Reseña: Acid Blizzard «Opened Sesame» (Quebranta Records 2026)

“Opened Sesame” supone el primer largo en la trayectoria de la formación stoner asturiana Acid Blizzard, la banda que integran Jim Connelly en voces, Pablo Regueiro en baterías, J. Prado y Nacho Arteaga en guitarras y Berto González en bajo. Son ocho temas grabados en los Kathedrale Studios (El Berrón) con producción de Álex Castro Andrés y Gonza Wiplash. De aquellas grabaciones resultaron unas pistas que serían finalmente mezcladas y masterizadas por Juan Martín Van Keulen. En la calle desde el primero de octubre vía Quebranta Records.

“Black Sequin” abre con brío, nervio y la sensación de que el sonido de la producción ha ganado en pegada y fuerza a la de el Ep de 2024 “Sleepless” (reseña). Es un rock vibrante, sencillo en el trazo, directo y de fácil digestión. Un opener, con Álex Castro a cargo de los sintes, que casi parece una llamada atención, y que en ciertos momentos me recuerda al trabajo de otros asturianos, el trío Ballbreakers. Estupendo estribillo, por cierto.

“Paid It Twice” viene entonces para poner cierto acento sureño a la propuesta del quinteto. Un largo y tranquilo prólogo, construido sin prisas ni apreturas, con Jim Connelly poco más que declamando al micrófono. Después vuelve esa cara más stoner y rasposa. También un mayor nervio. Y se produce ahí un doble juego entre voces y guitarras de lo más cuidado. De nuevo con Álex Castro a bordo, es un corte que me engancha por esa construcción tan diversa. Los mil y un recovecos que recorre. El modo en que acierta a jugar con los distintos ritmos e intensidades, acertando del mismo modo cuando reina la calma o irrumpe de pronto la tormenta. Buen juego de equilibrios y uno de los temas más sólidos de todo “Opened Sesame”.

El de “Gardens” es un riff que no desentonaría en unos Black Sabbath de los setenta. A él, voces mediante, amarran su cara más alucinada para construir, finalmente, un corte de gran personalidad dentro del álbum y, quizá, aquél que más me recuerda al Ep de 2024. A ese poso más alucinado contraponen descargas de rock rugiente aunque extrañamente pegajoso. Otro corte construido a fuerza de resonar entre el rock alucinado y el crujir de guitarras, coronado por un tramo final no exento de una cierta grandilocuencia, donde de nuevo se deja sentir la colaboración de Álex Castro, y que viene a hablar muy bien de esa mejora en cuanto a producción que comenté más arriba. Estupenda

El prólogo de “No Big Drama”, entrega más extensa de las ocho, tranquilamente lo podrían haber firmado los chicos de Green Desert Water. A él suma su armónica Gary Parfitt mientras la banda transita por terrenos tranquilos, poco más que en un arrullo, acompañando a la buena línea vocal de Jim Connelly. Aquí me agrada el modo en que la composición transita hacia el tramo central. Ahí tal vez eche en falta un solo de guitarra más ambicioso. La banda se mantiene siempre en esa cierta tensión mientras la producción amplifica las voces, las guitarras se recrudecen y Pablo Regueiro vibra tras baterías. Seguramente la que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

“The Shack” recoge el guante en cuanto a esa calma y tranquilidad para luego confrontarla a la cara más alternativa del quinteto. Otro de esos cortes profundamente bipolares en los que tan bien se manejan. En los engarces entre las distintas partes surgen buenos dibujos de guitarra, siempre sobre una tendida base rítmica. Todo fluctúa entre ese aparente control y un cierto caos. Entre lo onírico y lo terrenal. Después alcanzan el tramo final y vuelve la cara más crujiente de los chicos, rubricando un epílogo distorsionado, roto, casi quebradizo. Otra de mis favoritas.

La más pequeña “Obtuse” deja de entrada un riff con un gancho de mil demonios. Ahí, y mientras me sobrevuela el nombre de Monster Magnet, en la interpretación de Jim Connelly incluso, siento que esta parece una de esas entregas pensadas con el directo como fin último. Aunque por trazo no me resulte el corte más atractivo de este primer largo, a día de hoy pocos riffs tan juguetones como estos habrá dispuesto la pareja Arteaga & Prado.

“Influency”, último de los cortes en contar con la inestimable colaboración de Álex Castro, arranca desde un prólogo terriblemente tranquilo, casi floydiano, algo a lo que contribuye el tratamiento que la producción otorga a la voz de Connelly. La de los Porcupine Tree pre “Fear Of A Blank Planet” puede ser otra de las rimas que arrastra esta penúltima entrega. Delicada y alucinada, de nuevo poseedora de una gran personalidad dentro del álbum, entre la balada de tintes psicodélicos y la gravedad del stoner rock, puede ser el corte con el que más conecto de los ocho. Todo me funciona. Desde la estupenda línea de voz al trato otorgado a las guitarras o ese trazo en crescendo, tan natural, tan bien medido, que conduce hacia su clásico epílogo. Francamente estupenda.

“All In A Maze”, al menos en esa larga primera mitad, puede ser lo más heavy que esta banda ha sonado nunca. Hay un tiento casi maidenesco (era Di’Anno) imbricado en su habitual stoner / hard rock. Un cierre directo, con nervio, que parece buscar una conexión con aquella misma pegada con la que “Black Sequin” abría el disco. En su tramo central no obstante irrumpe esa vena más puramente stoner, cuidadosamente adornada por buenos detalles solistas, y que confluirá en un epílogo extrañamente tranquilo y apagado. Un gran final.

Es un disco realmente interesante y llamativo. Sobre todo por el modo en que la banda, a fuerza de combinar hard rock, stoner, blues, psicodelia e incluso un pequeño acercamiento al metal, logra que cada uno de los ocho cortes sea dueño de una personalidad única dentro del álbum. Un viaje que, no obstante, redunda en un trabajo extrañamente homogéneo. Creo que la banda ha dado un paso de gigante con este primer largo, confirmando las buenas sensaciones de aquél Ep de 2024. La escena asturiana no deja de crecer.

Texto: David Naves

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