Reseña: TodoMal «Graveyards Of Joy» (Season Of Mist 2026)

“Graveyards Of Joy” es el tercer trabajo para el dúo castellano manchego TodoMal y representa todo un salto de gigante para la banda, al tratarse de su primer largo bajo el paraguas del macro sello francés Season Of Mist. Los multi instrumentistas Mile (Yskelgroth, ex Nahemah, ex The Heretic) y Wildman (Dejadeath, ex-Nexus 6, ex-Symawrath), éste último también a cargo de las voces, entregan nueve cortes grabados en Trinitat-Montseny, 7th Middle Street y Moontower Studios, posteriormente mezclados en Montseny Studios y finalmente masterizados en los Arda Recorders, de la vecina Portugal. Con Javi Bastard ocupado en grabar baterías y el registro de las distintas voces, el dúo contó además con el apoyo de Cecilia Tallo y Teodora Gosheva tras los micrófonos, así como de las guitarras acústicas de Darío Garrido. Adornado en su portada por la pintura “Ruïnes” del pintor del siglo XIX Lluís Rigalt, vio la luz a comienzos de julio en formatos cd, vinilo y digital.

Buenos arreglos ahondan en la pesadumbre de “Mare Ignis”. Un inicio clásico, tendido, bañado por coros cuidados primero, buenas voces limpias en estrofas después. Todo sucede quizá sin sorpresas, pero de un modo que me resulta muy elegante, muy natural. Es un doom que a veces tiende hacia la escena británica de principios de los noventa, cuando no a bandas nórdicas como pudieran ser los ineludibles Candlemass. Es en esos engarces entre versos, cuando resuenan las melodías de guitarra, que encuentro esa vena (algo) más épica y grandilocuente. Todo confluye hacia un epílogo exquisito, con las voces de Wildman acompañándose de coros casi oníricos. Un arranque muy clásico, muy eficaz.

“Lucid Nightmare” se recrudece en cuanto a riffs, carga con un mayor peso de su base rítmica y ahonda en esos arreglos entre lo grandilocuente y lo melancólico, lo apesadumbrado incluso. Es un corte que me atrae por la selección de riffs que muestra. Sin abandonar ese avanzar pesado, casi rocoso, construye un doom metal conciso, con visos a funcionar bien en directo, llamativo igualmente en lo que a voces se refiere, y que de nuevo se agiganta en su tramo último. Entremedias me agrada ese solo de su tronco central y el modo en que acompaña a Wildman primero y vuela libre después. Un solo desde luego lúcido para caminar hacia el, ya digo, poso más grandilocuente del epílogo. Con buenos coros y una producción inteligente. Ni que decir tiene que una de mis favoritas.

Luego “Point Of Coalescence” tiene un algo que me resulta más elegante. Un doom más de traje y corbata. Quizá sea la fuerza con la que irrumpe y el modo en que la línea de piano se contrapone a esa gravedad. O esa construcción tan ambivalente de sus primeras estrofas. Wildman, en todo momento, da la sensación de conocer muy bien sus fortalezas y también sus dobleces a la hora de encarar los distintos versos. Aquí resuena especialmente aletargado, apesadumbrado, llevado por una melancolía con una leve pizca de mal café. Así, esta tercera entrega conjuga esa épica desgastada tan propia del género con una elegancia en sus arreglos que la convierten, pienso yo, en otro de los grandes hallazgos de este tercer largo. Por poner un lunar, siento que al solo de guitarra que precede al epílogo bien se le podría haber sacado algo más de jugo. Con eso y con todo otro de los cortes con los que conecto en gran medida.

“Misericordiah” supone un pequeño alto en el camino. Pequeño impás reposado, tranquilo, de voces prístinas y guitarras acústicas. Muy cuidada en voces, elegante a la par que dramática y un perfecto punto de anclaje hasta “Unholy”, con el acostumbrado doom metal del dúo volviendo a esas raíces más noventeras. Es un corte que, aún con ese tiento tan clásico, se las arregla para sonar igualmente moderno, contemporáneo, con una producción y mezcla capaces de amalgamar las distintas líneas con todo equilibrio y cuidado. Me gustan esas melodías de guitarra que conducen al tronco central. Me resultan igualmente elegantes, apropiadas al tono general de la composición. Después Wildman está dejando alguno de sus tonos más altos de todo el álbum. Estupendo ese tramo final en lo que arreglos se refiere y, en definitiva, una estupenda dupla para despedir la cara A del vinilo.

“Deliverance”, corte más extenso de los nueve, parte desde la más pura calma de la acústica hacia la cara más grandilocuente del dúo. Un torrente de sensaciones emana de ese doom más ampuloso. Por eso sorprende cómo la composición vira de nuevo hacia la desnudez de esa primera estrofa. Todo el corte es un juego de contrapuntos entre esa cara más leve y la más rotunda, conformando un interesante diálogo entre intensidades. Una dualidad, sí, que la banda teje con sumo cuidado, de manera elegante, sin ahorrar en delicadeza ni tampoco en pegada. Luego en su tronco central surge un solo de guitarra, curioso por la forma en que la mezcla lo desplaza hacia el canal izquierdo, mientras la voz de Wildman resuena en el derecho. Imprescindible el uso de auriculares, claro. Todo cierra volviendo hacia la calma del prólogo, abrochando así el corte más ambicioso del álbum.

Porque luego “Humanised Gods”, aunque no me desagrada, sí que me resulta mucho más mundana. Fue una de las cartas de presentación de este “Graveyards Of Joy” y por ahí uno puede entender esa mayor formalidad con la que se desenvuelve. Lo que me agrada en cualquier caso es ese pequeño viraje hacia el post-punk más leve que parece abrazar. Lo distinta que resulta en cuanto a producción con respecto a la cierta formalidad tonal que envuelve al álbum. Un corte, en resumidas cuentas, que sin abandonar esa melancolía que envuelve a sus composiciones, deja entrever un poco más de luz.

El arranque acústico de “For Mercy” tiene algo que siempre me recuerda a los suecos Opeth. Nada extraño dado el background previo de Mile. Es otro corte algo a la contra del resto del álbum, con una curiosa desnudez, enclavada en su melancolía habitual, y que con el correr de las escuchas cada vez me recuerda más a aquél (fantástico) “Acoustic Verses” de los progresivos noruegos Green Carnation.

“Graveyards Of Joy” echa el cierre en claves mucho más reconocibles. Recupera aquella grandilocuencia de comienzos del disco, amplifica la pegada de su base rítmica y propulsa el tono con unas simples pero cuidadas líneas de piano. Wildman ofrece una estupenda última interpretación tras el micro. Siempre en esos tonos tan cadenciosos, tan entristecidos pero tan elegantes, para la que puede ser una de mis líneas de voz favoritas de todo el largo. Me resultan curiosos, eso sí, los coros que acompañan a este, pero no niego que le otorgan un rasgo muy característico a este último corte. Estupendo ese puente central y el tratamiento que reciben las guitarras ahí. Con eso y con todo un estupendo cierre, si me preguntan.

Todo bien. Son músicos de experiencia dilatada y se nota. Y si bien el sonido desarrollado en proyectos anteriores, pienso en proyectos tan interesantes como The Heretic o Nexus 6, poco o nada tiene que ver con el que ahora predican, desde luego se nota esa madurez, esa consciencia del material que tienen entre manos. Desde luego saben cómo construir doom metal elegante, distinguido incluso, que no pierde el pulso en lo que a drama y melancolía se refiere, permitiéndose no obstante picotear fuera de las fronteras del género, especialmente en lo que vendría a ser la cara B del álbum, construyendo por ahí un disco heterogéneo, trufado de buenos detalles y que, pienso, responde a las expectativas creadas tras su fichaje por una grande como Season Of Mist. Nada mal.

Texto: David Naves

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