Crónica: StoneFest (Oviedo 5/8/2025)

Nueva edición, por partida doble, del histórico StoneFest. Regresó uno de nuestros festivales alternativos por antonomasia. Y lo hizo estrenando nueva sede, Kuivi Almacenes, para llenar un viernes de stoner y sludge, más un sábado más centrado en el metal extremo. Un plato bien diverso para gusto de casi todos, y que viene un poco a quitar razones a quienes llevan tiempo quejándose de que a esta región ya solo vengan las cuatro, cinco, seis bandas de siempre. Phoenix Cvlt, Bifäz, Voul, Mars Red Sky y Wizard Master eran los elegidos para la primera jornada y allá que nos fuimos, prestos a dar cumplida cuenta de todo cuanto aconteciera.

Llegamos a tiempo para recoger nuestras acreditaciones, acceder a la sala y ser recibidos por las sonoridades oscuras y la temática religiosa de los asturianos Phoenix Cvlt. El trío, con Aitor Lucena (Narwhale, ALMS) en guitarra y voces, procuró una apertura al festival entre lo vibrante y lo alucinado. Se leyeron versículos, se descerrajó una buena suerte de riffs y se optó por una versatilidad, un atrevimiento en las estructuras, que fue, en definitiva, el mejor anticipo a lo que estaba por venir.

No fue mucho el rato del que dispusieron. Quizá de ahí el modo en que enlazaron un corte tras otro. Y qué llamativo resulta cuando Lucena abandona su guitarra y arremete con la travesera, adoptando así el trío un aire aún si cabe más alucinado, con un bajo distorsionado hasta sus últimas consecuencias. El de los sevillanos Orthodox fue un nombre que acudió a mi subconsciente en varios momentos de la descarga. “Sacrificio”, del pequeño Ep “La Profecía” cerró el breve set dejando, pienso yo, un buen sabor de boca. Muy atentos al material que está por venir de los de La Felguera.

Los cántabros Omar (batería, voces) y Carlos (guitarra, voces), es decir, Bifäz, vendrían entonces a darle una vuelta de tuerca más al cartel. Se presentaban en el StoneFest con apenas un Ep en su haber, aquél “Extinción” de 2024, prestos a inundar la sala de su conocida amalgama de sludge y stoner. Aquí me agradó el arranque tan espacial que propusieron. Hábil escondite de la intensidad que desplegarían más adelante. Y es que si por algo destacó el dúo fue por el modo en que supieron alternar ritmos arrastrados con otros más trotones, siempre sin perder esa cualidad tan riff oriented de su música. Carlos, a veces sentado, otras de pie, hizo buen uso de un buen número de pedales y efectos, amplificando sobremanera el rango sonoro del dúo.

Recayeron las labores de sonido en el Blues&Decker Diego Reyes y Kuivi Almacenes respondió a la altura de lo que se esperaba. Bifäz prosiguieron entregando voces agrias y mucha diversidad en cuanto a texturas, algo que sorprende tratándose de solo dos músicos sobre las tablas. Y ya que estamos con los parecidos, no logro deshacerme de lo mucho que me recordaban a los primeros High On Fire en las partes más veloces. Mucho ruido y mucha mala baba, cerrando un set tampoco demasiado extenso en una vertiente mucho más atmosférica, que en cualquier caso no obvia un cierto nervio. Nos agradaron.

Le iba llegar el turno entonces a Voul: Alberto en guitarras, El Adrift Dani al bajo y Edu, ex de los míticos sludge madrileños Moho, en baterías. Trío sin mayor intención que la de derrumbar Kuivi Almacenes hasta los cimientos. Mucha, muchísima la intensidad que emana del escenario ya desde los primeros compases de “Fear”. Y sí, a ratos me recordaban a los propios Moho. También a Eyehategod, si bien diría que no alcanzaron a sonar tan desesperanzados. Y sí que tendieron ritmos y riffs hacia el hardcore.

Decir que Edu se dejó el alma en cada golpe sería hacer escasa justicia a la vehemencia que empleó a lo largo de todo el set. Sin desfallecer un ápice, arremetió contra su kit de batería como si en el empeño le fuera la vida misma. Según nos dijo, alrededor de dieciocho años llevaba sin tocar en Oviedo. Se dice pronto. En el set hubo momentos de cierta alternancia. Ahí me gustó el equilibrio entre calma y nervio que propusieron, con una muy fina labor de Alberto, inequívoca pose con su Telecaster, en ambos registros.

A lomos de esa batería descosida, acometen un sludge feroz y violento ahora. Puede que el wall of death propuesto por Edu resultase infructuoso (“ha salido regular esto”), pero cuando ellos se concentran en su faceta instrumental, realmente estamos ante una banda de un nivel altísimo. Como altísimas fueron las pulsaciones en la final “Fucked Up System”, minuto y pico de pura agresión sonora. Tremendos.

Así las cosas, el festival iba a virar de la intensidad y la rabia de Voul hacia el tendido stoner de aires psicodélicos de los franceses Mars Red Sky. Los de Burdeos, enfrascados aún en la gira de presentación de aquél “Dawn Of The Dusk” de 2023, vendrían a poner la calma allí donde antes habitó el nervio.

De entrada llama la atención su puesta en escena. Esa batería naranja, situada tan al frente del escenario. El gong tras ella. Su sonido se avino a un stoner clásico, comandado en voces por el casi etéreo registro de Julien Pras. Su aparente fragilidad contrastó con su buen hacer a las seis cuerdas, con especial acento en la creación de riffs a menudo elegantes y siempre eficaces. MatGaz tras la llamativa batería no vino a dejarse la piel del modo en que Edu lo había hecho con anterioridad, pero de justos es decir que trazó, seguramente, muchos de los licks más llamativos de toda la jornada.

A ratos, y particularmente cuando el trío suma sus voces, alcanzaron a sonar más contundentes. Siempre sin perder de vista esa manera tan cuidada y personal de entender el género. A ratos más psicodélicos, sorprende no obstante el uso de algún que otro apoyo externo. Pequeños detalles que quizá resten en lo orgánico pero que vinieron a sumar en lo alucinatorio. Las últimas líneas de voz de Julien Pras, muchas veces impasible, aparentemente algo tímido, vinieron a sumar a ese cariz casi etéreo de finales del set. Curiosos, me agradaron.

Para el cierre quedaba una propuesta más homogénea. Los romanos Wizard Master y su stoner elemental, casi canónico, ofreció quizá sorpresas a su paso por el StoneFest. Lo que no quita para que el agitar de cuellos y melenas en primeras filas fuese prácticamente una constante a lo largo de la descarga. De entrada llaman la atención los chalecos que lucen. “We don’t believe in anything” (“no creemos en nada”) proclama Mano Sinistra, voz y guitarra de los italianos. A tenor de lo oído en la sala de Kuivi Almacenes, sí hay algo en lo que creen.

Y es que el cuarteto ofreció una lección de como facturar stoner rock, con trazas doom, sin abandonar ese regusto a los primerísimos Black Sabbath tantas veces inherente al género. Telúricos, orgánicos, armados con buenas dosis de fuzz, derrochando grosor y siempre bajo ese peculiar registro de Mano Sinistra. Quizá lo extenso de sus temas, también el empacho de riffs que nuestros cuerpos habían acumulado durante la jornada, contribuyeran a que nos resultaran algo lineales. Otros, en relativa proporción, supongo que disfrutarían con tan férrea adhesión a los preceptos del stoner rock.

Hubo algún que otro percance con el bombo de la batería, solucionado al vuelo y sin que la descarga se detuviera en ningún momento. Ni un segundo que perder, no obstante tampoco quisieron olvidarse de los habituales agradecimientos. Para el cierre y mi sorpresa, dejan algún riff de un cariz más sureño, también una cierta calma, justo cuando coincidíamos en que el set corría el riesgo de retorcerse sobre sí mismo más de la cuenta. Fue por tanto un buen final, con una más que aceptable afluencia de público para un viernes de vuelta a la rutina, con los muchos gastos que esta acarrea de modo inevitable. A nosotros ya solo nos quedaba redactar esta crónica y velar armas ante la segunda jornada. Esa, como suele decirse, es otra historia.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Deja un comentario