Crónica: Derrame Rock XXX Aniversario [Langreo 9/10/2026]

Treinta aniversario del festival que enseñó a varias generaciones de qué iba eso del rock and roll. Se cumplían tres décadas de Derrame Rock y a alguien en el seno de Santo Grial, para satisfacción de muchos, se le encendió la bombilla. Era una efeméride a no dejar pasar así como así y los Talleres Del Conde, aledaños a aquél estadio Ganzábal que diera tantas alegrías, se confirmaron como el escenario ideal. Cita por partida doble, viernes y sábado, un puñado de nombres clásicos del certamen junto a otros de nuevo cuño y la promesa de un par de jornadas al abrigo de uno de los mejores inventos de esta civilización: la música en directo.

Con eso y con todo, había ganas por comprobar el interés que la marca Derrame Rock era capaz de despertar después de tantos años. Así las cosas, le iba a tocar a la buena gente de Kinkis Gruñones la siempre ingrata y desagradecida labor de abrir el festival. Banda de reciente creación pero dueña de una idiosincrasia que no podría resumir mejor el espíritu derramero con esa amalgama de punk, rock y metal. Arrancando a la “Intemperie”, era poca la gente que se concentraba aún en los Talleres Del Conde, lo que tornó en doblemente fastidioso el desempeño del cuarteto. De ahí que Pablo Zapico, siempre inquieto frontman, bajase al foso a buscar que la gente se acercase a las primeras filas.

Luego “Sacrificios” nos deja claro que “de ideales y respetos se hinchan muchas bocas”, mientras que su lado más kinki quedó patente con la (per) versión del “Soy Rebelde” de Jeanette, “Apocalipsis” les sirve para destapar esa cara más gruñona y oscura, mientras que la más interactiva llega cuando Zapico nos manda a todos al suelo. Bipolar, con un esforzado Moi en baterías, y donde Quilo Zapico traza el que puede ser uno de sus riffs más redondos. El cierre llegó con la revisión del “Ritmo De La Noche”, con Pablo aseverando que “detrás de cada kinki hay un pachangueru”. Razón no le falta.

Luego After Salem iban a traer su metal contemporáneo a tiempo de seguir afianzando su nueva base rítmica con Mary Roadrunner al bajo y Marco Valera en baterías. Antes, en el videowall del fondo, vemos saludos de gente de Aphonnic, Porretas o Santi Campillo, cada cual con su historia, referentes todos ellos, historia en carne y hueso de un certamen como este.

“Charcoal Heart” marcó el inicio del show para After Salem. Gin con su habitual juego entre registros lideró con mano firme a la banda. Había pequeños árboles adornando el escenario y su nuevo logo ocupaba el electrónico de fondo. Mike Gómez, resplandeciente Solar blanca mediante, ya dejó buenos solos en esta primera entrega. La puesta en escena cobra sentido al enfrentar “The Forest”, con Gin invitándonos a cuidar de los bosques. Fue el primer tema que compusieron allá por 2016 y en cierto modo deja transpirar a aquellos Absalem más primigenios con ese epílogo de puro vértigo.

Gin pidió un aplauso para Mary y Marco para luego encarar “Loyal To The Bone”, con esa nueva base rítmica bien empastada y Mike dibujando otro buen solo desde el lado derecho del escenario. Y mientras que “Heads Will Roll” combina gancho y aridez, la nueva “Silver Blood” deja intuir por dónde irán los tiros en su próxima obra de estudio. Inmersos en esa encrucijada entre metal moderno, metalcore y dejes progresivos, en “Cherry Blossom” anidan los mejores tonos limpios de una Gin ocupada, a cada momento, en buscar la conexión con la gente. Como cuando pidió que encendiéramos las linternas de nuestros móviles para la final “Haunted”. Cambio de nombre y también de formación pero tan fieles a su sonido como siempre. Con ganas ya de escuchar nuevo material por su parte.

De Catalina Grande Piñón Pequeño, siendo en mi caso el primer encuentro con ellos, sorprende esa puesta en escena con la batería en uno de los laterales del escenario. Los de León trajeron a La Felguera su “punk fandango” prestos a poner los Talleres del Conde patas arriba, provocando no pocas carcajadas en el proceso.

Desde su imagen hasta esas líricas ametralladas por Verderón, quien se mostró como un verdadero maestro a la hora de construir humor desde el costumbrismo más mundano y terrenal, hasta esos riffs distorsionados, broncos y llenos de efectos de Richard Majo, la gente abrazó su particular folixa hasta sus últimas consecuencias. El frontman repartía alimentos varios al tiempo que, a mil por hora, enfrentaba temas como “Pladur” o dejaba sendos dardos a la Orquesta Panorama. Ya fuera hablando de la “Ropa De Mercao” o hablando de la Guardia Civil “para bien” en “Buenas tardes caballero”, el set fue un continuo dislate, también para bien.

Como obviar los brindis de Verderón. Primero con el orinal de su abuelo, segundo con el vaso de expansión de un Opel Kadett. Coche éste que llevaba tatuado en la pierna, porque uno se tatúa “aquello que más quiere”. Ya sabéis lo que dijo: “no vendáis nunca vuestros hierros”, en referencia a esas carracas del año maricastaña que tenéis en el garage. Bueno pero ¿a qué suenan? A un nivel casi espiritual es cierto que, a ratos, me recordaban a los primeros Def Con Dos, amalgamados con un rock distorsionado pero, a ratos, de lo más bailable. No fue poco, de hecho, el movimiento y el jolgorio que provocaron en la gente. De las mil y una bromas, chanzas / agresiones directas que salieron de la boca del inquieto frontman, aquella de “Rafa Nadal se peina igual que un Opel Tigra Cabrio me pareció la más ácida, rebuscada y finalmente hilarante de todas.

Aún tuvo tiempo de “interrogar” a un chavalín del público, el pequeño Enol, sobre los helados Alacant, siempre apegado a esa vena, ya digo, inequívocamente costumbrista, al tiempo que su banda procuraba ritmos vivos, bailables, disfrutones. Aunque luego “Pudrirme En La ITV” puede ser la balada más irreverente que hemos escuchado en bastante tiempo. Ya fuera con el reparto de cecina entre el público mientras Majo enfrentaba el “Personal Jesus” de Depeche Mode, bautizando a la audiencia con la escobilla del váter o recordando al sueño húmedo de tantos (y tantas) Adriana Lima en “Choco Jungly”, qué rato más bueno.

En un mundo en que el punk se toma a veces demasiado en serio a sí mismo, qué gusto (que diría al día siguiente un tal Enrique Villarreal) toparse con una propuesta así. Ahora entiendo tanto barullo entorno a su figura, las muchas (incontables) camisetas suyas que vimos el viernes. Y es que al final ya sabéis lo que dicen: “Lo mejor de Madrid es cuando vuelvo pa’ León”.

Tras una temporada en barbecho por motivos de salud, había gran expectación por ver al bueno de Pirri y sus Escuela De Odio. La formación hardcore, un verdadero símbolo de la escena hardcore estatal en general y de este festival en particular, acudía en defensa de “Cuerpos Muertos”, su más reciente obra de estudio.

Y lo hizo frente a un público entregado ya desde ese inicio con las clásicas “Ejemplo Nº 36” y “Diferencia”. Con Pirri bien agarrado al pie de micro pero dejando claro que ellos no son “mercancía que se compra ni se vende”. El líder de la banda dejó claro que era un placer estar “en su pueblo después de tantos años”. “Los De Siempre” evidenció así el compromiso de la banda con su tierra natal. Y luego Nefta dejó un buen solo en “Enemigos Del Gobierno”.

El vocalista pidió un aplauso para el batería Jorge Rodríguez (se había saltado uno de los temas del setlist) y la banda encaró una “Los Antidisturbios Invaden La Cuenca Minera” que detonaría los primeros pogos de todo el set. De aquél mismo álbum de 2004 “De La Esclavitud A Las Cenizas” era esa “Decisión Parlamentaria” donde aquello de “somos como esclavos de sus decisiones” no ha perdido un ápice de vigencia, más bien todo lo contrario. Pero volviendo a lo estrictamente musical, el tema homónimo de su último trabajo “Cuerpos Muertos” puso al batería Jorge Rodríguez a volar con el doble bombo. “Ni Un Paso Atrás”, si bien atempera algo el paso, no deja de ser pura idiosincrasia Escuela de Odio. “Medio Ambiente” dejó claro “cómo se tocaba el hardcore en el verano de 1993”. Luego se produce un breve receso…

… tras el cual vuelven con las pilas a tope. Porque la nada sutil “Dictador De Mierda” pudo ser fácilmente la más violenta de todas cuantas canciones descargaron el viernes. Después “Y Si No Hay Viento Habrá Que Remar” extrajo su cara más melódica y “Zu Atrapatu Arte”, original de los vascos Kortatu, desató la mayor de las fiestas. El groove tan marcado de “Máquinas De Producción” o el recuerdo de Pirri a aquella frase del Nobel de la paz Desmond Tutu “La esperanza es ser capaz de ver que hay luz a pesar de toda la oscuridad” marcaron este tramo último. “Volverán los buenos tiempos, volverán”. Finalmente Asturies ardió una noche más. Los años pasan para todos, a veces dan algún que otro susto, pero qué bueno ver que el compromiso con el hardcore y el antifascismo que ha definido su trayectoria sigue igual de intacto que siempre. Por muchos años.

Fue precisamente en un Derrame Rock, el celebrado en 2009, que me crucé por última vez con los madrileños Boikot. Ya ha llovido que diría aquél. Tiempo este, pues, para sacar la espinita y comprobar de primera mano cual es el estado actual de la formación punk. De entrada llama la atención la puesta en escena. Los podios y ese par de bombos colocados uno a cada lado de la batería. Luego todo arranca con aquél viejo lema “tu indiferencia es la ignorancia” y el pellizco de nostalgia me pone la piel de gallina.

A la formación regular que conocí en el pasado suman ahora violín y acordeón. Algo que marca todo el set y que, de hecho, se deja sentir ya en la inicial “Jarama”. Si Escuela de Odio habían puesto el hardcore, Boikot pondrían el acento ska. Particularmente en el canto animalista “Toro” pero también en otros cortes como “Sin Tiempo Para Respirar”, con la gente como loca en primeras filas. “Lloraré”, con Kosta Vázquez llevando la voz cantante, tiene un deje más cercano al reggae. Una banda que, al igual que el festival, cumple este 2026 las tres décadas de vida, destapándose más inquieta que nunca en lo musical. No faltó el canto anti imperialista “De Espaldas Al Mundo” ni tampoco ese doble juego entre fiesta y nervio de “No Les Interesa”, corte que da título a su última obra de estudio.

Con la bandera republicana fija en el electrónico de fondo, llegó el momento de recibir “No Pasarán”. O lo que es lo mismo: la vía por la que muchos descubrimos ese “Bella Ciao” que hoy día tocan las orquestas y vociferan y bailan hasta los reaccionarios. Vivir para ver. El viernes la gritamos hasta dejarnos la voz, coreando “no pasarán” al final. Juankar, bajo y voz de la formación madrileña, mandó saludo y agradecimientos a la organización aquí para luego encarar “Con Voz De Barricada”, también de su último largo.

Claro que uno de los puntos álgidos, más aún si cabe en un festival celebrado en el que fuera pleno epicentro de la actividad minera en la región, fue cuando encararon “Nel Pozu Maria Luisa” (“En el pozo María Luisa”). Gallina de piel que decía aquél. Tanto o más cuando mostraron su compromiso contra la violencia machista (“Bajo El Suelo”), con el escenario repleto de mujeres, o recordaron el genocidio (que no un conflicto ni una guerra, llamemos a las cosas por su nombre) del pueblo palestino en la muy sentida, casi sinfónica. Tramo cumbre del set.

En “Korsakov”, un tal Maxi Compán (Fe de Ratas) sumó su garganta a la de Juankar. Más tarde, recordaría la figura de Rodrigo Cuevas, resaltando su lucha en favor de los pueblos. Fue la introducción a “Cenizas En El Corazón” sobre la lacra de los incendios que nos asola con más fiereza cada verano. Para el final quedaron “Que Te Den”, donde mandaron a la gente al suelo, una “Kualkier Día” (Piperrak) donde el público se volvió como loco, “La Otra Mitad”, donde entonamos el “fuera fascistas de nuestros barrios” y el cierre final con “Hablarán Las Calles”, con explosión de confeti a término, finiquitando esta primera jornada del aniversario derramero. Quedaba la jornada del sábado…

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio

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