Hablar de Diamond Dogs en Asturias es hablar de una vieja historia de fidelidad mutua. La banda sueca lleva décadas encontrando aquí un refugio para su particular visión del rock and roll clásico. Para un servidor su reciente visita al Teatro Albéniz de Gijón volvió a demostrar que esa conexión permanece intacta pasados casi 20 años de mi anterior cruce con la formación, en el desaparecido Parque del Piles y acompañados por los gallegos Sugar Mountain. El concierto formaba parte de la gira española de presentación de su nuevo trabajo, «Similar Shakes, Different Distortion«, que aderezan al repertorio especial centrado en su homenaje a Little Richard.

Desde los primeros compases quedó claro que Diamond Dogs no habían acudido a Gijón para vivir de la nostalgia. Con un Teatro Albéniz de gran aspecto en afluencia y entregado desde el principio, los suecos ofrecieron una actuación cercana a las dos horas donde combinaron clásicos de su carrera, material reciente y una destacada sección dedicada al legado de Little Richard. La descarga comenzó con “The Golden Age Of Rock And Roll”, toda una declaración de principios que situó al público en la frecuencia adecuada desde el primer minuto. A partir de ahí llegaron sin pausa salvo para el saludo protocolario “Honked!”, “Stop Barking Up the Wrong Tree”, “Sad to Say I’m Sorry” y “Bound To Ravage”, canciones que resumen a la perfección esa mezcla de rhythm & blues, glam, boogie y rock tabernario que ha definido a la formación desde sus inicios.

Uno de los grandes activos de Diamond Dogs sigue siendo su capacidad para convertir el escenario en una fiesta colectiva y de eso se encarga un solvente Sören “Sulo” Karlsson que dejó en esta ocasión sensación de merma física importante vista la dificultad que le acarreaban los 4 escalones que había que superar para acceder al escenario. Más allá de su innegable carisma, el vocalista demostró encontrarse en un notable estado vocal. Su voz conserva ese timbre áspero y callejero que siempre ha caracterizado a la banda. Quizá ya no busque determinadas notas con la agresividad de hace veinte años, pero ha ganado matices interpretativos y una presencia escénica que compensa sobradamente el desgaste lógico tras más de tres décadas de carrera.

A su lado brilló como siempre el otro miembro original de los «diamantes» Henrik “The Duke Of Honk” Widén, auténtico arquitecto sonoro del grupo. Su piano y arreglos aportaron buena parte del sabor clásico de la formación. La banda se completó con una sección instrumental compacta y elegante, manteniendo la tradición de un grupo cuya reputación se ha construido fundamentalmente sobre los escenarios. Los nuevos componentes aportan frescura, talento, energía renovada y en el caso del bajista Leif Sundin, la voz al tema «Jealous Guy«. Un infatigable Robert Damberg además de su gran altura física, nos descubre su habilidad a la guitarra, violín, armónica y mandolina. Un perfil que ha encajado como un guante en los arreglos que Diamond Dogs ha desarrollado durante esta última etapa.

A pesar de que la sombra de antiguos guitarristas legendarios de la banda sigue siendo muy alargada, Torbjörn Fall suma imagen, solvencia y un enfoque muy orientado al rock británico clásico, alejándose del virtuosismo excesivo para potenciar el groove y las melodías. A la batería contaron con la destreza y pegada poderosa del músico de origen chileno Federico de Costa.
El bloque central del concierto permitió disfrutar de temas como “My Heart Is a Cold Case”, “Whatever It Is, Now”, “Spare Me the Last Joke” y “Anywhere Tonight”, que fueron recibidos con entusiasmo por una audiencia mayoritariamente compuesta por seguidores veteranos de la banda. La sección dedicada al legado de Little Richard produjo uno de los puntos culminantes de la noche. “King of Rock and Roll”, “True Fine Mama”, “Hey, Hey, Hey, Hey” y “Bama Lama Loo” demostraron que el reciente acercamiento de Diamond Dogs al repertorio del otrora reverendo no es un simple ejercicio de homenaje, sino una reivindicación sincera de las raíces del género. La respuesta del público fue inmediata, buena parte del teatro acompañó con palmas y coros la llamada de Sulo desde el escenario.

A estas alturas resulta imposible hablar de Diamond Dogs sin mencionar a Sören “Sulo” Karlsson y Henrik “The Duke Of Honk” Widén, únicos supervivientes del núcleo fundador y auténticos responsables de que la banda conserve su identidad treinta y cinco años después. Sulo continúa siendo el principal compositor y frontman, mientras que Honk y su piano siguen siendo fundamentales en el sonido del grupo, tanto como las guitarras, algo bastante inusual dentro del rock escandinavo contemporáneo.

La formación actual no parece una banda de paso al servicio de Sulo. Ofrecen una profesionalidad que funciona como una auténtica «rock and roll band» a la vieja usanza, donde cada músico aporta personalidad propia. Esa fue precisamente la sensación que dejó su actuación en Gijón, un grupo compacto, experimentado y con suficiente bagaje individual como para mantener vivo el legado de Diamond Dogs sin caer en la simple nostalgia. Demostraron una vez más por qué siguen siendo una institución para los amantes del rock clásico europeo. Canciones memorables, interpretación apasionada y una honestidad artística que permanece intacta. En tiempos dominados por modas pasajeras, los suecos volvieron a recordar en Gijón que algunas fórmulas nunca envejecen cuando se ejecutan con convicción, talento y auténtico amor por el rock and roll.
Texto y Fotos: José Ángel Muñiz