Reseña: Exsilyum «Aut Omnia, Aut Nihil» (Autoproducción 2026)

Exsilyum nace de la reunión entre Solarys Rey y Akyles Guerrero. Juntos nos traen un álbum debut de “metal existencial” compuesto por doce temas grabados, editados y masterizados por Leo Peña en el Jotun Studio.

La entrada al álbum no puede resultar más curiosa: tiene corpus de intro, claro, pero torna después en una composición de auténtico peso. Tras la narración del prólogo, “Aut Omnia, Aut Nihil” se atiene a un metal de corte moderno, con Solarys hábil a la hora de bailar entre tonos, pero con su voz (a ratos) llevándose por delante el resto de elementos presentes en la mezcla. La construcción de estas estrofas me recuerda, más de una vez, a los aún reivindicables Stravaganzza. Estribillos elegantes y un armazón que va del metal sinfónico más recargado a casi la desnudez total. Echando como echo en falta un solo más prominente en ese tramo final, resulta un arranque de lo más prometedor.

Herencia De Silencio” es más picante, vibra con una mayor fuerza. Y siento que la producción, en líneas generales, gana varios enteros aquí. La línea de voz de Solarys, y que me recuerda en más de un momento a Mónica Naranjo, tiene algo de juguetona. Ella está, claro, muy hábil al micro. Y lo mismo su registro se asemeja al de la cantante de Figueres que acoge, salvando las distancias, tonos casi flamencos. Es un metal enjuto, de guitarras crujientes, bien construido, de los que parecen tener el directo como principio y fin, cuya carga sinfónica nunca opaca al resto de líneas. Directa y aún así menos sencilla de lo que aparenta.

Conflicto” pasa por ser uno de los cortes más extensos del debut. Trae aparejado, además, la colaboración del actual vocalista de Avalanch José Pardial, quien a veces a la par, otras en solitario, doblará voces con Solarys para un metal que fluctúa finalmente entre el melódico y el sinfónico. Hay riffs más serviciales que picantes, una producción bien equilibrada y otra de esas construcciones llenas de buenos detalles. Aún con esa duración nada contenida, siento que buenas ideas, como ese puente tan desnudo que irrumpe en su tramo central, bien merecían algo más de desarrollo. Con eso y con todo, una tercera entrega que se eleva en su tramo final gracias, ahora sí, al buen solo que lo ocupa. Grandes voces y un metal de lo más elegante.

La Espera” parece ahondar en una mayor oscuridad durante su prólogo. Es un arranque un tanto cinemático, con la voz filtrada de Solarys sobre una reverberante línea de piano. Después hay riffs rocosos, una voz casi omnipresente, y una letra que busca una cierta universalidad en su modo de entender los sentimientos inherentes a todo ser humano. No es el corte que más me llama la atención en lo que a trazo se refiere. Pero la buena labor de producción, esos riffs tan frontales, el solo tan vistoso y hábil que sucede al puente, así como ese cierre llamativo por grandilocuente terminan por construir una de los ofertas más llamativas de este debut.

Mentira” amenaza, ya desde el prólogo, con conducirse hacia un metal más mecánico, que sin llegar al vértigo electrónico de unos Electric Callboy, sí que merodea sin miedo por el metal industrial más formal, con ese inconfundible patrón bombo – caja, y Solarys elevando su voz al cielo en estribillos. Es extraña elección como carta de presentación, de tanto en cuanto no parece representar del todo al disco que la acoge, pero es otra de esas que, no dudo, les funcionaría en sus directos.

Y Ahora Qué” gira bruscamente el timón. Con colaboración del músico, compositor y multiinstrumentista afincado en Sevilla Anthony Castle, supone una balada en su estado más puro. Apenas una línea de piano acompañado de la Solarys más distinguida y teatral. Me agrada la forma en que va dese la delicadeza hasta la ruptura. De los tonos más leves a los más afectados con total naturalidad. Un oasis en pleno corazón del disco.

Con “Fuego Bajo La Piel” estamos ante el corte más rácano de todo “Aut Omnia, Aut Nihil”. Una duración más reducida que se traduce en un viraje, creo que no falto de habilidad, hacia terrenos más melódicos. Medio tiempo acompasado, bien construido en lo puramente musical, pero donde detecto unos estribillos algo atropellados. Acompañada de una buena sección solista previa al epílogo, es cierto que me ha pasado algo desapercibida tras las distintas escuchas del disco.

El piano vuelve a comandar un prólogo. En este caso, el de esta “El Amor También Se Rompe”, donde a mi subconsciente retornan aquellos Stravaganzza de Leo Jiménez y Pepe Herrero. Un tanto más ambiciosa desde el plano puramente técnico, puede ser el de estas estrofas mi riff favorito de todo el largo, opta en cambio por unos estribillos más acomodados en lo musical pero donde Solarys está realmente fantástica. Un corte que irá ganando colmillo en su parte central, entregándose a un metal más vivaracho y contundente, roto después por otro buen solo de guitarra primero, por la calma de ese pequeño puente después. Francamente estupenda. Fue uno del par de adelantos y puedo entender muchos de los motivos.

Con “Clarividencia” regresamos al terreno de las baladas, pero nada o muy poco tiene esta que ver con la anterior “Y Ahora Qué”. Da la bienvenida la Solarys más tenue, dibujando con poco más que su voz y unos leves arreglos un largo prólogo. Bonito, no exento de una cierta tensión, y que se irá elevando de un modo muy natural, sin prisas, sin aspavientos, hasta que la batería busque otros rumbos a la composición. De construcción eminentemente clásica, ni esconde sus influencias ni busca ser aquello que no es. Fiel y leal a un modo de entender este tipo de composiciones y, por ahí, a buen seguro recolecta de tantas fobias como filias.

Absentia”, aún cuando arranca desde la más pura calma, enseña después alguna de las guitarras más gordas de todo el largo. Una afinación no lejos de bandas que merodean el djent como puedan ser Vola, Periphery, Monuments… para un corte que apenas deja de jugar con la expectativa del oyente, a un tiempo el más avanzado por trazo y uno de los más recargados en estribillos. Puede que Solarys no esté tan efusiva como en cortes precedentes. Más comedida, sí, pero al mismo tiempo bien integrada en el espíritu de esta décima entrega. Interesante por el modo en que amplía el rango tonal del álbum.

Por tono y construcción, no cuesta encontrar paralelismos entre el prólogo de esta “Ríndeme” y la anterior “Clarividencia”. Balada de voz sobre piano en primer término, producción mediante, acoge después un tono más épico y sinfónico. Hay momentos que me podrían recordar a los primerísimos Within Temptation, una Solarys que vuelve a dar lo mejor de sí (de nuevo merodea el espíritu de Mónica Naranjo por estas estrofas) y tramo final aliñado por otro buen solo de guitarra. Fácilmente mi balada favorita de las presentes en este debut.

El cierre “Caer” magnifica esa cierta épica que se colaba por el corte anterior. Es un medio tiempo de aires casi paganos, casi desnudo de guitarras en estrofas. Cuando estas acompañan a Solarys en estribillos, de nuevo junto a esa carga sinfónica tan bien equilibrada, lo harán con cierta timidez primero, con más fuerza después, construyendo por ahí un corte hábil, el más extenso de los doce, con la depresión como trasfondo. Solarys acomete unas voces cada vez más teatrales en este final, bailando arriba y abajo con su registro para trazar una de sus mejores líneas de voz. Potente, epílogo, remate y broche por todo lo alto al debut del dúo.

Un primero disco que tiene de todo para satisfacer a los fans del sinfónico, también del melódico, y que en su (casi) una hora de duración picotea aquí y allá buscando construir canciones con personalidad, ricas en influencias y producidas (salvo algún detalle puntual) con todo mimo.

Solarys ha trazado grandes líneas de voz. Y aunque sea un disco más de canciones que de riffs, cierto que hay unos cuantos que han logrado captar mi atención. A ratos echo en falta una mayor presencia solista, pero la dupla Ángel Gómez & Álvaro Ruiz suma con los distintos solos que han dibujado a lo largo del disco. Tonos que van del sinfónico más en boga a tontear con el industrial más leve o el djent más casual. Todo sin perder el foco ni la personalidad en unas canciones, las más de las veces, bien construidas y mejor arregladas. No las tenía todas conmigo en una primera escucha (algo distraída) pero este es un trabajo de esos que ganan peso siempre que regresas a ellos. Trufado de detalles y buenas ideas y que habrá que ver si se queda en este mero ejercicio de estilo o, por el contrario, tiene continuidad en un futuro. Aquí somos todo oídos.

Texto: David Naves

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