Nueva visita a los escenarios asturianos del power trío Malaputa. Liderado por Eduardo Beaumont “Piñas” (Marea) al bajo y voz, cuenta con el maestro «Kolibrí« Díaz (Marea) a la guitarra y Euken Ubasos (Ardi Beltza) tras los tambores. Tras su paso hace apenas un año, acompañados de Rienda Suelta y Ciclonautas, en esta ocasión lo harían en solitario dentro de los conciertos que forman parte de su gira Desojando 2026, escogiendo nuevamente la Sala Acapulco de Gijón para su presentación.
Con una puesta en escena despojada de artificios, tan solo unas plumas y una cabeza de cuervo adornando el pie de micro, a las 22 horas empezarían a sonar los primeros acordes de “Mar De Trigo” que, sin pausa enlazaron con “Subió El Telón”. Desde ese instante quedó claro que aquello no iba a ser un concierto sin más; era una descarga de energía, de mala leche y de verdad. La sala presentaba una buena entrada, quizá no la que merecen dos figuras tan queridas de la escena nacional, pero sí la suficiente para que el ambiente ardiera desde el primer minuto. Las primeras filas cantaban como si les fuera la vida en ello.

Tras ese arranque, Piñas se dirige al público con la sonrisa torcida: “Buenas noches, aquí Malaputa; el que no haya calentado ya está muerto”. Y con esa declaración de intenciones atacan “A Las Dos Envido”, uno de los pilares de De Raíz, antes de recuperar “Quiero”, recordándonos que su primer disco sigue vigente. Kolibrí, incansable, recorría el escenario como un animal en libertad, adornando cada riff con poses, miradas y acercamientos que encendían al público. Piñas, siempre que la voz se lo permitía, se sumaba a ese baile eléctrico. La sala vibraba, literalmente, como si estuviera a punto de estallar, presagio de su siguiente tema, “Gasolina y Fuego”.

“¿Seguimos o qué?, ¿Cómo va la cosa?”, pregunta Piñas antes de introducir “Un rocanrolillo guapo”, dando paso a “Amarga Hiel”. “Rock and roll triste, pero guapo” comenta. Vuelven a su primer trabajo con “Noche Clara” para dar paso a uno de los momentos más emotivos del concierto. Empiezan a sonar unos versos grabados de Robe Iniesta para introducir una sentida versión del tema de Extremoduro “De Acero”, coreada a todo pulmón por el público. Tras un “gracias, Robe”, nos piden que levantemos los vasos o botellines para brindar y dedicar la noche a Jorge Ilegal, a Robe Iniesta y a todos los que nos han dejado. Más de uno —yo incluído— sintió cómo se abría un hueco en el pecho al recordar a quienes se fueron demasiado pronto.

Poco después comienza a sonar el potente riff de bajo que introduce “Sin Herrar”, con un solo especialmente brillante por parte de Kolibrí, luciéndose nuevamente en la intro más bluesy de “Entre Alisos”, bonito riff tirando de slide aquí. “Hay canciones que no deberían haberse escrito nunca”, asevera Piñas al terminar. Los golpes de Euken hacían retumbar los cimientos de la sala incluso en esos temas más tranquilos. De nuevo agradecen nuestra presencia y, tras un “vamos a hacer un temita de una gente del barrio, a ver qué os parece”, arrancan su particular versión de “A Toda Velocidad”, de Barricada, coreada de principio a fin por el respetable. Sin pausa siguen con “Golpes De Viento” y “Ramas De Colchón”, ambas de su primer disco. El sonido es impecable; la voz de Piñas, más rasgada y cazallera —si cabe— que en las versiones de estudio, le da a los temas un barniz que les sienta fenomenal, y Kolibrí se luce en cada solo haciendo las delicias de los presentes.

Piñas asegura que están pasando un muy buen rato. Prometen volver “con cosas nuevas y bonitas… y con mucha mala ostia”, entre los gritos de un exaltado que durante toda la actuación no dejó de pedir la púa de Kolibrí. Continúan con el tema homónimo de su último trabajo, “De Raíz” con ese precioso riff de bajo antes de que se unan el resto de instrumentos, para seguir con “Dedos Muertos”, ambos muy bien recibidos. “Ya quedan pocas”, dice antes de recordarnos que era el último concierto de esta mini gira y que, tras su actuación en Madrid, casi no tenían merchandising, por lo que no habían instalado puesto, pero nos invitan a acercarnos a hablar con ellos al final del bolo y ofrecer lo que les quedaba.

“Si te sobran las cadenas, rómpelas y ponte en pie; lucha por no ser esclavo ni de ella ni de él”, introduce “Esclavo De Su Cuento” para, tras un “que viene, que viene”, arremeter con “El Temporal”. La entrega de los músicos era contagiosa y, aún sin conocer los temas en profundidad, no podías dejar de gritar, moverte, corear y… sudar. Nuevo momento de lucimiento para Piñas con la potente intro de bajo de “En La Mejilla”, a la que se une la batería como si fuera una locomotora. Alargan el tema para, dando muestra de su humildad, presentar a toda la crew, sin olvidarse de técnicos de luces, sonido, escenario… además de los propios músicos. Euken nos deleitó con un potente solo de batería que dio paso a “Mi Altar”, su particular homenaje a “sus héroes”, en el que dejan claras sus influencias. “Café Y Mulas” vendría a continuación para despedirse “metiendo mucho ruido” con “Su Nombre Es Ruido”, otro tema alargado en el que destaca sobremanera el solo de Kolibrí tirando de wah.

Y llega el final: por los altavoces de la sala comienza a sonar “Let There Be Rock”, de los australianos AC/DC, momento que aprovecharon para saludar y repartir púas y baquetas entre las primeras filas. Se retiraron, pero en pocos minutos salieron los propios músicos a recoger el escenario y a encargarse del merch. Incluso el guitarrista se encargó de despegar su setlist -y lo que costó- para dármelo (gracias, Kolibrí). Después, fotos y charlas con todo el que se aproximó, por lo que quien quiso se fue con un bonito recuerdo. Esos detalles son los que hacen grande a un grupo y, Malaputa son enormes.

Hora y media de rock and roll crudo pero cuidado, lleno de emoción, de verdad y de momentos que se quedan grabados. Prometieron volver y, por mi parte, ya los estoy esperando. Agradecer a la organización la acogida y al grupo, nuevamente, su cercanía y facilidades para cubrir este evento. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.
Texto y Fotos: Miguel Rubio