Reseña: Devil’s Train «Devil’s Train» (Fireflash Records 2026)

La actualidad nos atropella pero a veces tampoco está mal echar un vistazo al pasado. Los hard rockeros Devil’s Train reviven su álbum debut de 2012, lo que representa una oportunidad tan buena como cualquier otra para volver sobre aquellas canciones. La banda que lidera R. D. Liapakis (Mystic Prophecy) en voces entrega ahora una cuidada edición en vinilo al tiempo que presenta una formación con Jörg Michael (ex Stratovarius) en baterías, Jari Kainulainen (Masterplan) al bajo y Lakis Ragazas en guitarras. Distribuye Fireflash Records.

Lo que no te esperas es esa bienvenida armónica mediante. Quizá tampoco esas guitarras tan crujientes. De algún modo, en “Fire And Water” y toda vez Liapakis pone su registro en primer término, todo acaba encajando. Hard vibrante, directo, sin complicaciones y donde las ataduras estilísticas no dejan de funcionar en pos del clásico empaque final. El curioso puente antes del solo, y el solo en sí mismo, redondeaban una crujiente entrada a este revivido debut de 2012.

Luego “Devil’s Train” engaña con esos tonos más sureños del prólogo. Pequeño escorzo por donde venía a colarse la cara más chulesca del cuarteto. Un Liapakis comodísimo al micro, afianzaba unas estrofas bien armadas, a tiempo de llegar a unos estribillos, y un modo de construir los temas, que a ratos me recuerda a los primeros Guns N’ Roses. Excelente labor de Jörg Michael tras los parches, nadie esperaba menos, y una buena sección solista como remate. Me funciona.

“Roll The Dice”, aumentaba el brío, se arrimaba al heavy metal más casual y, con un bajo ahora muy arriba en la mezcla, acertaba a concitar esa cara más vibrante de la banda. Me gustan esos diálogos entre voz y guitarra que adornan las estrofas, el modo en que la producción acertaba a equilibrar cada línea presente en la mezcla y, como digo, ese mayor nervio que impregna a esta tercera entrega.

“To The Ground”, corte más rácano de la docena, pasaba por ser también uno de los más pesados y groovies. Hard de guitarras gruesas, quién dijo Black Label Society, y aunque eche en falta un registro más oscuro por parte de Liapakis, sí me agrada ese solo acorde a esos tonos más arrastrados y fangosos. Un corte hábil, en definitiva, a la hora de ampliar el rango tonal de aquél debut.

No puedo echar a rodar “Forever” sin recordar, casi de manera automática, aquél “Run To You” del yerno que toda madre querría para su hija: el bueno de Bryan Adams. Y es curioso pues toda vez supera su prólogo, en poco o nada se parece ésto al imborrable clásico del rockero canadiense. Balada que iba tornando en rock crujiente, muy ochentas, con un deje ahora más nostálgico y un rango melódico muy bien construido. Toda la construcción hacia el solo me resulta francamente estupenda. Puede ser, sin mucho esfuerzo, mi favorita de esta primera mitad del disco.

Luego “Sweet Devil’s Kiss” regresaba a aquellos Devil’s Train más crujientes de comienzos del álbum. Un hard de nuevo apoyado en guitarras gruesas, con Liapakis recordando más que nunca su labor al frente de los heavies Mystic Prophecy, sin por ello dejar de desprender un poso más chulesco y macarra. El solo de guitarra que plantaba sus reales antes del epílogo puede ser uno de los más lúcidos de todo el debut. Un corte algo más previsible en cuanto a trazo pero no falto de gancho y pegada.

El de «Find New Love” puede ser uno de los riffs más curiosos de todos cuantos la banda dispuso aquí. Es uno de los cortes que, además, más llama mi atención en lo que a trazo se refiere. Un hábil juego tonal entre los Devil’s Train más rocosos y los más melódicos, de lo que resultaba no solo el corte más extenso del disco sino, pienso, uno de los más interesantes desde el plano puramente técnico. Escucha ese solazo de guitarra y dime que no.

Deslenguada y vibrante, “Room 66/64” nos devolvía a esos Devil’s Train vibrantes, metálicos, concisos, con un Liapakis muy heavy y Jörg Michael insuflando todo el nervio posible a este hard rock potente y descosido. Eficaz en estribillos y con hechuras de funcionar como un tiro de cara al directo, portaba además otro estupendo solo de guitarra, tan acelerado como el corte al que da lustre. Me agrada no poco.

“Coming Home”, porque como en casa no se está en ningún sitio, es otro corte construido algo a la contra del resto del tracklist. Un poco como la anterior “To The Ground”, la banda introducía aquí otra composición que funcionaba más por el contraste que venía a ejercer con el resto de canciones que por sus propios méritos. Y no es que portara malas estrofas pero sí que siento esos estribillos un tanto apurados, encorsetados, desluciendo (en parte) esta novena entrega. Esa duración tan comprimida (algo más de tres minutos) y un solo apenas decente, tampoco ayudaban.

Pero “Yellow Blaze” tenía un nosequé que le funcionaba al combo multinacional. Primero lo llamativo de ese riff del prólogo. Luego el buen trazo que exhiben esas estrofas, Liapakis de nuevo muy heavy aquí, y esos coros tan marcados de los estribillos. Del mismo modo, me agrada el solo en sí mismo pero también el trazo tan hábil en que se apoyaba. De lo más redondo de este tramo final.

“The Answers” se mostraba hábil a la hora de conjugar la balada y el medio tiempo. Tenía riffs directos en las partes más vibrantes y guitarras casi prístinas en las más tranquilas, acertando a la hora de bailar entre un tono y otro. También un Liapakis que jugaba más que nunca con sus registros aquí. El solo, quizá uno de los más heróicos de todo el debut, me parece estupendo. Otra buena entrega.

El cierre era para “American Woman”, versión, sí, del clásico de los canadienses The Guess Who, convenientemente tamizada para la ocasión y lejos, claro, de la que ya registrara en su día el neoyorquino Lenny Kravitz. Anecdótica y poco más.

Lo que ahora, por fin, ve la luz en formato vinilo pienso que es un buen debut. Canciones en su mayor parte directas, de guitarras crujientes y que, pienso ahora, no han perdido vigencia en los años transcurridos desde 2012 a esta parte. El desempeño solista brilla en muchos de los cortes, el tono general es bastante diverso, yendo del hard más crujiente y rocoso a pequeños (leves) escarceos con el metal mientras Liapakis, o al menos esa es mi impresión, disfruta y no poco al micro. Súmale una producción vistosa y equilibrada y tienes una factura final más que notable. Puede ser una nota al pie en las trayectorias de unos y otros. Pero sea como fuere, es un disco entretenido, divertido y muy rockero que ahora puede ser tuyo en un llamativo vinilo de color rojo. Para qué quieres más.

Texto: David Naves

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