Cita con el metal más crudo y groovie la que nos ocupó en la noche del sábado con las descargas de los locales Chamako Wey y los madrileños Caedis. Dos bandas de sonidos dispares pero raíces comunes, algo que quedaría patente a lo largo de la velada de manera más o menos explícita. Y, cabe decirlo mal que nos pese, un fiasco en cuanto a público. Fuera el frío, o tal vez la inminencia de las fiestas navideñas, lo cierto es que la sala Paseo Malecón presentaba un aspecto casi desolador.

¿Arredró esto a las bandas? Pues diríamos que nada más lejos. Telón de fondo mediante y cuando pasa un minuto sobre las nueve y media, Chamako Wey hacen suyas las tablas con la firmeza y la solidez que les caracteriza. Una formación a la que tenemos bien cogida la medida y de la que esperamos grandes cosas. Mientras llegan, siempre es agradable encontrarse con su metal fronterizo y cabrón.

Quizá lo haya dicho ya en otras ocasiones pero Dani Larriet parece haber caído de pie en el seno del quinteto. Su registro y la manera de enfrentar los temas, pienso, casa al milímetro con el thrash entre groovie y trotón de los langreanos. Los buenos coros de Jandro en “Sublevación”. Ese final más grave y pesado. Nos metieron en calor y no era fácil. Antes de “Fariseos”, el vocalista recordó las distintas procedencias de cada uno. En eso son si cabe aún más eclécticos que en lo musical.

No faltó ni el saludo a sus compañeros de Caedis ni tampoco la versión más acelerada y nerviosa que la banda entrega en “Terror Sonámbulo”, que terminan conjugando con un trazo más pesado y angosto. Teníamos relativamente reciente a Chamako Wey. Aquél bolo a media tarde en el último Karma Fest, y por ahí puede que echáramos en falta alguna novedad. Tiempo habrá. Porque, de todos modos, “Zombie Caníbal” desplegó uno de sus mejores riffs. También un cuidado solo por parte de Adrián “Mostro” Ojeda. “Indomable” sonó casi marcial, con Miguel Jiménez marcando el paso con su precisión habitual, pero es “Pendejos Fronterizos” en la que parece vislumbrarse una mayor química en el seno del quinteto.

Fue un set más corto que otras veces, que finalizó una vez más con el recuerdo a Brujeria que supone “La Migra”. O tal parecía, porque la banda aún tuvo a bien regalarnos una bola extra en forma de “Take My Scars”, original de Machine Head, cuando Jiménez descalzo una vez más aún a pesar del frío, ya se ponía los calcetines. Tan agradables y efectivos como de costumbre.

Había ganas de encontrarse con la buena gente de Caedis. Su “Opus Calamitas” pasó con nota por nuestras reseñas y el trajín de abalorios con que revistieron el escenario, el telón de fondo, los dos pequeños paneles laterales y muy especialmente el divino Crocotauro, sumaban puntos en lo que a puesta en escena se refiere. Alrededor de veinte minutos para las once cuando suena la intro y la banda trama un arranque pesado y rocoso, desde luego en cierta rima con sus compañeros de cartel.

Y es que a nadie se le escapa que existen lugares comunes entre chamakos y caedistas. Ayudó que el sonido estuviera por encima de lo que esta sala nos tiene acostumbrados, si bien a ratos el bajo de Guillermo González prevalecía por encima de las guitarras. En su forma de conjugar velocidad y pesadez, hubo momentos en que me recordaron a Horn Of The Rhino, estupenda banda vasca a la que perdimos para la causa hace ahora casi diez años.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, sensacional el baile entre registros que proponen en “Unleash The Crocotaur”, con un Carlos E. Serrano capaz de pasar de los tonos más oscuros a agudos imposibles con total naturalidad. El propio crocotauro abría la boca, nos bañaba en luz roja y expulsaba humo por su fauce. El nervio de temas como “Critical Hit”, que abre su primer larga duración, no faltó el sábado. Un corte que lució y de qué manera en su traslación al directo, dejando además uno de los solos más llamativos por parte del ex Holycide Miguel Bárez.

No sin cierta sorna, Serrano nos llamó a luchar por los pollaviejas, “esa especie en peligro de extinción”, a modo de introducción de una “Old Fashioned Tough Guy” que se agigantó con respecto a su encarnación de estudio. Y es que puede sonar a tópico pero esta es una de esas bandas que ganan una barbaridad sobre el escenario. Sería aquí cuando el propio vocalista, benditos inalámbricos, se daría un pequeño paseo hasta la barra. Más concretamente hasta una botella de whisky (¿se pueden decir marcas?) para ya de vuelta sobre el escenario darse un buen trago de tan preciado brebaje. Ya fueran los coros de Bárez mientras tanto o el guiño final a Félix Rodríguez de la Fuente, lo cierto es que parecíamos estar ante una más que óptima versión de la banda.

Aquí mandarían un agradecimiento a Chamako Wey por haber montado este Asturian Metal Conquest. Y, Larriet arriba de las tablas mediante, procederían con el “atraco” que supuso revisionar el “Edgecrusher” de Fear Factory, versión habitual chamaka. Vista la mucha concurrencia arriba del escenario, Bárez no dudó en perderse entre la gente. Pero sería en “Demise Of The Lord”, de aquél lejano Ep de 2015 “Rise Of The Crocotaur” donde Serrano dejaría alguna de las voces más gorrinas de la jornada. Y puede ser solo cosa mía pero desde luego que el solo de Bárez en “Retard Society” no pudo haberme recordado más al añorado Dimebag Darrell.

Curioso el speech de ESDLA adaptado a las tierras astures (“¡Hijos de Pelayo!”) y mucha la intensidad que de nuevo despliegan en “Into The Flames”. Puede que el intento de wall of death se quedase en eso, un intento, pero desde luego que los chicos supieron abonar el terreno de cara a futuras visitas. Rubricando un buen final se fueron con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Lo dicho, dos bandas de espíritu similar pero sonidos bien diferentes para una muy fría noche de (aún) otoño. Dos mil veinticuatro agoniza. Cuando pisemos enero quizá llegue el momento de hacer balance. Mientras tanto los escenarios nos demostraron, una vez más, que el rock son los amigos que haces en el camino. Vaya un saludo desde aquí para Txeffy, a los mandos de la nave durante la jornada, así como para ambas bandas y por supuesto a los habituales de siempre. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz