Doble ración de metalcore y melodeath la que propuso la Lata de Zinc con el renacimiento de Unexpectance y la venida de los madrileños Hiranya. Muchas eran las alternativas que ofrecía la jornada del sábado y no poca la gente que se congregó en la sala ovetense.

No era un todo vendido pero desde luego que bullía la expectación en la Lata. Unexpectance presentaban en sociedad a su nueva voz y qué menos que dejarnos caer por allí. Pasan tres de las nueve y media cuando irrumpe la intro del estupendo “Vortex” y la banda desata su particular “Guerra Interior”. Pablo “Vaan”, al frente ahora del quinteto asturiano, se mostró algo frío en estos primeros compases. Pero el resto de la banda sonó tanto o mejor de lo esperado. Son grandes músicos y ni mucho menos seré yo quien les descubra a estas alturas. Sonidazo mediante, una noche más gran trabajo de Ovana a los mandos de la Lata, Unexpectance no se arredraron ante el envite y deslizaron ya varios temas de nueva creación. El primero de ellos, “Sophrosyne” que readapta aquella «Exluminix» del tercer álbum en solitario del propio Stamper, muestra ya a un “Vaan” mucho más cómodo a través de las estrofas.

También que la banda sigue sabiendo cómo conjugar su cara más atmosférica con la más violenta, esa que se apoya en los blast beats de un Luis Barrientos nunca falto de determinación. En “Gnosis” y sin obviar los momentos más técnicos, sí que noté a la banda algo más árida y rocosa. “Hipersomnia”, en cambio, procura una entrada en falso con la que ironiza el propio vocalista: “os engañamos, somos Unexpectance”. Tuve ya aquí la impresión de que el set, al mismo tiempo que su propio vocalista, iba a dibujar una línea ascendente desde desde la frialdad inicial hasta el nivel que uno espera de una formación como esta. Es ahí donde otro corte nuevo, “Momiji”, entrega su cara más melancólica. Estupendos los guitarristas Miki Méndez y un Nacho Peña que dibujó aquí uno de los mejores solos de todo el set para uno de los temas nuevos que mejor conexión logró con el público.
Con un “Vaan” crecido ya con respecto a los albores del set, Unexpectance entregan su mejor cara en las finales “Última Palabra” y una “Pandemonium” que pocas veces habrá sonado tan rotunda, dejándonos una vez más con ese final apaciguado pero elegante que echaba el cierre a su segundo álbum de estudio. Un set de menos a más como dije por ahí pero la sensación de que la banda sigue tan bien ensamblada como siempre, con esa forma calculada en que amalgaman agresividad, técnica y elegancia. Puede que en ciertos momentos notara a su nueva voz algo verde, pero nada que el necesario rodaje no cure con el paso del tiempo. En mi más humilde opinión, no faltan razones para creer.

Por su parte Hiranya dieron síntomas de llegar perfectamente ensamblados a la capital asturiana. Y fíjate que, por circunstancias, hubieron de hacerlo sin su batería habitual. Víctor, apenas dos ensayos con la banda, se hizo con la responsabilidad de comandar a los madrileños. Y el quinteto salió igualmente airoso. Me sorprendió que usaran como introducción nada menos que “Techno Syndrome”, del célebre videojuego “Mortal Kombat” (¿no habíamos quedado en que las canciones chorra se disparaban al final?) pero es cierto que en los primeros momentos del set, es precisamente la batería quien se lleva por delante a las guitarras. Incluso la voz de Sara Bowen. Algo que desdibuja la inicial “Far Away” pero nada que no se subsanara con el correr de los temas. A revientacalderas en cualquier caso, el quinteto pareció venir con sus ganas de agradar intactas.
Enlazando temas, “Shoeless” ya parece dar una versión mejorada de Hiranya. Muy activa la propia Bowen sobre las tablas de la Lata. También sobre el habitual podio en el centro del escenario. Este lado más melódico que deslizan aquí no quita para que Johnny W. deje voces realmente agrias como contrapunto. Se percibía buena química entre ellos y quienes nos quedamos a verles desde luego disfrutamos del set. Pero a la banda le tocó pelear, esta vez con alguna que otra intro más tímida de lo deseado, algo que Bowen aprovecha para mandar los agradecimientos de rigor.

Para cuando todo regresa a cauces normales y entregan “Paradox”, de lo mejor que su álbum homónimo tiene para ofrecer (reseña aquí), desde luego estamos ante una más que digna versión de la banda. Brilló aquí la vocalista, enfrentando si mayores problemas esas líneas de voz tan ambivalentes sin olvidarse de la debida conexión con la audiencia. Porque esta parece una de esas formaciones que encuentra en el directo su razón de ser. Que realmente disfruta con lo que hace. Y, gustos individuales al margen, es algo que desde luego se contagia.
Es ahí donde “Broken Bones” pone de relieve su cara más melódica, a la par que melancólica, al tiempo que agiliza un set que pronto transige hacia su cara más agria. Sí. Porque desde luego “Defeated” sonó el sábado mucho más rotunda que su encarnación de estudio. Hiranya ganan en contundencia y actitud en su traslación al directo, algo que habla muy bien del quinteto madrileño. Que esto se produzca además con un batería de circunstancias creo que habla muy bien de ellos. No faltó su versión del “The Greatest” de la australiana Sia para poner la cara más pop al asunto. Es un decir, claro.

Pero por si a alguien le podía la modorra, Hiranya regresarían entonces hacia su anterior trabajo para traer uno de los cortes más viscerales del set, no otro que “Oiwa”, donde sí se pudo ver algo de movimiento entre la gente. Poco, si me preguntan, pero ya saben cómo las gasta el público asturiano en estas situaciones. Bowen presentó “Bad Dream” y quien más, quien menos pareció salir del letargo. Estupendas guitarras aquí y un renacido público que exclamó el habitual otres tres. Un pequeño bis en el que se pudo oír el célebre “¿Que no, Lisa, que no?” de Homer Simpson y que conduciría a un final potente y descosido en la más pura tradición del género. Agrandados pese a las circunstancias.
Como ya digo dos bandas en momentos bien distintos pero un par de buenos shows que sumar a la interminable lista de eventos cubiertos a lo largo de estos once meses. El año va tocando a su fin, se vienen encima las dichosas festividades navideñas y por ahí es un lujo anestesiar de los quehaceres cotidianos con doble ración de melodía y contundencia. Nada más que agradecer a sala y bandas por las facilidades, mandar otro abrazo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto y Fotos: David Naves