Reseña: Lépoka «Dios Está Borracho» (Autoproducción 2024)

Quinto y autoproducido álbum de los castellonenses Lèpoka, que muy gentilmente nos han hecho llegar en un precioso digipack de dos cuerpos, cuidadosamente diseñado y al que remata un no menos detallista libreto. Integran la banda a día de redactarse estas líneas Jaume en baterías, Carlos Zaph en bajo y bouzouki, Dionis y Popez en guitarras, Dani Nogués en voz y coros y Zarach en gaita y flautas. Con programación, teclados y guitarras adicionales de Tato Latorre, “Dios Está Borracho” se grabó durante doce meses en La Sucursal con Sinuhé Roldán ejerciendo como asistente de producción. La ilustración, diseño y maquetación corresponden al Daeria Joel Marco (Argion, Sylvania, Dünedain, Reino de Hades…) y la fotografía a Javier Bragado. En la calle desde el pasado 23 de febrero.

Dios Está Borracho” supone un arranque jovial en forma pero comprometido en fondo. Se podría decir que divertida en lo musical y consciente en lo lírico. También breve, ni siquiera tres minutos de un hard heavy metal de fuerte poso folk. Buena producción, capaz de amalgamar las distintas líneas sin mayores desequilibrios ni idas de tono, véase el breve pero cuidado puente central, para una primera piedra de toque sencilla, directa y al pie.

Más cerca del medio tiempo, “Brindo Por Verte” alimentará las comparaciones, supone uno que inevitables, con los Mägo de Oz más ligeros. Ha sido otra de las cartas de presentación del álbum y por ahí presume uno nace quizá ese tono más liviano. Vuelve a destacar la buena producción de la meticulosa grabación, llevada a cabo en La Sucursal y que abarcó doce meses nada menos. Destaca el solo de violín del puente, en especial por las cuidadas armonías que lo apoyan. Sencilla, elemental incluso desde el plano puramente gramático, intuyo habrá hecho las delicias de sus correligionarios. Servidor, según el día, echa en falta algo más de nervio.

Un nervio que sí tiene “Dónde Vas” toda vez alcanza estribillos. La letra, que centra sus miras en esa nueva tribu urbana empecinada en llamar “generación de cristal” a todo aquél que se atreva a discrepar con su reaccionaria forma de entender los tiempos que corren, me resulta una de las más acertadas de todo el nuevo álbum. Pero más allá de estas consideraciones y teniendo en cuenta el material que tengo entre manos, me parece el corte perfecto para ellos. Diversa tanto en lo rítmico como en lo tonal sin dejar de resultar pegadiza, dibujando siempre la sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.

¿Dónde vas? No te molesta el sol de cara al caminar.

Para quienes vengan a “Dios Está Borracho” con ánimo de parranda, “Antes Del Amanecer” por sí sola podrá colmar sus ansias. Sin perder el foco lírico, imbrica su habitual heavy metal de melodías y arreglos más propios del lejano oeste, el inevitable banjo, eficaces a la hora de darle una personalidad muy especial a esta cuarta entrega, disociándola en cierto modo del resto del tracklist. Festiva y con un fuerte poso optimista soldado a cada acorde. Cien por cien Lèpoka.

A Las Calles” viene para dejar constancia de la faceta más nervuda de los castellonenses. Las guitarras ganan en gravedad, la base rítmica en presencia, apoyando una de las líricas más comprometidas de “Dios Está Borracho”. Pequeños guiños ska, Jaume percutiendo con firmeza, buenas melodías y arreglos, Dani Nogués en su versión más agria y un estupendo solo de guitarra como perfecto colofón. De mis favoritas, la cabra siempre tira al monte.

La Nit És Nostra”, donde cuentan con la inestimable ayuda de Adriá Salas (La Pegatina) y Artur Martínez (La Fúmiga), abandona el idioma de Cervantes para abrazar el catalá y mostrar, de nuevo, a unos Lèpoka en hábil equilibrio entre la rabia más acendrada de “A Las Calles” y su acostumbrado folk metal. Y he de decir que, barreras idiomáticas al margen, resulta una de las entregas más abiertamente pegadizas y por ahí memorables de todo el álbum. De esas que entran a la primera y anidan en tu subconsciente durante días.

Contando Al Andar”, con todo un José Andrea colaborando por ahí, entrega una letra regada de puro orgullo:

Donde hubo polvo, construiré montañas. No voy a echarme atrás

… y en efecto a ratos parece construida a medida del ex frontman de Mägo de Oz, que vuelve a exhibir aquí su característico registro, aquél que le llevó por escenarios de medio mundo. Es un medio tiempo al uso típico de Lèpoka. Cuidadoso en lo formal, en ningún modo sorprendente en lo que a construcción se refiere y donde echo en falta, quizá, un desarrollo algo más ambicioso. Como nota al pie, preciosa la localización donde se llevó a cabo la grabación del videoclip:

Me agrada la forma en que encaran “Un Año Más”. La diversidad que dibujan sus estrofas, amén de la manera en que engarzan los distintos estribillos. Y por ahí, la ágil línea de batería que traza Jaume tras los parches. Tejida con gusto, si bien desposeída quizá del gancho que poseen otras entregas de este quinto trabajo. Hábil en cualquier caso a la hora de jugar entre fiesta, nervio y candidez.

Claro que si la medida es la diversidad, puede ser “El Dorado” la que posea más cartas en este asunto. Conjuga, pienso que con pericia, a los Mägo de Oz más épicos, picotea más adelante con el reggae y fluye, esa es la palabra, hacia un estribillo que si bien un tanto atropellado, no podría ser más definitorio de la banda que lo ha parido. Construcción ágil, rodeada de buenos detalles en cuanto a producción y a buen seguro la que más peso ha adquirido con el correr de las escuchas, si bien vuelvo a sentir que al epílogo se le podría haber sacado algo mas de jugo.

La Misma Habitación” despide este “Dios Está Borracho” en tonos tranquilos, imbuida de una letra a ratos un tanto naif (después de todo, qué balada no lo es) pero donde caben igualmente pequeños gritos de corte antibelicista. No inventa la rueda el crescendo que acomete en su parte final, pero funciona. Eficaz para despedir este quinto álbum con un toque diferencial.

Ni mucho menos el disco más ambicioso que haya entrado por mis orejas últimamente y, sin embargo (o quizá por ello) una obra por la que siento un mayor apego que por aquél “El Baile De Los Caídos” de 2020. Breve, sí, poco más de media hora de música, pero ágil a la hora de amalgamar influencias diversas y teñir con ellas su habitual folk metal. Guiños ska, reggae, un banjo incluso y una banda que parece haber nacido tanto para divertir como para divertirse. Por ahí agradezco el compromiso de alguna de sus líricas primero y el buen trazo que exhiben cortes como “El Dorado” o el mayor nervio de “A Las Calles”. Por contra, siento que algunas canciones bien merecían desarrollos algo más ambiciosos. Con eso y con todo ¿agradará a los suyos? Quiero pensar que sí.

Texto: David Naves

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