Reseña: Honara «Resemblance» (Autoproducción 2025)

Aún con los ecos de su concierto junto a Narwhale resonando en el subconsciente (crónica) toca volver sobre aquellas canciones y resumir aquí las sensaciones que nos deja este “Resemblance” con que debutan los asturianos Honara. La banda, formada por Antonio Alcaide, Guillermo Villán, Carmen García, Moisés Fernández, Robert Smith y Raúl Fernández entrega nueve temas grabados entre noviembre de 2022 y diciembre de 2023 con producción del propio Alcaide y Nacho Angulo de Treeline Audio como ingeniero de sonido, encargado igualmente de mezcla y master. Con fotos de Frankie Sánchez y diseño artístico de Raúl Fernández, el álbum vio finalmente la luz el pasado siete de enero.

Threshold” procura una tranquila entrada al álbum. El bajo, como ya me sucediera el pasado sábado, me recuerda al bueno de Justin Chancellor, a la sazón bajista de las luminarias progresivas estadounidenses Tool, y la composición avanza tranquila entre dejes oníricos y un elegante uso de los distintos arreglos. Para cuando las guitarras ganan terreno e irrumpe la voz de Carmen, el disco hace gala de una estupenda producción. Para nada habitual en no pocos debuts que llegan hasta nuestras manos.

El caso es que “Sonar”, con colaboración de José Mora (TotengottMad RoversHumo), adopta tesituras tranquilas, arrimadas a un progresivo que sigue teniendo cierta querencia por la banda de Maynard James Keenan. La mezcla, que no podría ser más equilibrada, coloca la voz de García muy en primer término, con los coros más rotos y agrios como brusco contrapunto durante estribillos. Brilla ahí la amplia formación astur, arrimándose hacia terrenos más propios del sludge más atmosférico. La comparación con Cult Of Luna es, a ratos, inevitable. Tras atravesar un puente intenso y desatado, con Honara dando su mejor versión, todo culmina en un epílogo retorcido, más próximo al prog, que ya da muestras de las pocas barreras que el sexteto ha puesto en lo que a composición se refiere.

Da buena cuenta de ello el primero de los temas largos del álbum, este “Earthworm”, y no solo porque su prólogo me recuerde a una banda que podríamos denominar como post-Tool, no otros que los suecos Soen. La composición sin embargo, y toda vez supera ese prólogo, vuelve a enfrentar ambos registros vocales, separando sus caminos de la banda de Joel Ekelöf mientras echa mano de riffs ruidosos pero eficaces. Brilla Villán tras baterías. Tanto en las partes más descosidas como en las más tranquilas y atmosféricas. De hecho este remanso de paz que implementan aquí y los dibujos que hace el propio Villán parecen emparentar de manera más o menos directa con los que Gavin Harrison propone para bandas como Porcupine Tree o The Pineapple Thief. Me agrada ese rápido crescendo que devuelve las guitarras más broncas. También el contraste que ejerce ahí la melodiosa voz de Carmen. Ágil epílogo finalmente, con la banda retorciendo riffs primero y enfrentando ambos registros después. Lo dicho: parecen haberse puesto muy pocas barreras a la hora de construir los temas y se nota.

The Cage”, entrega más extensa de las nueve, arranca de nuevo sobre la versión más intensa y desgarrada del sexteto. Confrontando una vez más ambos registros sobre un metal de fuerte poso atmosférico y otra llamativa línea de batería de Villán. En las partes más calmas hay voces de Carmen que me recuerdan a Gin Barberia (Absalem). Sea como fuere me agradan los distintos contrapuntos que el combo asturiano propone aquí. Sobre todo, por cómo consiguen alcanzar un sonido al que poder llamar propio, en contraste con dejes más marcados e identificables que encuentro en otras composiciones de este debut. Luego el trazo transita hacia territorios más tranquilos, revestido no obstante de una cierta tensión. Surge ahí una interesante sección solista, amén de un interesante juego entre canales, anticipo de una larga trama instrumental que opera siempre en favor de la composición en sí, con la banda más ocupada en tejer buenos riffs que solos masturbatorios y/o ególatras. Carmen sorprende aquí con alguna de las notas más altas de todo el álbum. Justo para que retorne después la calma y “The Cage” fluctúe hacia un prog rock que me recuerda ahora a los primeros álbumes de Steven Wilson en solitario. Finalmente, el cierre habrá de recuperar la versión más encolerizada del sexteto. Que no obstante se maneja siempre dentro de unos márgenes de calculada agresividad. Sin salidas del tiesto ni sobreesfuerzos de cara a la galería. Buque insignia de “Resemblance” y uno de los temas más diversos y atrevidos que haya entregado la escena asturiana desde el confinamiento para acá.

La banda se toma entonces un pequeño respiro a través de la breve “Samatha”. Pequeña instrumental de parajes tranquilos y guitarras amables, donde de nuevo la producción entrega un cuidado juego entre canales, imprescindible escucha con buenos auriculares, y unas cuidadas teclas ejercen de perfecto colchón.

De nuevo con José Mora a bordo, “Coil”, abraza una cierta extrañeza en su prólogo, derivando casi hacia la psicodelia, vuelve a tomar forma a través del cuidado bajo de Alcaide. Llamativos esos sintes que introducen aquí y que vienen a incidir en ese cariz más psicodélico del arranque. Pero si algo me gusta aquí es el riff que irrumpe de pronto, cargado de gancho, y esas voces tan Tool de las primeras estrofas. En cierto modo uno de los temas más enigmáticos del álbum, que lejos de esconder su amor por la banda estadounidense, parece abrazarse a su legado hasta las últimas consecuencias. No es un corte falto de garra. En especial toda vez alcanza su tramo central. Sí que es un tema que, escuchado (y reescuchado) del sábado para acá, deja una de las líneas de batería más cuidadas de todo el largo. Estupendo Villán a los parches. Hay una mayor rotundidad en su tramo final. Guitarras más graves y rotundas para un epílogo pesado, casi monolítico, que no obstante no olvida un cierto poso atmosférico. La de Gojira podría ser una rima fácil, si bien algo lejana. Sin que me desagrade en absoluto, sí pienso que a ratos ciertas influencias pesan algo de más.

Vipassana”, corte más rácano de los nueve, entrega a Honara en su versión más reposada y tranquila. Carmen se mueve sobre aguas tranquilas, dejando el lado más amable de su cuidado registro. Funciona y de qué modo esa calma a la hora de contrastar con las voces más agrias. Ambos registros enfrentados, que no fundidos, en violentos cambios tonales pero un corte que bien merecía algo más de desarrollo.

Me atrapa la melancolía que emana de “Wanderer”. Honara profundizan aquí en su registro más onírico, con Carmen García muy cómoda en estas primeras estrofas y la banda tomando la senda del progresivo más atmosférico. Bandas como Klone, los Riverside más recientes, incluso ciertos momentos de Anathema, para un corte que va tejiendo un cuidado crescendo hasta desembocar en esa narración del epílogo. Otro de los cortes más diferentes de este hábil debut.

Covenant”, que presentó “Resemblance” en sociedad hace escasas fechas, arranca sobre la cara más agria y nervuda de Honara, exhibiendo voces rotas a las que contraponen, pienso que de manera más que eficaz, el habitual registro prístino, calmado incluso, de Carmen García. Un cierre poderoso, rotundo incluso, pero que (como adelanto) puede llevar a engaño a quienes piensen que este es el único registro que la banda despliega a lo largo de “Resemblance”. En cualquier caso bien está el gancho que tienen esos riffs del epílogo y la juguetona voz limpia que se desarrolla durante ese tramo final.

Poderoso debut. Aún cuando uno puede detectar ciertos pecados de juventud algo habituales en bandas noveles como esta, sorprende hasta donde han sido capaces de llevar su propuesta, que brilla y de qué forma en lo que a composición se refiere. Sus influencias, o muchas de ellas, están plasmadas aquí sobre una producción impropia de una banda novel. La mezcla es estupenda. También lo es el uso de arreglos. Y aunque mi impresión con respecto a ciertos temas ha cambiado en el paso del directo al estudio, mi impresión general del álbum no podría ser mejor. Empezar una trayectoria con tales grados de seguridad y confianza de ningún modo puede ser mala señal. Qué depara el futuro para una banda como esta aún no lo sabemos. Pero la primera piedra está puesta y difícilmente podría resultar más satisfactoria.

Texto: David Naves

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