Reseña: Crusade Of Bards «Tales Of Distant Worlds» (NoCut Entertainment 2026)

Tercera entrega en la trilogía que los sinfónicos madrileños Crusade Of Bards iniciaran allá por 2019 con aquél “Tales Of Bards & Beasts”. A aquél debut le siguió, tres años más tarde, “Tales Of the Seven Seas” para luego entregar el Ep “Her Scarlet Bouquet” allá por el pasado mes de junio y, finalmente, este «Tales Of Distant Worlds« que hoy nos ocupa. Integran la banda Eduardo Guilló (Sun Of The Dying) y Eleanor Tenebre en voces, Paolo Andreotti (Dreamyth, Sechem) en teclado y coros, Jorge “You” Homobono (Sechem) en baterías, Marc Brode (Baumbart) al bajo y Matteo Tommasino en guitarras. Los doce temas que componen esta nueva entrega fueron producidos, mezclados y masterizados por Dani G. en sus Estudios Dynamita y puestos en circulación a través del sello alemán NoCut Entertainment.

Dea Tacita” es una pequeña introducción, de tono entre oscuro y épico, perfecta para imbuir al oyente del tono general que impregna este nuevo álbum. Abre el paso a la gravedad con que las primeras estrofas de “The Silent Goddess” reciben al oyente. De entrada un buen trabajo en voces, el registro grave de Guilló contraponiéndose al más operístico de Tenebre. Me gusta el trazo tan diverso que muestra este primer corte, si bien es cierto que el desarrollo se me queda algo escaso. Esa duración algo contenida, de todas formas, no obra en contra de la sección solista. Ocupa el puente previo al epílogo y siento que funciona. Con eso y con todo, me deja la sensación de que se le podría haber sacado algo más de jugo.

Luego “Sorginak” propone a los Crusade Of Bards más épicos y grandilocuentes. Buena labor de Dani G. a los mandos de la máquina, solo faltaba, y otra de esas alternancias vocales que tanto gustan a la formación madrileña. Hay buenos riffs bajo estas estrofas. Y aunque el estribillo no me haga tanto tilín como otros tantos dentro del disco, sigue siendo un corte cuyo trazo me agrada en gran medida. Me gusta esa sensación de urgencia que la banda muestra luego del puente, el mayor nervio que adoptan en ese tramo final y el modo en que toda la carga sinfónica gana peso en ese tramo final. Aún cuando ya digo que su estribillo no me acaba de entrar, un corte que me agrada de todas formas.

Por esa senda profundamente sinfónica continúa “The Great Unknown”, con Eleanor Tenebre dejando buenas voces en ese grandilocuente, casi mayestático prólogo. Matteo Tommasino recrudece su guitarra aquí. Y es curioso pues el corte toma luego una senda tranquila, casi relajada y desnuda, con la frontwoman en sus registros más amables. Encrucijada de voces limpias, bien apoyadas por la carga coral, todo se recrudece camino del tronco central, El contraste que ahí se produce me resulta el mayor de los aciertos de esta cuarta entrega. Dicen que este se trata de su trabajo más, en cierto modo, intimista. Y desde luego que puede ser éste uno de los temas que más pasos da en ese sentido, sin por ello abandonar (ni mucho menos) su habitual metal sinfónico.

Curator’s Lair” propone de entrada un mayor nervio para después plantear un interesante, hábil incluso, juego entre tonos. Muy buenos engarces entre los distintos registros, culminando en un estribillo apaciguado pero con cierto gancho, bien apuntalado por una producción que no deja instrumento en el tintero. Sin tampoco gozar de una duración exagerada, resulta el corte más extenso de esta primera mitad del álbum. Algo que viene a favorecer, pienso yo, algunas de las ideas que la banda propone aquí. Todo se conduce sin estrecheces, desde los buenos versos de las estrofas hasta los mencionados estribillos. Y aunque los riffs de Tommasino sean más serviciales que brillantes, bien está la forma en que la banda desarrolla un metal más punzante, especialmente en lo tocante a voces, durante el agrio tramo final. Estupenda.

Tommasino sí creo que está aportando buenos riffs en “Her Scarlet Bouquet”. Con especial atención al que coloca en el mismo prólogo de este, de nuevo, interesante baile tonal. Desfile de buenas líneas de voz para uno de los cortes más ricos, en esta faceta, de todo “Tales Of Distant Worlds”. Medio tiempo, a ratos delicado, a otros agrio, enrabietado incluso, que aún con eso se las arregla para sonar extrañamente homogéneo. Si acaso, echo en falta un mayor despliegue solista en un tramo final que termina por resultar algo desangelado.

El disco se toma un pequeño descanso con la breve, folkie y tranquila “November’s Ode”. Eleanor Tenebre en solitario para un corte llamativo en su propia desnudez. Conduce hasta una “Petroglyph” donde Crusade Of Bards parecen guarecerse tras el manto de los mejores Symphony X. Y aunque luego el corte tome otros derroteros, mi mente siempre vuela hasta el fantástico “V: The New Mythology Suite” con solo escuchar ese prólogo. Por lo demás es un corte que se adhiere a las grandes líneas maestras del sexteto radicado en Madrid. La preponderante carga sinfónica, la alternancia vocal, el peso que otorgan esos coros y, en este caso, los buenos riffs de un inspirado Matteo Tommasino. Hay voces rotas, cargadas de una cierta melancolía, con Eduardo Guilló recordando más que nunca su desempeño en Sun Of The Dying, amén de un epílogo que sorprende al intercalar tonos más amables. Otra de mis favoritas de este nuevo trabajo.

Alba Livida” parte desde un arranque muy tímido para después erigirse en otra de las propuestas más redondas de este tercer largo. A full Epica / Nightwish toda vez supera ese inocente prólogo, todo me funciona aquí. Desde el baile entre registros de Guilló hasta la forma en que Eleanor Tenebre contrapone sus tonos más amables. Ninguna sorpresa a estas alturas del tracklist pero pienso que especialmente conseguido aquí. Hay baterías rápidas de Homobono bordeando el blast beat, riffs no solo serviciales, llamativos cambios de ritmo… y una producción capaz de ofrecer pegada en las partes más crudas y arrullo en las más tranquilas. Banda y productor, da la sensación, se conocen bien y se nota, ya lo creo.

Estupenda conjunción de voces limpias la que ofrece esta postrera “Laniakea”. Diría que es el máximo valor de esta décima entrega, pero no quisiera olvidarme de la buena labor que está haciendo Homobono tras baterías. Sin excesos pero aportando cierto brillo. Luego el corte alcanza su tramo central y todo se recrudece. Por ahí siento que funciona el (pequeño) solo de Tommasino. Se le puede achacar lo predecible de su trazo, corte adelanto en lo bueno y en lo malo, pero no me resulta un tema desechable en ningún caso.

Para el tramo final queda una “LaniakeaAn Ocean Between Us Part IV – Waterdeep” cuyo bronco inicio se desarrolla sobre otro estupendo riff de Tommasino. Buena conjunción de voces limpias en esas primeras estrofas y un corte que, llegado a estribillos, ejemplifica la progresión, la madurez, incluso la seriedad que esta banda ha ido adquiriendo desde aquél debut de 2019. Es una composición relativamente breve, no alcanza los cuatro minutos, pero funcional, eficaz, abrochada porno un curiosísimo epílogo.

El cierre “Ten Steps To The Gallows”, no obstante corte más extenso del tracklist, arranca desde la más pura calma para después moverse, con alguna que otra sorpresa, entre la balada y el medio tiempo. Me gustan esas acústicas que acompañan a la voz durante el largo prólogo. Esa producción tan desnuda. Luego todo toma derroteros más abruptos, más rotos, épicos incluso, en un baile entre tonos que despide finalmente este tercer trabajo con la composición más atrevida por diferente.

Mi sensación no es tanto de fin de ciclo como de que la banda ha adquirido una cierta madurez aquí. Son una formación aún joven y el margen de mejora es amplio. Por ello, que entretanto hayan firmado un buen álbum como este, creo que dice mucho de la formación madrileña. Buenas composiciones y una producción que entiende (así lo siento) a la perfección el material que tiene entre manos. Disco de género, sí, pero con la suficiente personalidad, guiños y requiebros como para no resultar uno más entre tantos. El sinfónico parece un género al alza y Crusade Of Bards han venido con todo a por su parte del botín.

Texto: David Naves

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