buena entrada que registró el renovado coso gijonés. Aprovechemos mientras nos dure, pues fue esta una cita de lo más entretenida y agradable. Que (Rok Ali And The Addiction al margen) se desarrolló con un sonido más que óptimo (era mi mayor temor al entrar por la puerta) y que a servidor, optimista recalcitrante, me hace albergar grandes esperanzas de cara al futuro. Veremos lo que tardan los de siempre en echarlas por tierra.

Sin duda que fue una buena jornada. Gracias infinitas a la nutrida compañía por hacerla aún más llevadera si cabe, a la promotora por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio / José Ángel Muñiz

Reseña: Adventus «De Mi Corazón Y Otras Miserias» (Maldito Records 2025)

Cuarto largo para la agrupación Adventus y primero con Ramón Lage en voces. Junto al ex Avalanch encontramos a Nacho Arriaga (Arwen) en baterías, Dani Arcos (Bloodhunter) en guitarras, Fernando Mainer (Mägo de Oz, ex Ankhara) al bajo y, por supuesto, el alma mater del proyecto, Manuel Ramil (Avalanch, ex WarCry) en producción, grabación, mezcla y masterización. “De Mi Corazón y Otras Miserias” cuenta además con la colaboración de Diego Valdez, quien llevara la voz cantante en el anterior “Lo Que Trajo El Viento” (reseña). Grabado en los Tercera Planta Estudios, de Ares (A Coruña) y puesto en circulación por la gente de Maldito Records.

Bienvenido Sea” envuelve la pequeña narración de Maribel Ribera para dar la bienvenida al álbum con la mayor de las tranquilidades. Un poso tranquilo y relajado que conduce hasta esta “Muerte En Espiral”, cuyo arranque, con ese bajo tan protagonista, me recuerda y no poco a los suecos Soen. Unas primeras estrofas, envueltas aún en esa calma, son (casi) declamadas por el inconfundible registro de Ramón Lage. Lo que me agrada es el buen sonido que emana del conjunto toda vez este adquiere un mayor peso. Siempre con ese tono melancólico tan reconocible en la banda. Lage estira y enfurece luego su registro, trazando una gran primera línea de voz. Y Dani Arcos está dejando, además, riffs con mucho gancho en esas partes más nervudas. Además el solo que dibuja después desprende clase y buen gusto. Nada que sorprenda a todo aquél atento a la trayectoria del coruñés. Un buen arranque.

En Lo Peor” apuesta de entrada por un metal más pesado, bien adornado en todo caso por las teclas de Manuel Ramil, y que parece buscar inspiración, de nuevo, en loas fronteras del metal progresivo más leve. Hay estrofas bien construidas, tanto en lo referente a voces como en el toque melódico que añade Dani Arcos. Un corte que bien podría recordar a ciertos momentos de Delalma, donde Adventus no temen a revestir su acostumbrado metal melódico de una producción profunda y grandilocuente. Siento que el juego entre esa pompa y el aire más melancólico de la composición está bien trazado. También el protagonismo de unos inspirado Fernando Mainer primero y Manuel Ramil después. Me agrada.

Inspiración” enfanga en parte el sonido de la banda. Parte de un prólogo realmente potente para después construir unas estrofas muy ágiles, con Ramón Lage bailando hábil mientras baila entre registros. Puede no ser el estribillo con más gancho del álbum. Por contra, es un corte que se crece en lo que a ejecución se refiere. Desde la precisa batería de Nacho Arriaga a esos buenos riffs de Dani Arcos y terminando con ese buen solo de Manuel Ramil. Con eso y con todo, un corte con el que me ha costado llegar a conectar.

De Mi Corazón y Otras Miserias”, cuyo videoclip se descubre como un sentido alegato en favor de una sanidad de calidad, pública y universal, consiste en un metal melódico a través del cual se cuela la mejor versión de estos Adventus. Desde la buena producción de la que hace gala, al modo en que Ramón Lage transita por la línea de voz, con esos dejes tan característicos, a los buenos riffs de Dani Arcos y los discretos, y a la vez fundamentales detalles de Ramil tras las teclas. Siento que pasa por ser uno de los cortes verdaderamente ganadores de este nuevo álbum, cerrado por otro gran solo de guitarra.

No muy lejos de ahí camina “Nada A Favor”. De su prólogo brioso transita hacia unas estrofas tranquilas, reposadas, con Diego Valdez y Ramón Lage turnándose al micro, y que son pura esencia Adventus. Me agrada por ese crescendo que va dibujando. Bien planteado y mejor interpretado, todo camina a lomos de un fino Nacho Arriaga tras los parches. Es otro corte triste en lo que cuenta, que sin embargo no se disculpa a la hora de buscar un mensaje más positivo en su tramo final. Dani Arcos, cuyos riffs aquí son más serviciales que brillantes, se destapa con un más que digno solo de guitarra. Un corte con el que conecto solo a veces.

Todo lo contrario que con “Esencia”, quizá por el mayor picante que la banda ha entregado aquí, y que se distribuye desde las voces de Ramón Lage a los ritmos vivos que le confiere Nacho Arriaga tras baterías. Son unos Adventus alternando entre ese mayor brío de los estribillos y caminando sobre un llamativo riff de guitarra durante estrofas. Por ahí una composición que, si bien ofrece un trazo de lo más clásico, posee una marcada personalidad dentro del tracklist, algo a lo que ayuda los detalles que la producción va dejando durante todo el corte. De las que entran a la primera y dan la impresión de que podrían funcionar como un tiro en directo.

¿Cuántas Lágrimas?” recupera una versión más reconocible de los chicos. Es el corte más extenso de los diez, con una gran presencia de teclas en el prólogo. Después llegan unas estrofas prácticamente desnudas, con un Ramón Lage casi en susurros. Derrocha clase ahí el asturiano, conduciendo con acierto este octavo corte. Dani Arcos está dejando buenos detalles melódicos bajo esas voces. Doblando melodías y ejecutando riffs más que funcionales. El puente central, ese que arranca con Manuel Ramil al piano, es estupendo. También el modo en que Ramón Lage despliega su voz aquí. Grandilocuente y muy afín al espíritu de un proyecto como este. Otra de mis favoritas.

Introducción al margen, “Ser Yo” pasa por ser el corte más rácano de todo el álbum. Pero es también el que ofrece otro de los riffs más llamativos de entre todos cuantos Dani Arcos ha introducido en este “De Mi Corazón y Otras Miserias”. Una composición que, sin abandonar el habitual tono melancólico que les caracteriza, hace por buscar una personalidad que le distinga del resto. Ruge el bajo de Fernando Mainer bajo un Ramón Lage que, da la impresión, se encuentra de lo más cómodo en este registro. Me agrada el solo de guitarra final. También el mayor mordiente que abrazan durante el epílogo. Puede ser la que más ha crecido con el paso de las escuchas.

En Paz” es una balada clásica, toda pompa y grandilocuencia, con un fantástico Ramón Lage. Bien construida, adornada por un inspirado Dani Arcos y que supone un cierre no exento de clase y buen gusto. No niego que la letra tiene momentos capaces de ponerme la piel de gallina. Si ese era el propósito de los chicos, desde luego han ganado esta “partida”.

No me termina de conquistar en su totalidad pero sí que encuentro mucho asidero donde agarrarme en esta cuarta entrega de la banda. Producción de lujo mediante, cortes como el que da título al álbum, siguiendo por el gancho de “Esencia” o la atractiva diversidad de “En Lo Peor”, la consistencia de “¿Cuántas Lágrimas?” o el cierto atrevimiento de “Ser Yo”. Luego cierto es que hay ideas, momentos aquí y allá, con los que ya me ha costado más conectar. Con eso y con todo, un álbum que, pienso, agradará a todo fan de la banda.

Texto: David Naves

Crónica: Hammerfall + Tailgunner (Villaba-Pamplona 24/1/2026)

El pasado sábado 24 de enero todos los templarios del acero del norte de España nos reunimos en una cita muy especial. Puntuales, a las 7 de la tarde se abrieron las puertas de la Sala Totem y en pocos minutos se llenó. 

Aún no dieron las 8 de la noche cuando salieron a escena la banda inglesa Tailgunner. Con un estilo hard rock y una estética ochentera esta banda joven supo meterse al público en el bolsillo ya con la primera canción. Iniciaron el concierto con “Midnigth Blitz” adelanto de su siguiente álbum que saldrá el 6 de febrero. La guitarrista Rhea Thompson no pudo estar en la gira por problemas de salud pero la sevillana Jara Solís la sustituyó y la conexión entre ella y el resto de la banda era perfecta, como una hermandad. La banda tocó de sus dos álbumes “Crashdive” de 2022 y “Guns For Hire” publicado el año siguiente. Se despidieron a las 8:30 horas, tras 40 minutos de un concierto que disfrutó tanto la banda como el público. Fue el relámpago previo al trueno.

Las cortinas del escenario se cerraron y cuando se abrieron a las 9 de la noche los suecos Hammerfall ya estaban ahí junto a un enorme martillo y escudo abriendo el show con “Advenger Of Fallen”, primera canción de su último álbum. Ya llegó el trueno y con él la llamada de los guerreros, siguieron “Heeding The call” y “Any Means Necessary”. La banda para un segundo para tomar aliento y la sala se llena de vítores cálidos hacia ellos. Continuaron con “Hammer Of Dawn” y con el sonido del motor de una moto se inicia “Renegade” y toda la sala canta con ellos. La unión de la banda es más fuerte que el acero, Joacim y Oscar comparten sonrisas y están pendientes de que el público no cese de alzar los puños, Pontus y Fredrik tocan codo con codo al unísono como si fueran uno.

Todos los templarios que estábamos reunidos elevamos el puño al ritmo de “Hammer High” y “Last Man Standing”. Joacim se aleja del escenario para dejar a la banda tocar sola, el público anima y tanto la banda como los fans vitorean al unísono “oohhhh oh oh”. Cuando regresa pregunta al público si ya les habían visto anteriormente y también pregunta que sigue de «Hammer…» y todos gritan «…Fall», lo repite varias veces y así inicia “Let The Hammer Fall”. Bajamos el ritmo con la balada “Glory To The Brave” que Joacim dejó que el público cantara varias estrofas solos y después pidió que encendieran las luces de sus teléfonos para hacer más especial la canción. Volvemos a subir el ritmo con “The End Justifies”, Joacim presenta a cada miembro de la banda y sigue con “(We Make) Sweden Rock”. Hammerfall se retiran pero no se dejan desear mucho y regresan rápido para terminar con “Hearts On Fire”. Tocaron una hora y media y se despidieron con la canción de fondo “Dreams Come True”.

Fue un concierto que no sabría decir quién disfrutó más, si la banda o el público ya que ambos se entregaron y lo dieron todo. La cita en Pamplona fue la última fecha de esta gira por España y la única que hizo «sold out». Los fans del norte estaban deseosos de ver a la banda y se lo mostraron en cada canción cantando con ellos, alzando los puños, vitoreando y haciendo headbanging constantemente. La banda se entregó por completo con una puesta de escena excelente, con un setlist variado, que se disfrutó tanto arriba como abajo del escenario y también se mostró un cariño inmenso hacia los fans que los arroparon toda la noche.

Esta es la segunda vez que tengo la oportunidad de ver a Hammerfall y como la primera vez salgo con una sonrisa de oreja a oreja. Solo hay dos chorraditas que me han dolido, una no poder ver al guerrero Héctor que a veces lo llevan a los conciertos y yo aún no le he podido ver. Y la otra cosa es que no tocarán ninguna canción del disco “Infected” que aunque es muy duramente criticado es mi favorito, pese a quien pese. Pero no puedo quejarme ya que el setlist fue variado y muy completo. 

Con ganas de volver a verles porque si hay una cosa que de verdad me puedo quedar es que se me hizo muy corto pero es lo que pasa cuando uno se lo pasa bien. Los templarios del norte de España deseamos no tener que esperar mucho para volver a ver a los grandes Hammerfall

Texto y Fotos: Sheila Ortiz

Crónica: Blaze Bayley (Gijón 23/1/2026)

Silicon Messiah” marcó un antes y después en la carrera de Blaze Bayley, en tanto que se trató de su primer álbum en solitario tras su salida de Iron Maiden. Casi veintiséis años más tarde, el de Birmingham rememora aquél trabajo con un tour muy especial y que tendría parada en Asturias. Una Sala Acapulco que ya acogiera en 2024 la anterior visita del británico (crónica). De nuevo con los chicos de Absolva como banda y un setlist que, pese a todo, albergó alguna que otra sorpresa.

Porque sorpresa es, desde luego, el modo en que da inicio el show, con Blaze haciendo las presentaciones, y arremetiendo primero con “Samurai” de aquél “The Man Who Would Not Die” de 2008. “Ghost In The Machine” sí que nos introduce ya en el propósito de esta gira. Antes, Blaze había hablado de la forma en que la inteligencia artificial se ha instalado en nuestras vidas, rimando con el propio espíritu del álbum. ¿Lo mejor? El buen estado en el que parece estar su voz ya desde el inicio. También lo fino que está el mayor de los Appleton en riffs y tanto más en solos.

Evolution” dejó otro poso totalmente distinto. “Silicon Messiah”, después de todo, no dejaba de se un álbum fruto de su tiempo, y puede ser éste el corte más abiertamente dosmilero de toda la noche. Sea como fuere no, no faltaron los clásicos gestos de Blaze animando al público al final. Y es precisamente el tema título de aquél primer disco el primero que parece despertar a Acapulco. También al mejor Bayley, impecable al micro durante el prólogo. A fin de cuentas, y guste más o menos su peculiar registro, nadie le puede negar al británico lo que tiene de verdadero currante de esto. Él agradeció mediante un pequeño speech que eligiéramos verle a él en lugar de pasar la noche “viendo Netflix”. Ahí encajó como un guante, claro, “Born As A Stranger”:

“You were born, born as a stranger. You were born, born in a different world”.

Y tanto que sí. Gran riff, tremenda pegada de Martin McNee y con mucho una de mis favoritas de todo el set. Siguiendo con las revoluciones altas, “The Brave” puede ser lo más Iron Maiden de este repaso a “Silicon Messiah”. Puños arriba aquí, evidencia palpable de lo bien que se lo estaba pasando la gente. Otro de esos puntos álgido iba a llegar con la fenomenal “The Hunger”. Y el llamado del frontman a que no desfalleciéramos. Con shows como este no dan ganas de hacerlo, desde luego. Muy bien, muy entera y compacta la banda. Y el Wolfsbane, a ratos derrochando más carisma que voz, supo no obstante regular y hacerse fuerte aquí. Tablas le sobran. De hecho, diría que en “Identity” estamos viendo al Blaze más gesticulante, que tratándose de él no es poco decir.

Alguna de sus pequeñas charlas puede que se alargaran más de la cuenta. Después de todo, no deja de ser un vocalista al borde de cumplir los 63 y, como todos, necesita de sus pequeños descansos. No seré yo quien se lo eche en cara, al contrario, pues en este tramo del set está dando la cara contra viento y marea. En “Stare At The Sun” la sala coreó el riff inicial y dio la despedida que se merecía al primer álbum en solitario de Blaze Bayley, preparándose para recibir una buena ración de Iron Maiden en vena. Pero la banda atacó entonces “Calling You Home”, de aquél “Infinite Entanglement” de 2016. Otro gran riff aquí, si bien fue el momento en que más eché en falta una segunda guitarra, por mucho que llenara el bajo de Luke, el pequeño de los Appleton.

Dada la actual coyuntura internacional, qué apropiado resulta recuperar el canto antibelicista “Como Estáis Amigos”. Blaze y Chris Appleton la defienden en solitario, con la gente en Acapulco haciendo gala de sus pulmones. Ya con la banda al completo tocó revisar “Virus”, último corte que la doncella editara con Blaze al frente. En agosto hará treinta años. Parece mentira. “Wratchild” puso a muchos a saltar, claro, y “Man On The Edge”, con paradiña incluida, puso de nuevo a prueba nuestras gargantas. En “Futureal” cupo otro pequeño y positivista speech del frontman. Aquí “enfrentó” a los dos lados de la sala durante el solo de Chris y de tan bien que se lo estaba pasando, llegó tarde al micro para el último estribillo. El cierre, no obstante, no fue para Iron Maiden sino para UFO y su inmortal “Doctor, Doctor”, con espacio para solos (guitarra y bajo), presentaciones, agradecimientos…

… nos lo pasamos bien. Casi dos horas de concierto, en los tiempos que corren, desde luego que no son habituales. Blaze aguantó bastante bien el tipo, si bien en tramos del set dio la impresión de ir con el freno mano puesto. No lo digo a modo de reproche, más bien al contrario. Sabe bien donde están sus limitaciones y sabe manejarse con ellas. Derrocha carisma casi a cada gesto y no son pocos a lo largo de la noche. Busca en todo momento la implicación de la gente y ésta se sube al carro enseguida. La química con la gente de Absolva parece total y, si bien eché en falta una segunda guitarra, especialmente en los cortes más vibrantes, lo cierto es que el show cumplió con las expectativas que tenía al entrar por la puerta. Haced el favor de apuntarme en la lista si para dentro de un par de años vuelve por esta tierra.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Angelus Apatrida (Oviedo 23/1/2026)

Fue un dos de diciembre de 2023 la última vez que Angelus Apatrida pisaron tierras asturianas para presentar su, por entonces, recién estrenado último disco “Aftermath”, en la gijonesa Sala Acapulco (crónica). Ya tenían ganas de volver y nosotros de disfrutarlos en directo, una vez más.

La elegida fue la Sala Tribeca en Oviedo, una sala que, comenta Guillermo, les trae muchos recuerdos, cuando el 23 de noviembre de 2012 actuaban junto a los asturianos Soldier que presentaban su “Gas Powered Jesus”, mientras Angelus defendían su “The Call”, publicado ese mismo año.

Además, en esta ocasión, los manchegos actuaron sin teloneros lo que dio lugar a que se explayaran con un setlist variado y muy acertado, donde repasaron prácticamente, toda su trayectoria musical. Casi una veintena de temas desgranados sin apenas interrupciones, con la fuerza habitual que imprimen en sus directos. Y, sí, volvió a ser una noche apoteósica, nada que ninguno de los presentes no sepa ya de mano.

La actuación se inicia unos minutos después de las nueve de la noche con la consabida intro del tema “Break Stuff” de Limp Bizkit a la que sigue “Clockwork” y “Snob”, siendo este uno de los dos únicos temas que defendieron del último trabajo “Aftermath”. Ya entrados en calor, llega una “Indoctrinate” que suena atronadora. Para entonces, la sala ya presentaba un aspecto muy aceptable. Poco movimiento, pero la gente estaba (estábamos) disfrutando de lo lindo. Continúan con “Of Men And Tyrants” también de su album “Clockwork” seguida de “Cold”, donde Guillermo recuerda el frío y las inclemencias del tiempo que nos han estado acompañando durante estos días pero que no impidieron, afortunadamente, su visita a las tierras del norte.

Once años recién cumplidos hizo el “Hidden Evolution” del cual tocan “End Man”, un clásico ya en los directos de Angelus, y con “We Stand Alone” cierran este episodio que da lugar a un ligero descanso. La banda, como comentaba anteriormente, es un bloque compacto, el sonido, impecable, con mucho trabajo a sus espaldas (25 años ya desde su primera demo) y donde no se notó en absoluto que llevaban dos meses de parón, según comenta Guillermo en un par de ocasiones. No sé si temía que iban a mostrarse anquilosados, nada más lejos, maquinaria engrasada y lista para dar mucha cera de la buena, de la que, cualquier amante del buen thrash puede apreciar y degustar.

Excepto un pequeño problemilla que afectaba a la batería de Víctor Varela, solventado rápidamente, ninguna otra dificultad entorpeció el transcurso de la descarga. Continúan con un tema muy aclamado, “The Thornmaker”, que no suelen defender en directo, pero que sirvió de recordatorio de los veinte años de su primer disco “Evil Unleashed”. En el ecuador del concierto, los ánimos ya estaban muy caldeados, cuando llega “Violent Dawn” del “The Call”, tras la cual, David G. Álvarez, se mete entre el público para tocar, con su maestría habitual, el “Give ’Em War” y provocar un buen circle pit a su alrededor, al cual nos unimos, cómo no.

Tras “Thrash Attack” posamos todos para la foto final, donde se ve la gran afluencia de público pese a que, en esta misma noche, confluían otros dos conciertos de gran envergadura: “Satanic Surfers” y “Blaze Bayley”. Mucha cara nueva y joven, además de los habituales, poblaron la noche ovetense en el Tribeca, algo que, menciona Guillermo, es muy positivo para la música en directo.

Parecía que el concierto ya había llegado a su fin, pero no, aún faltaba el tema más emblemático de la banda, “You Are Next”, con el que cerraron por todo lo alto, dejando impresa en las caras del público presente, una sensación de brutalidad en otro bolazo más de los albaceteños.

Agradecer, una vez más, a Heavy Metal Brigade por publicar estas líneas y, ya sabéis, nos vemos en el próximo sarao.

Texto: Erundina Artidiello
Fotos: Archivo H.M.B.

Reseña: Sun Of The Dying «A Throne Of Ashes» (AOP Records 2025)

Tercer trabajo para los doom death metaleros con base en Madrid Sun Of The Dying, la banda que forman Daniel Fernández Casuso y Roberto Rayo en guitarras, David Muñoz en teclados, Diego Weser en baterías, Jose Yuste al bajo y Eduardo Guilló en voces. Únicos representantes estatales dentro del siempre interesante sello alemán AOP Records, “A Throne Of Ashes” fue grabado por el Aversio Humanitatis Simón Da Silva (At The Altar Of The Horned God, Voidescent, Mara, Defacement…) y posteriormente masterizado por el Teitanblood Javi Félez (Altarage, Vidres a la Sang, Totengott, Avulsed…). A ello hay que sumarle la colaboración de Antinoë, el artwork de Manuel Cantero (Santo Rostro, Ósserp, Zeenon…) y la foto de Sara Juanes. Todo para un disco que vio la luz el pasado 21 de noviembre en digital, CD y vinilo de 12″.

Martyrs” se eleva desde las profundidades para luego arremeter con el habitual doom death ordenado y rebosante de clase que les caracteriza. Un disco como este, en este momento de su trayectoria, no sería el que es sin la buena producción que se intuye ya desde las primeras estrofas. Un sonido bien calculado, equilibrado al milímetro, y que luce igual tanto en las partes más tranquilas y atmosféricas como en las más rotundas y desgarradas. Dice mucho de ellos, en mi opinión, optar por abrir el álbum con el corte más extenso de tracklist. Estas partes calmadas, en particular por las voces limpias que las domina, tienen algo que me recuerda a los Antimatter del gran Mick Moss. Las más graves, portan un sello que me lleva a pensar en gente como Evoken, Saturnus, Officium Triste… nombres todos ellos con los que, intuyo, les compararán a menudo. En definitiva es un opener conciso, diverso, bien construido y mejor arreglado, que confluye en un puente de una violencia no muy lejana a la de algunos de sus compañeros de sello. Este “trono de cenizas” no podría haber dispuesto mejor arranque.

Es tan acusada la majestuosidad de “Martyrs”, que Sun Of The Dying entregan ahora un corte que poco o nada tiene que ver con él. “Black Birds Beneath Your Sky” parte del que puede ser el riff más monocorde y rocoso que les recuerdo. A él confrontan estrofas donde la agónica voz de Guilló resulta casi el único asidero. Ahí me gusta el contraste que ejercen unos estribillos por los cuales, voces limpias mediante, se filtrará algo más de luz. Un corte menos ambicioso en lo que a reloj se refiere, pero que le confiere una gran personalidad a este tercer trabajo.

With Wings Aflame”, con Antinoë colaborando en voces, entrega a unos Sun Of The Dying más reconocibles. De inicio una balada / medio tiempo elegante, distinguido, cuyas partes más desgarradas me recuerdan, fácilmente, a unos Novembers Doom de álbumes como “Aphotic” o “Into Night’s Requiem Infernal”. Me agrada el modo en que empasta y progresa el doble juego vocal. También la carga atmosférica que entrega el Arwen David Muñoz tras las teclas. Hay buenos cambios de ritmo acompañados de cuidadas melodías de guitarra. Y si bien quizá eche en falta una pizca más de nervio en su arreón final, me resulta un corte nada desdeñable en cualquier caso.

The Greatest Of Winters”, que porta la que quizá sea mi letra favorita de todo el álbum, arranca con Weser enseñando un brío que habrá de difuminarse cuando acudan las primeras estrofas. Ahí emerge la banda en su registro más grandilocuente. Buena parte de razón la tienen de nuevo las teclas de Muñoz, pero también esos riffs que proponen Rayo y Casuso. La banda recupera aquí aquella escritura más diversa que alimentaba “Martyrs”, enfrentándola a ese doom death (un tanto) más pomposo para consolidar así otro corte de eficacia más que sobrada. Entre tanta pompa, puede que el bajo de Jose Yuste quede algo enterrado en la mezcla. Sea como fuere, aprecio esa cierta tensión que desprende su puente central. Pero sobre todo el crescendo que introducen después. Guilló se desgañita a fondo aquí y Sun Of The Dying abrazan un registro en el que parecen la mar de cómodos. Estupenda tanto desde el papel como en lo que a ejecución se refiere.

House Of Asterion” arranca desde posiciones muy académicas, muy cercanas a todo lo que dicta el libro de estilo, para después ofrecer una escritura que me agrada por la diversidad que atesora. Porque parece un corte trazado a base de contrastes. De la acusada grandilocuencia del prólogo a la candidez de esas primeras estrofas. Y de ahí a unos estribillos en una clave un tanto más épica, con los colchones de teclas de Muñoz acaparando buena parte del protagonismo. Hay grandes voces limpias, una mezcla dotada de gran equilibrio y un epílogo vibrante y redondo. Otro logro.

Son precisamente las teclas de Muñoz las que dan la bienvenida en la final “Of Absence”. Una cuidada línea de piano que cederá luego el protagonismo a un doom, de nuevo muy académico, en una onda que bien podría rimar con los mejores My Dying Bride. Eduardo Guilló traza aquí otra de mis líneas de voz favoritas de este tercer largo. Todo el corte dispone de una gran labor melódica del dúo Rayo & Casuso. Algo que termina otorgando una cierta distinción a este broche final. Triste, melancólica y desgarrada. Al fin y al cabo doom death metal quintaesencial, tal vez eche en falta ese riesgo que abrazan en cortes anteriores. Con eso y con todo, un cierre más que digno.

La banda, a la que tuvimos el placer de ver sobre los escenarios el pasado año (crónica), parece saber muy bien lo que se hace. Un doom death pensado desde su escritura como un juego entre contrastes, algo que le otorga una frescura muchas veces desconocida en álbumes de género como este. Buenos arreglos, el detalle de la fina colaboración de Antinoë, buenos riffs y melodías, tristeza, melancolía… todo sin perder el característico sello del grupo, pero creo, y esto es lo más importante, que componiendo el álbum más personal de todos cuantos han entregado hasta la fecha. Ese, y no otro, pienso que es el camino a seguir.

Texto: David Naves

Crónica: The 69 Eyes + D-A-D «Cowpunks & Glampires» (Madrid 18/1/2026)

Tengo que confesar que no soy de esas personas que sacan la entrada nada más ponerla a la venta. En el caso de esta gira fue diferente. A las dos bandas ya las había visto en directo y ya sabía qué esperar, así que no dudé ni un segundo en apuntarme. La parte complicada fueron las fechas que tocaron para España: empezando un domingo en Madrid y continuando durante la semana en Barcelona y Bilbao. La gira de los sueños de un currante que tiene que pedir días libres a su jefe si no vive en una de esas ciudades. Pues así comenzó mi primer día de vacaciones de 2026.

Coger el AVE desde Asturias y, poco después de llegar a Madrid, enterarme del trágico accidente que sucedió en Adamuz me dio un golpe de realidad: que los planes no siempre se cumplen y que hay que vivir, y vivir bien.

Cuando vi que The 69 Eyes y D‑A‑D iban de gira juntos, mi primer pensamiento fue: “Pero ¿qué tiene que ver uno con el otro aparte del aire nórdico que llevan y que van a traer?”. Es que el nombre de la gira lo dice todo: Cowpunks And Glampires. A los Glampires (The 69 Eyes) los había visto hace 5–6 años en Alemania y, para sorpresa de nadie, la sala estaba petada de gente que suele llevar mucho encaje, polipiel, pintalabios negro, entre otras cosas. La estética de los Cowpunks (D‑A‑D) la establece el bajista Stig Pedersen. Si no me creéis (y si no lo conocéis), buscad por favor fotos suyas.

D‑A‑D: La potencia de un directo sin artificios

La noche del 18 de enero en la Mon Live empezó con D‑A‑D. Cuando los vi hace unos años en el Barcelona Rock Fest quedé impactada por su control del escenario. Cierto es que llevan muchos años tocando en directo y grabando discos, pero por alguna razón nunca llegaron a ser una de esas bandas “mainstream”.

Abrieron la noche con “Jihad”, una canción que data de 1989, del disco «No Fuel Left For The Pilgrims«, que contiene varios de los temazos más conocidos de los daneses y que también tocaron esa noche para el público madrileño (y alrededores).

Para mí, los momentos más esperados de esta parte de la noche fueron ver los bajos que trajo Stig y cuando tocaron “Grow Or Pay”, que durante un buen tiempo la llevaba escuchando en bucle. El arreglo que hicieron para esta canción en directo consistió en subir el tempo un pelín, algo que creo que sirvió para animar aún más a la gente.

Hablando de los bajos… Stig es famoso por sus peculiares bajos de dos cuerdas. Para esta ocasión llevó varios de su colección de bajos customizados, como el Iron Cross, el Rocket o el Reverse (probablemente el más peculiar de todos). Aunque para el público es un pasatiempo del concierto esperar, después de cada canción, qué bajo escogerá Stig para la siguiente, logísticamente debe de ser una pesadilla transportar esos instrumentos gigantes durante la gira. ¿Tendrá una funda especial cada bajo según su forma? ¿Es un bajo menos un bajo con solo dos cuerdas? ¿Habrá vida en Marte? Son algunas preguntas que ni el mismísimo David Bowie pudo contestar.

Entre los intentos del cantante Jesper por comunicarse en español y los “bailecitos” de Stig con sus pantalones cortos de piel, pudimos escuchar en directo temas como “Laugh ’N’ A ½”, “Sleeping My Day Away” y más hits.

The 69 Eyes: los Glampires toman Madrid

Tras un cambio casi total del equipamiento en el escenario, llegó el turno de los Glampires: The 69 Eyes. El grupo, que lleva con los mismos miembros desde hace más de 30 años, se mostró en plena forma.

Bajo su “cool look” de siempre, el cantante Jyrki mostró su lado casi sentimental diciendo que es más feliz encima de un escenario que en cualquier otro sitio, y estuvo todo el tiempo interactuando con el público de la forma más gótica posible.

Entre los clásicos como “The Chair”, “Betty Blue”, “Brandon Lee” y “Wasting The Dawn”, también tocaron “I Survive”, el single que sacaron hace apenas dos semanas y que también recibió una gran acogida del público. Uno de los secretos del éxito de los finlandeses, en mi humilde opinión, está en las letras y la estructura de sus canciones, tan cantables que después de dos vueltas ya se puede empezar a tararear el disco entero.

Los murciélagos terminaron su show con los hits “Framed In Blood” y, por último “Lost Boys”. Por cierto, la noche anterior en Lisboa fueron acompañados por Fernando Ribeiro de Moonspell en esta canción. Esperaba también una pequeña sorpresa para la parte española de la gira, pensando quizás que invitarían a un músico español… pero tristemente no ocurrió.

Hacia el final del concierto, el cantante Jyrki invitó a todo el público al Bar Lemmy y poco después le avisaron de que estaba cerrado. Entonces nos preguntó: “¿En este caso dónde nos vemos después del concierto? ¡Vamos a tomar algo juntos!”. Al final no sé si realmente salieron a tomar algo con los fans, pero incluso el gesto de mencionarlo fue simpático.

Después del concierto hablé con varias personas preguntando su opinión y, sorprendentemente (para bien), no hubo una opinión unánime: a algunos les encantó D‑A‑D y otros pensaron que The 69 Eyes estuvo mucho mejor. ¿Qué nos dice esto? ¡Que ambas bandas dieron un espectáculo de puta madre!

Texto: Tumay Irgas
Fotos: Tumay Irgas, Archivo H.M.B.

Reseña: Black Bomber «Heading To Hell» (Coedición 2025)

Heading To Hell” es el nuevo álbum de Black Bomber. Fue grabado, mezclado y masterizado a caballo entre mayo y septiembre del ya extinto 2025 en los estudios Infosound (Toral de Merayo, El Bierzo). Con un diseño gráfico de Gabriel Gallego y fotos de Marta Viña, el trabajo fue editado por Demons Records, Discos Macarras, Quebranta Records, Vinilako y Violence In The Veins. Forman la alineación berciana Javi LesPaul y Pedro Megatherion en guitarras, Isi Gallego en baterías, Julio Blackening al bajo y Migui Albatross tras el micro.

El tema título “Heading To Hell” ya deja clara la premisa. Un ritmo casi marcial, un riff sencillo pero con gancho, esa voz aguardentosa de Migui Albatross y mucho mal café. Un primer corte directo, pegadizo, con el bajo de Julio Blackening crepitando en todo momento y un solo hábil y efectivo. Al igual que con muchos cortes aquí presentes, no puedo decir que me sorprenda en lo que a composición se refiere. Tampoco que me desagrade o aburra el resultado. Al contrario.

Además porque la producción que entrega este nuevo trabajo está a la altura de las circunstancias, con la dosis justa de suciedad. Es algo que salta ala vista en esta más pesada “Lords Of War”, con la banda adoptando un avanzar más a medio gas y donde Migui Albatross parece más que cómodo. Sí que llama ahora mi atención la sarta de riffs que entregan Javi LesPaul y Pedro Megatherion. Es un corte, no obstante, algo constreñido por lo rácano de su duración. Sea como fuere, actitud no les falta y, por ahí, a uno no le queda otra que rendirse.

En “Whisky Priest” retornan esos ritmos más vivarachos. El riff, ahora sí, tiene un gancho de mil demonios. Y me gusta el modo en que Migui Albatross ha trazado estos estribillos. También lo altísimo que se encuentra ahora el bajo de Julio Blackening. Hay giros interesantes, también buenos coros o un punch más melódico camino del solo. Atractiva y bien construida, no obstante el corte más extenso de los once, son los Black Bomber más interesantes. Llevando su clásico sonido motörheadiano un par de pasos más allá y, pienso, saliendo airosos del envite.

De la más festiva “Rock´n´roll Today, Hangover Tomorrow” emanan no obstante unas guitarras más gruesas, que vienen a crear un curioso contraste con ese tono más desenfadado que deriva de la composición, en particular de su inequívoco estribillo. Es un corte de esos que entran a la primera y parecen creados con el directo como fin último. Aún pareciendo ese su propósito, aprecio los buenos riffs que dibuja. También el interesante solo que antecede al epílogo. Y aunque no sea esta una banda que destaque por liarse la manta a la hora de jugar con las estructuras, al menos aprecio cuando son capaces de construir cortes de tanto gancho como este. Fue uno de los adelantos y no cuesta entender los motivos.

Pero sin abandonar ese sonido clásico, sí que sorprende el prólogo de “The Hollow Soul” por la cierta épica que emana de él. Más cuando entra el riff de las estrofas, no muy lejano de unos Status Quo pasados por la coctelera Kilmister. Es por ahí que surge otro de los cortes más llamativos del álbum. Siempre entre dos aguas, entretenido y cargado de buenos solos. Donde parece que nada sobra ni tampoco falta. Otra de mis favoritas.

Y “You´re Wrong” no va a la zaga. De nuevo en la versión más trotona de la banda, me agrada la construcción de sus estrofas. También lo sencillo, directo, incluso lacónico de sus estribillos. Apenas tres minutos y medio de un rock bien construido, con el grado justo de mal café y donde anida un solo vistoso, quizá el más cuidado de todo “Heading To Hell”, amén de un epílogo descosido y de lo más juguetón. Puede que tú estés equivocado. Black Bomber desde luego no.

Rot In Jail” puede ser la más orgullosamente Lemmy de las once. Migui Albatross está especialmente grave tras el micro ahora, mientras que las guitarras trazan otro riff de no poco gancho, que parece posar sus miras en los Motörhead más primigenios, pero que se eleva en un tramo central con otro solo a la vez vistoso y lúcido. Un corte atractivo, si bien algo constreñido por los apenas tres minutos que marca en el reloj.

En “Politicians” primero juego a reconocer a los políticos, valga la redundancia, que suenan durante el prólogo. Los Aznar, Rajoy (es el vecino…), Zapatero, Trump… En lo estrictamente musical es otro riff ágil, solidario a una base rítmica bien empastada (atención al mayor brío en estribillos) y que en su crítica acerada y directa no oculta buenos detalles melódicos, amén de una (doble) ración solista de lo más vistosa. Otra de esas entregas directas y a la yugular tan habituales en los bercianos.

From The Ashes” casi parece más cerca del thrash más primigenio con ese avanzar casi marcial que despliega. Corte de revoluciones altas (¿Alguien dijo Rat-zinger?) y que, sin abandonar ese impulso tan Motörhead, ofrece un color algo distinto dentro del álbum. Y aunque no puedo decir que alcance a impresionarme, sí que aprecio de muy buena gana el solo de su tronco central. Mal café marca de la casa en cualquier caso.

Mad Dog” no le anda lejos a su inmediata predecesora. Me gusta la línea de batería que Isi Gallego propone aquí. También el duelo solista, tan Judas Priest, que ocupa su tronco central. Un corte breve, apenas dos minutos y medio, con la banda en un registro en el que parece de lo más cómoda.

Para el cierre queda esta “Debajo Del Bar”, con Migui Albatross virando ahora a la lengua de Cervantes para un último corte apoyado en el que puede ser el riff más diferente de todos cuantos caben en este nuevo trabajo. Un cierre cuya escritura se adhiere casi punto por punto a su canon habitual, con el añadido de su indisimulado guiño bien a Saxon (“Princess Of The Night”), bien a Metallica (“Seek And Destroy”) en la sección solista. Buen broche…

… para un álbum que no hace por esconder sus influencias más directas. Al contrario. Por ahí trabajos como éste no siempre resultarán del gusto de la mayoría. Orgulloso disco de género, me agradan esos (contados) virajes más thrash que asoman en varios cortes. La selección de riffs me resulta interesante, también la solista. Javi LesPaul y Pedro Megatherion brillan con luz propia en muchos momentos a lo largo del tracklist. Hay rock and roll, mala leche y poco lugar al sosiego. Derrochan actitud mientras construyen un discurso con tan pocas concesiones como preciso y directo. Que sea así por muchos años.

Texto: David Naves

Reseña: Ancient Settlers «Autumnus (Revisited)» (Scarlet Records 2025)

Poner pie en el pasado para afrontar el futuro. Ancient Settlers, cambios de formación mediante, fijan la vista en su primer Ep, aquél “Autumnus” con el que los conocimos allá por 2021 (reseña), aprovechando para presentar en sociedad una formación en la que la dupla Noelia Fernández Jiménez y Nia Creak lleva la voz cantante. Junto a ellas encontramos a Enric Juan al bajo, Rex Chiesa y Agustín Martínez en guitarras y finalmente Hermán Riera a los parches. Adornado por el arte de Khalipse, el Ep vio la luz a finales del pasado año vía Scarlet Records.

Al igual que aquél primer trabajo, la banda se ha tomado la molestia de colocar una pequeña “Intro” a modo de preludio. Aumenta ésta, en cierto modo, el impacto de “A Monument Restored”, que luce con nuevos bríos gracias a una producción más lustrosa y el buen apoyo vocal que ahora ofrecen Nia y Noelia. Colecciona riffs interesantes en estrofas, unos arreglos que buscan una cierta grandilocuencia y unos estribillos bien construidos y con gancho. Me sigue llamando la atención la buena sección solista, ese metal vivaracho y directo en que se apoya, y pienso aún hoy que puede pasar por uno de sus temas más redondos.

Die Around Me” resulta en cierto modo más agria y potente. Sin perder nunca el fuerte poso melódico de A.S., pero conduciendo su propuesta por caminos no del todo semejantes. La batería de Riera gana peso, los riffs se recrudecen y, contra ello, surge el buen juego vocal entre Nia y Noelia. Puede que en cuanto a riffs no llame tanto mi atención. Incluso que, a ratos, toda la faceta orquestal le gane la batalla a los componentes puramente metálicos de la mezcla. Pero cuando entran esos llamativos solos del epílogo, solo echo en falta un final que no fuera ese desangelado fade out.

Diamond Eyes” le cambia el paso al Ep. Sigue siendo aquél medio tiempo repleto de buenos detalles en el plano técnico que llamara mi atención hace ahora cinco años. El tiempo vuela, pero este corte se mantiene en ritmos pausados, con buenos riffs engarzando estrofas y unas voces en (casi) constante diálogo la una con la otra. Buenas alternancias surgen precisamente en esas estrofas. Y la banda da la sensación de estar más que cómoda a poco que las revoluciones suben. Si bien, como digo, esto no deja de ser en gran medida un medio tiempo. Bien construido, arreglado con gusto y ejecutado con el brillo técnico habitual de la banda. Despiden con una outro relajada, cadenciosa y no poco elegante.

Siguen en sus trece. Buenos recuerdos traen estas canciones de aquél primigenio Ep de una banda por la que, no voy a mentir, sentimos cierta predilección en esta casa. Siempre hemos seguido de muy cerca sus pasos (crónica) y pasar por este “Autumnus (Revisited)” era poco menos que obligado. Un Ep que reconduce aquellas canciones en lo que casi parece un reinicio para una formación a la que, parece, le cuesta dar con un line up estable. Sea como fuere, bien están pequeños trabajos como este para poner en alerta a los más despistados.

Texto: David Naves