Agosto va tocando a su fin y con él, uno de los festivales más y mejor arraigados de todo el panorama asturiano, no otro que el Unirock de Puerto de Vega, que vino a reunir en su edición de 2023 a La Tarrancha, Vhäldemar, Saratoga y Escuela de Odio. Estas dos últimas formaciones, cumpliendo nada menos que treinta años de trayectoria. Que no está mal.

Inclemencias del tiempo dieron al traste esta vez con el habitual recorrido por la localidad del llamado «Tributo Al Rock«. Sea como fuere y para cuando alcanzamos el recinto, la climatología no podía ser más adversa para una tarde de verano. Y dio igual porque la carpa del festival presentaba un aspecto a rebosar. Allí que estaba el mencionado tributo animando a la concurrencia mientras las distintas bandas probaban sonido. Metallica, The Cult, Ghost, Pearl Jam…. de todo y para todos dentro de una de las señas de identidad del evento año tras año.
El reloj apenas marca las 20:30 cuando la agrupación de ska-fusión La Tarrancha toma el escenario principal del Unirock. La banda, esta vez en formato septeto, inunda todos los rincones del pueblo de espíritu reivindicativo y ritmos bailables para conseguir una gran acogida por parte de una audiencia del todo receptiva a su propuesta.

Una propuesta que puede resultar poco afín al tipo de géneros que tratamos en estas páginas. Lo cierto es que pese a lo numeroso de su puesta en escena, el sonido que se puede percibir frente al escenario difícilmente podría ser mejor. “Unirock ye sinónimu de ilusión” proclama su líder Delfo. A tenor de lo bien que se dio la jornada, también de profesionalidad.
Ni siquiera el hecho de acudir a la cita con su “batería suplente” tras los parches aguo el buen hacer del combo asturiano. Alegres pero contestatarios, ahí queda su apoyo a las 6 de la Suiza, tan aguerridos como risueños, armados con su habitual espíritu crítico y propiciando los primeros bailes de la jornada. Con la lluvia, además, dando tregua, lo que al llegar nos pareció apuntaba al desastre, empezó a ser visto con mejores ojos.

Son las diez cuando Pedro J. Monge y su banda salen al escenario grande del Unirock. Esta vez en formato cuarteto y con toda la intención de seguir confirmándose como una de las bandas más atractivas del actual panorama heavy metalero estatal. Siempre con el indomable Carlos Escudero al frente y buenos temas como el inicial “Death To The Wizard!”.
Los de Barakaldo le echaron ganas y arrojo a la cita. Tirando de clásicos y fiando gran parte de su actuación a los siempre flamígeros solos de Monge y al carisma de Escudero, quiso el vocalista no obstante acordarse de Manu Monge, el Oso, hermano de su compañero guitarrista, fallecido hace ahora un año. Fue la nota emotiva dentro de un show que, más allá de eso, se condujo por los cauces habituales en la banda baracaldesa.

Esto es: heavy / power metal ardiente y cortes tan efectivos como “Metalizer” o “Fear”, con el bajista Raúl Serrano acompañando a Escudero en tareas vocales. Viene siendo habitual que al inquieto vocalista se le quede pequeño todo escenario que pisa. No fue menos en su visita al Unirock de este año donde, inalámbrico en mano, no dudó en perderse entre la concurrencia, aprovechando para presentar al resto de la banda.
Siempre ingobernable, ni siquiera dudó en arrebatar la guitarra del propio Monge y amagar nada menos que “Kingdom Come” de Manowar. Echao pa’ lante como pocos frontman de nuestro territorio. De hecho el final, cómo no con la ineludible “Energy”, daría con los huesos de Escudero sobre las barras del festival. Nos supo a poco, apenas sesenta y cinco minutos, pero lo disfrutamos como siempre.

Eran las once y media cuando las huestes de Niko del Hierro irrumpían en escena para con “Tras Las Rejas” confirmar que parecen en mejor forma que nunca. La banda, que como ya sabréis completan Jero Ramiro a la guitarra y Tete Novoa al micro, venía con su nuevo batería Arnau Martí, quien a tenor de lo visto el sábado, parece llevar toda una vida en la agrupación con base en la capital.
Y es que Saratoga arremeten con “No Sufriré Jamás Por Ti” o la más clásica “Maldito Corazón” y todo parece ir sobre ruedas para ellos. Siempre ha sido el tipo de banda que se crece en comparación a sus distintas encarnaciones en estudio y la cita de Puerto de Vega no fue una excepción. Puede llevar dieciséis años en el seno de la banda que aun así siempre algún despistado (por no llamarle otra cosa) que grite el nombre de Leo Jiménez. Lo cierto es que su sucesor en el cargo se vació en el escenario del Unirock mientras lidiaba con líneas de voz, en buena parte de los casos, nada amables. Sirva la poderosa “A Sangre Y Fuego” como ejemplo.

Tras ella, había que coger algo de aire, Saratoga dejan una “Lejos De Ti” que conduce, a su vez, al primero de los solos, en este caso de su batería Arnau, con el Noctem o Rebel Souls destapando el tarro de las esencias que diría un clásico. Aunque para clásico, “Las Puertas Del Cielo”, uno de los cortes con mejor acogida de la noche.
La nota íntima de la noche la pondría el propio Novoa invitando a una pareja a subirse al escenario para una “Si Amaneciera” que vino a poner la segunda nota calma del set. Decisión que, al menos donde servidor se encontraba, generó todo tipo de opiniones.

Imprevistos estuvieron a punto de aguar “Vientos De Guerra”, que la banda detuvo para retomar desde el principio, esta vez sin mayores complicaciones. Lo cierto es que la parte final del show no sería fácil para ellos. Diversos problemas con la guitarra de Jero y también el bajo de Niko estuvieron a punto de dar al traste con el set justo en el punto que se suponía culminante.
Casi es una obviedad decir que esta es una banda sobrada de tablas y que tampoco la cosa fue a mayores. Ese final con “Resurreción” donde Tete se da su particular baño de masas da buena fe de ello. Podrán gustar más, podrán gustar menos pero rara es la vez que fallan.

La banda de hardcore originaria de la cuenca del Nalón vino como viene siendo habitual en el evento a cerrar con la propuesta más extrema del mismo. Al menos en lo que al escenario grande se refiere tras su sorprendente paso a media tarde por el tributo al rock para dejarnos una castellanizada interpretación del «Seek & Destroy» de Metallica que hizo las delicias de la parroquia. Son treinta años los que contemplan a Escuela de Odio pero en Puerto de Vega mostraron una vez más un ímpetu y una intensidad digna de bandas mucho más jóvenes.
Y aunque la guitarra del también Blast Open y Sound Of Silence Nefta amenazó con aguarles la fiesta, apenas fue un percance de unos pocos segundos. Para cuando suena la muy clásica “Diferencia”, todo encauza hacia el curso apropiado de las cosas. Huelga decir que fue con mucho la banda que mayores pogos y bailes generó en la audiencia. Se podría decir que cayeron de pie, con un gran sonido y un público, aún a las altas horas que eran, entregado y muy por la labor.

Cortes más recientes como “Gasolina Al Fuego” o “Hardcore Is My Life” conviven con ofertas ya clásicas del quinteto como “Los Antidisturbios Invaden La Cuenca Minera” o la versión de Kortatu “Zu Atrapatu Arte” sin negociar un solo esfuerzo. Como reza el dicho, siempre certeros.
Y tocó recoger ya con el cansancio haciendo mella de manera notoria en nuestros castigados organismos. Sea como fuere nuestras sensaciones, un año más, no pueden ser mejores. En particular porque la meteorología respetó cuando todo hacía indicar lo contrario, porque pese a lo desapacible de la jornada vimos una buena entrada en el recinto del festival y también por el buen sonido que, en líneas generales, desarrollaron las cuatro bandas grandes del cartel.

Y aunque siempre encontremos aspectos a mejorar, o cosas que uno haría de un modo diferente, el engorro de cada festival con el cambio de moneda, una jornada en total camaradería, un ambiente sano y, como detalle al que la Asociación Unirock cuida como pocos: la nutrida presencia de gente muy joven, encargados como son de recoger el testigo de vejestorios como nosotros.

En definitiva y usando la célebre frase del hijo de Kirk y Luann Van Houten: “todo ha salido a pedir de Milhouse”. El año que viene más y mejor.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz