“Red Hill” es el título del nuevo Ep de los getafenses Murmur, trabajo que viene a continuar donde lo dejara aquél “Pvtrefactio” (reseña) de 2022. Grabado, mezclado y masterizado por Víctor Saiz (Sun Of The Dying, Back To R’lyeh, Sechem…) en California Studios, el trabajo se compone de tres cortes que abarcan veintisiete minutos de música. Cuenta con arte de Azahara G. Martínez, quien toma inspiración de la obra fotográfica de Fred J. Segado. Ellos son Alexis González Lázaro (bajo), Kyle (batería), Fran e Igor Teterycz (guitarras) y Beatriz Benett (voz). El Ep vio la luz el pasado 6 de noviembre.

Desde la más pura calma emerge “Red Hill I – The Dead”. Y aún ahí, en ese tenue arranque, uno percibe el blackgaze que habrá de atravesar todo este primer corte, acentuado aún más si cabe por la irrupción de las primeras guitarras. Si algo tienen las composiciones que conforman este “Red Hill” es la calma, la naturalidad incluso, con la que la banda parece haber afrontado las distintas composiciones. Todo fluye de un modo muy natural. Sin requiebros de cara a la galería. Los cambios de ritmo, que los hay, se suceden de un modo muy formal. Ello no quita para que Benett esté especialmente agresiva a través de las primeras estrofas de este primer corte. Se suceden, como digo, buenos cambios de ritmo. Estos se apoyan en riffs que captan mi atención las más de las veces. Enérgicos algunos, desafiantes otros, adoptando aquí y allá pequeñas disonancias en pos, supone uno, de encontrar un sonido propio que les defina. Del puente que habrá de anteceder al epílogo emana una curiosa calma. Y finalmente uno piensa que parecen haber dado un paso de gigante desde aquél primer largo.
“Red Hill II – The Execution”, que “indaga en la relación directa de poder que ejercieron conjuntamente las altas esferas de la Iglesia y la dictadura franquista”, trae consigo riffs pétreos, que bien me podrían recordar a los belgas Amenra, al tiempo que constituye en primer término un acercamiento por parte de Murmur a los terrenos del sludge más atmosférico. Ahí cobra gran protagonismo el buen sonido y la cuidada producción que tiene este “Red Hill”. Composición tensa, por momentos agobiante, sólidamente apoyada en la fina base rítmica de Kyle y Alexis. Ese avanzar arrastrado deja paso a un puente apaciguado, anticipo de un tramo final con los chicos en su encarnación más agónica y desesperada. Estupenda.
“Red Hill III – The Calling”, en palabras de la propia banda, se trata del tema “más personal del álbum, una reflexión acerca del dolor y el odio”, y que representa el corte más extenso del Ep. Estupenda construcción del largo prólogo. Tejido, como es habitual, con sumo cuidado, sin prisas, y que a la larga supone el mayor acercamiento del Ep al post doom más contemporáneo. Después la banda recupera su cara más black, aquella que inundaba no pocos recodos de “Pvtrefactio”, y de forma elegante y precisa va construyendo un corte de esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas. Atravesando los distintos cambios de ritmo, los distintos géneros me atrevería a decir, Kyle traza una inteligente línea de batería. Tan precisa y desprovista de alardes como la propia composición en sí. La mano sabia de Víctor Saiz en la mezcla constituye todo un ejercicio de equilibrio aquí. No resta pegada en las partes más angustiosas ni tampoco fuerza en las más descosidas. Y corona con un coro casi angelical, contrapunto a la rabia y desesperación que dominan gran parte de este “Red Hill”. Gran cierre.
Murmur emergieron como nombre a considerar dentro de la escena extrema, hace ahora tres años, y “Red Hill” no es más que la constatación, palpitante y vívida, de aquellas buenas sensaciones. Tres cortes con gran personalidad, tejidos con sumo cuidado, redondeados por unas buenas ejecuciones y una producción, de Víctor Saiz, que ya trabajara con ellos en el álbum debut, que obra muy a favor de estos tres cortes. Un Ep que, da la impresión, ha sido meditado y cuidado hasta el más mínimo detalle. Y, en consecuencia, resulta todo lo efectivo que pretende. Gran trabajo.
Texto: David Naves