Reseña: Warcry «Entre La Niebla» (Jaus Records 2026)

“Entre La Niebla” surge un nuevo capítulo en la trayectoria de los asturianos WarCry, la banda que forman Roberto García al bajo, Rafa Yugueros en baterías, Santi Novoa en teclas, Pablo García en guitarras y Víctor García en voces. El álbum, que hace el décimo primero desde aquél debut homónimo de 2002, contó con Daniel Sevillano en producción, grabación y mezcla en el Ovni Estudio de Llanera. Las pistas resultantes de aquellas sesiones serían posteriormente masterizadas por Brad Blackwood en los Euphonic Masters de Memphis (Estados Unidos), como ya ocurriera con el anterior “Daimon”. El arte de la portada fue obra de Breogán Álvarez, el apartado fotográfico de Jonathan Hevia y el empacado final fue puesto en circulación, como viene siendo habitual, por la discográfica de la propia banda Jaus Records.

“Basta De Llantos” arranca desde un buen prólogo. Tenue y oscuro primero, desbocado después, con Santi Novoa operando con sumo cuidado tanto en la calma con en el nervio. Un corte vibrante, deudor directo de los WarCry más clásicos pero por donde transpiran algunas de las influencias que han ido abrazando con el correr de los discos. Es metal trotón pero que a la vez trasluce una madurez más evidente. Directo a la par que bien arreglado. Un opener efectivo, sustentado por un Rafa Yugueros en su salsa. Es el corte más extenso del álbum, con Víctor García en su encarnación más épica y canónica. Gran trabajo coral en estribillos, un interesante solo a pachas entre Santi y Pablo García en el puente central y un final que vendrá a abrazar una cierta grandilocuencia. Un gran arranque, si me preguntan.

“El Hombre En El Espejo” sigue alta en revoluciones. La línea de teclado que desarrolla Santi durante el prólogo tiene un algo que no deja de recordarme a Medina Azahara. Hay aquí un riff de Pablo durante estrofas con un gancho de mil demonios. Víctor se mueve ahora en tesituras más bajas, también más elegantes. Sube luego para entregar unos estribillos marca de la casa, bien rematados por unas teclas casi omnipresentes. Luego llega el solo de Pablo, fácilmente mi favorito del disco y uno de los más redondos que le recuerdo (y mira que tengo dónde elegir…). De los de echar la reproducción hacia atrás y deleitarse una y otra vez. Fantástico. El tramo final acogerá de nuevo un poso más épico, rematado por el Víctor más agudo y otra buena labor de Santi con las teclas. Pura esencia WarCry.

La batalla acaecida el primero de octubre del año 331 antes de Cristo entre Alejandro Magno y el rey persa Darío III, sirve como trasfondo a una “Gaugamela” en donde me sorprende el neoclasicismo que abraza la guitarra de Pablo durante el prólogo. Ahí amenazan con un corte de puro power metal directo e incendiario. Sin embargo las primeras estrofas atemperan ese ímpetu, conduciendo sobre un riff de lo más pegajoso un metal muy marca de la casa. Me gusta esa construcción hacia estribillos, con un Víctor de lo más cómodo al micro. El solo llega sobre un metal más apaciguado pero bien ambientado y mejor trazado, respirando tanto en la parte más tranquila como en la más vibrante. Puede ser de las nueve aquella que más me recuerda al estupendo “El Sello De Los Tiempos”. ¿En qué momento han pasado casi veinticinco años?

Brilla Santi durante el prólogo de “Fénix”. Una cuarta entrega a caballo entre la balada y el medio tiempo, con la banda en su encarnación más elegante. Arrulla Víctor en sus primeros versos. Hay una épica muy habitual en ellos durante estas estrofas. Una de las mejores líneas de voz del álbum y un corte que, con ese avanzar tan sencillo, pero tan eficaz, podría dar grandes réditos en directo. Un solo a rebosar de clase por parte de Pablo y un aspecto lírico, como tantos otros en la banda asturiana, en donde Víctor llama a levantarse y seguir adelante, por muchos palos que la vida nos ponga en las ruedas. Pura idiosincrasia WarCry.

Luego en “Testamento” parecen querer abrazar un metal más contemporáneo. Un corte más atmosférico, algo diferente en cuanto a arreglos y con un Víctor en tonos más graves durante estrofas. Su voz se estira después, trazando estribillos más que correctos. Me gusta el nervio con que desarrollan esos enlaces entre estrofas, la buena línea de batería que desarrolla Rafa, para el que finalmente puede ser, al menos en mi caso, uno de los cortes más sorprendentes de este “Entre La Niebla”. Puede que el estribillo, algo azucarado, se le pueda atragantar a más de uno. En cualquier caso, otro solazo de Pablo primero y un cuidado epílogo después rematan otra buena pieza de metal optimista y entusiasta, mejorando en línea general los esfuerzos que, en este sentido, fueron hechos en anteriores trabajos.

En “Lo Siento”, quizá el canto más auto reivindicativo de Víctor hasta la fecha, la banda teje un metal sencillo, sin grandes alharacas ni complicaciones, y lo acompaña de un videoclip del gran Titi Muñoz…

… en el que parecen tomarse tan poco en serio a los detractores como a ellos mismos. En lo musical me agrada el riff que Pablo dispone sobre las estrofas. También esas baterías de Rafa tan firmes, tan cuidadas. Otra buena sección solista, otro buen epílogo… ¿Alguien duda de que se amarrará a sus setlists durante largo tiempo?

“La Larga Marcha” es otra de esas que va sobradisima de gancho. Parte de un prólogo tenue, apagado, abraza luego un riff muy clásico y de lo más pegadizo, y deja que Víctor construya buenas estrofas, buenos estribillos. Un corte que tiende puentes hacia el hard rock más acomodado donde la banda, lejos de sonar dispersa, abraza esa nueva piel gracias, en buena medida, a esos colchones de teclados que teje el bueno de Santi. Un corte que amplía el discurso sonoro de este “Entre La Niebla” y que remata Pablo con un solo muy acorde al propio espíritu de la composición. Me agrada.

Luego “La Llama” sorprende al ofrecer ese pulso más sinfónico. Entre la balada y el medio tiempo, con la producción de Dani Sevillano en el Ovni Estudio ofreciendo su mejor cara. Es un corte que, a simple vista, parece cuidado hasta el más mínimo detalle, acompañado de un Víctor muy hábil a la hora de conjugar sus tonos más ligeros con los más altos, rematado por un solo flamígero de Pablo antes del epílogo. Creo que habría funcionado aún mejor como despedida del disco…

… honor que recae en la pequeña “El Pasado”, deudora de los WarCry más vibrantes y directos de sus primeros álbumes, con Rafa desfogando tras baterías y Santi brillando ya desde el mismo prólogo. Un metal despreocupado, vigoroso y trotón, ese mismo que muchos le reclaman a la banda de tanto en cuanto. Sin sorpresas en cuanto a estructura o arreglos pero que despide el álbum con su cara más heavy.

En comparación con las turbulencias que sacuden a los grandes nombres del metal en castellano, me ahorraré dar nombres, WarCry siguen navegando sobre su particular balsa de aceite. En un disco que, pienso tras varias escuchas, supera a su predecesor “Daimon”, el buen gusto sigue tan intacto como esas líricas siempre tan optimistas. Una producción de lujo, grandes solos, sumo cuidado en lo arreglístico y unas canciones bien trazadas y mejor ejecutadas. Nadie va a discutir a estas alturas (o sí, hay gente para todo) el gran nivel que atesoran como músicos. El carisma arrebatado de Víctor al enfrentar todos y cada uno de los versos que conforman estas canciones. Las letras que dibuja, aspecto éste que siempre me ha parecido el más subjetivo de todos, pueden gustar más o menos. Y aunque puede haber quien eche en falta algo más de aquella épica (algo despreocupada) de sus primeros trabajos, el colmillo que exhibían entonces, uno entiende que no es lo mismo (o no debería serlo) componer un álbum de heavy metal con veintitantos que cuando ya vas camino de los sesenta. Es inevitable siempre y cuando no quieras acabar convertido en el émulo asturiano de Gamma Ray. En resumidas cuentas su enorme legión de seguidores tiene, pienso yo, motivos de sobra para sonreír.

Texto: David Naves

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