Tercera edición del Valliniello Sound Fest desde el C.E.I.P. Fernández Carbayeda con la participación de las bandas Fer Espina & The Riders, Sacavera, Kinkis Gruñones, Materia Muerta, Servet, Leather Boys, Betty & Barney Hill y Communal Connection. A ellas hay que sumar la sesión vermú con Rock & Rockets y la celebración de la IV Ruta Motera Nocturna “Estrellas Avilés”. En una jornada bajo un sol inclemente pero con un viento que azotó el recinto durante la jornada, Una cita que nos perdimos en su segunda edición, dichosos solapes, y que busca hacerse su hueco dentro de la nutrida oferta festivalera de la región.

Abrieron Fer Espina & The Riders, una banda que se ha hartado a rodar por escenarios de todo pelaje y que vino a dar el pistoletazo de salida a la larga sesión vespertina. Carisma y muchas tablas de las que se rodea Espina, con Dany León en guitarras y Alejandro Blanco en baterías. Gente curtida en mil batallas.

“Vamos a hacer un poquito de rock and roll” proclama la voz del trío y en ello que se enfrascaron pasados escasos minutos de las siete de la tarde. Con Gus Bocanegra y Nefta Vázquez a los mandos del sonido, nos prometíamos una jornada de lo más apacible en este sentido. Inconveniente del viento al margen.

Espina entrega lo mejor de su particular registro en “Todo Está Bien”. León entregó riffs con gancho y la banda fue metiendo en calor al público con toneladas de clase y saber hacer. Salta a la vista cuando León echa mano del slide para “Gong”, renombrada para la ocasión con el nombre del festival y en donde la banda acierta a la hora de buscar la conexión con la gente. No faltó el aplauso para la organización. Tampoco esa “El Ojo Que Todo Lo Ve” que abría y nombraba a su álbum de 2023. Supieron cumplir con la siempre ardua tarea de abrir un festival y la gente se lo pasó bien con ellos. El tercer Valliniello Sound Fest no podía empezar con mejor pie.

Llegaba el turno de Sacavera, una de las grandes incertezas de esta edición del Valliniello, de tanto en cuanto este iba a ser su primer contacto con un escenario. Cuando llenéis el Wizink, recordad quienes estuvimos apoyando desde el primer día. Bromas aparte, había ganas por ver de qué era capaz el trío formado por los ex Automatic Kafka Michell Ardura (guitarra y voz) y Arturo «Will» (batería) junto al bajista Javier González.

Lo cierto es que no era mucha la idea que teníamos de la banda cuando salen a escena. Apenas un pequeño videoclip colgado en su perfil de Youtube. Pero mentiríamos si dijéramos que nos disgustaron. Porque la banda acertó a amalgamar rock urbano y punk con pinceladas de metal y demostró tener las cosas bien claras. Tuve la suerte de contemplar en compañía de cierto teclista las evoluciones de la banda y ambos coincidíamos en que la encarnación en vivo de la banda superaba a lo poco que habíamos escuchado de ellos.

“Esta se la vamos a dedicar a Netanyahu, a ver si se muere de una puta vez”, exclamó Michell como introducción a esa “Que Viene El Lobo” con unos Sacavera perfectamente conjuntados. Que su encarnación en directo mejora con creces al pequeño destello en Youtube es algo que salta al oído cuando la banda enfrenta “Extinción” y uno puede comparar ambas versiones. Y mientras que “Guajes” desliza la cara más árida del trío, éste sorprende con una más que curiosa revisión del “Helter Skelter” de los Beatles. “Que tito McCartney nos perdone” pedía después Michell. Agradecimientos, “La Pieza Del Puzzle” y final de un buen primer bolo para ellos. Son músicos experimentados y se notó. Engancharon con la audiencia pese a lo recentísimo de su nacimiento y, desde aquí, prometemos hacer todo lo posible por estar al quite de sus siguientes pasos.

Llegaba entonces el turno del grupo más Kinki de la región. Sobre la banda de Pablo Zapico (voz), Quilo Zapico (guitarra), Gus Suárez (bajo) y Rodrigo Moy (batería) recaería buena parte del infortunio de esta edición del Valliniello Sound Fest. Y es que parece que no hay concierto, y mucho menos festival, que esté libre de inconvenientes e imprevistos.
De primeras vinieron a cebarse con el bajo de Gus. El instrumento en cuestión se negaba a despertar de la siesta. “Faltaron dos minutos pa’ cancelar”, ironizaba luego Pablo. Puede ser por la propia idiosincrasia de la banda o por el pequeño retraso que se acumuló, pero lo cierto es que su salida con “Solfeo” no pudo ser más rotunda. Unos Kinkis muy gruñones que congregaron a un buen número de correligionarios frente al pequeño escenario móvil del festival.

El propio Pablo Zapico se las prometía muy felices con su inalámbrico. Sucedió entonces que éste vino también a fallar, por lo que tendría que echar mano finalmente del que Gus estaba usando para sus coros. Al final va a ser verdad aquello el “nadie regala nada” que proclama la letra de “Proletarios”. “Pa’ nosotros a veces tocar ye un sacrificio” comentó el vocalista en referencia a ese corte de su primer Ep. Problemas al margen, lo cierto es que la gente se enganchó al cuarteto. Y supo tomarse a broma su versión del “Soy Rebelde” de Jeanette, con la letra adecuadamente morfoseada al imaginario Kinki.

Me agradó sobremanera “Guantazos”, con la banda transitando desde su cara más festiva y socarrona a la más árida para un corte en el que, dio la sensación, pusieron no poco empeño. “Qué vos parez si bailamos un poco”, pregunta Zapico antes de entregarse a la en efecto bailable “Lonely Boy” de The Black Keys. Que me agradó en cierta medida, aunque no tanto como el curioso groove que le insuflaron a “Nordeste”. Muy firme Moy a los parches. Ágil en los momentos más festivos, certero en los más rápidos, propulsó a una banda que dio en todo momento la sensación de estar disfrutando de lo lindo.

El propio Moy arremete con fuerza en una “Frecuencia” que ha ido escalando poco a poco como una de mis favoritas del cuarteto. Zapico bajó aquí a darse su particular baño de masas en la medida en que se lo permitía el cable de su micrófono. O del micrófono de Gus. Su rock punk metalizado arraigó en Valliniello. Ya digo que fue la banda que más público acertó a congregar y, quien más quien menos, disfrutó de buenos cortes finales como “Bipolar” o “Intemperie”. Pero como aseguró Zapico, “dentro de cada alma heavy, de cada alma rockeru, hay un alma festiva”, que precedió al “Ritmo De La Noche” con el que se despedirían. Son una propuesta de lo más peculiar dentro de nuestro ecosistema de bandas y, quizá por ahí lo mucho que enganchan aún a pesar de los problemas. Será por tablas.

Turno entonces para una de las dos propuestas extremas de esta tercera edición, la que trajeron consigo los ribadenses de Materia Muerta. Una furiosa amalgama de hardcore y death metal por donde se imbrican pequeñas trazas punk, ritmos d-beat e incluso algo de crust.
Venían presentando “La Bestia”, largo estrenado allá por el mes de enero (y al que convendría echar una oreja) y ya desde la inicial “Destripador” salta a la vista que los gallegos no vinieron a Valliniello a cumplir el expediente. Ni mucho menos. Nacho, vocalista, tuvo de hecho a bien pasar todo el set entre la gente. Lo digo siempre: virtudes del inalámbrico. Lo cierto es que su death metal de trazas hardcore, o viceversa, cayó de pie entre el público avilesino, que recibió de muy buena gana lo agrio de su propuesta.

Sumó que el propio Nacho no solo pasase todo el show mezclado con la gente sino que se implicara en los distintos circle pits que se sucedieron. “Venimos de Ribadeo y estamos presentado nuestro segundo trabajo”, aseguró sin que su voz denotase en ningún caso el esfuerzo. El de batallar con ese registro tan osco y el de las muchas carreras que se pegó.
Arriba del escenario la banda arremetía segura su nada amable propuesta. En “Muros De Papel” casi parecían un cuarteto de d-beat. Mientras tanto, Nacho le dedicaba “Sueño Eterno” a las víctimas del COVID. Fue la nota melancólica y amarga que marcó un pequeño (y merecido) descanso de la mucha violencia que estaban entregando. Deiviz, de los asturianos Infección, no quiso perderse la fiesta, sumando voces para “Sociedad Programada” como ya hiciera en el último disco de la banda y extrayendo por ahí la vena más punk del momentáneo quinteto. El propio Queipo, guitarra de los gallegos, lucía una camiseta de la banda asturiana. Al final qué no es el punk sino hermandad.

Lo cierto es que fue aquí que hicimos un pequeño alto en la crónica para tomar un tentempié, que ya eran muchas las horas que llevábamos allí y casi otras tantas las que nos quedaban. Para cuando regresamos, Nacho recorría todo el Valliniello Sound Fest como alma que lleva el diablo. Como si le persiguiese un perro con hambre de hueso.
Pero la banda no son solo las correrías de su vocalista. Porque sonaron intensos, a ratos violentos, dando cera casi sin pausa y enganchando con el público en todo momento. Se despidieron, si mis castigados oídos no me engañan, deslizando el breakdown de “Roots Bloody Roots” (Sepultura) y a buen seguro más de un vallinieller se quedó con su copla. Tremendos.

Faltaban veinte para las doce cuando el vocalista Aitor nos recibía con un lacónico “Servet al aparato”. El quinteto venía a inundar Valliniello de buen punk rock y, aunque su música esté fuera de las lindes de lo que solemos tratar en esta casa, lo cierto es que hicieron pasar un buen rato a quienes resistíamos el viento gélido que seguía azotando el recinto.
La banda, con David de Black Panthys Party a cargo de una de las guitarras, entregó un punk cargado de melodía y reivindicación casi en idéntica proporción. Algo que ya deja claro la inicial “La Herida” y que “La Mitad Del Mundo” no hace sino ratificar. Aitor acertaba aquí al buscar al público. Una audiencia algo menguada a aquellas horas pero que supo abrirse de orejas para disfrutar de las bien diferenciadas propuestas que entregaba el cartel.

No faltó un pequeño recordatorio a Nefta Vázquez, que andaba al pie del cañón procurando el mejor de los sonidos para ellos, y en cuyo estudio grabaron un Ep que han ido desgranando en su perfil de bandcamp. Tras los agradecimientos de rigor me agradó el tono social de “Rivière”, con los trastornos del espectro autista como telón de fondo. También “Arquitectura Hostil”. Porque quién no ha visto cómo eso que llaman “sociedad del bienestar” construye sus ciudades antagónicas a las necesidades de los más vulnerables.
En ciertos momentos y dado lo poco panfletario de sus líricas, pensé en aquellos En Diskordia que acompañaron a Chabacanos una semana atrás (crónica). El punk, o al menos el modo en que uno lo entiende, siempre ha de ser ante todo compromiso. Y aunque pueda disfrutar de propuestas más festivas, este verano os hemos traído alguna que otra, lo cierto es que en mayor medida disfruto de propuestas más serias, como era el caso.

“Notas En Un Bloc” alude a la falta de relevo en el punk en particular y en el rock en general. Qué os vamos a contar que no sepáis. Estupendos coros del bajista Juan aquí. “Un Final Que No Empezó” puso la última pica del set y se fueron con la satisfacción del deber cumplido.
Al grito de “Leather Boys, qué hijo putas sois” recibió el Valliniello Sound Fest a la banda avilesina. Algo se palpaba en el ambiente que prometía una más de las inclasificables descargas del quinteto. Toda vez han recuperado su formación más habitual, aquí siguen presentando una biografía, “Fairy Tales From The Underground”, de la que seguimos esperando una segunda edición…

Mientras llega, qué mejor que disfrutar del rock despreocupado, desprejuiciado, deslenguado (y podría seguir) de la banda. “Rebirth” marcó el inicio del set. Auténtico emblema «Leather» ya y que apunta a tema apertura de aquí a los restos. La banda, como muy pocas de las muchas veces que les hemos visto, había salido a revientacalderas. Quién sabe si por saberse en casa y con la obligación de agradar o porque, para aquellas horas, ya era mucho el frío que azotaba Valliniello. Enlazando un tema tras otro, pocas veces “Don’t Cheat On Me” ha sonado tan vacilona.
Hedonistas como de costumbre, rockeros de pura cepa, me agradó el toque sucio, casi aguardentoso que le imprimieron al propio “Fairy Tales From The Underground”. Vimos bastante bien de voz a Leather Rose y fíjate que no serían pocas las horas que llevaría en pie para levantar un festival como este. A modo de pequeña confesión podemos contar que nos encontramos con él mediada la tarde y, trozo de empanada en mano, nos confesó que aquél era el primer bocado que daba en todo el día.

Leather Sex presenta “Aphrodisiac Grape” como el único tema metalero que tienen. “Un cruce entre Kreator y The Cult” y que en efecto destapa la cara más potente del quinteto. Leather Boys con Heavy Metal Brigade ya difícilmente se benefician del factor sorpresa. Ese momento en que Leather Sex cuenta cómo su mujer lo sacó de la heroína y aprovecha para dedicarle “St. Mary´s Dance” a ella en particular y a los buenos caldos en general. Aquí no queda otra que subirse al carro y disfrutar de su propuesta.
En lo personal puede que echara en falta la visceralidad de un corte como “The Curb”. Pero la banda la había tocado en aquella sesión vermú junto a Drunken Buddha del pasado mes de junio (crónica), así que tampoco cabe tanta queja. Menos cuando “Leather Gunner” entrega a los Leather Boys más frenéticos que hayamos disfrutado en bastante tiempo. Tras “Born In The 70’s”, con el público a coro, no faltó el pequeño agradecimiento por parte de Rose a la buena gente de Rock & Rockets. Leather Latin Lover, inalámbrico mediante, baja del escenario para la final “R’N’R Blowjob” y su hueco en las tablas lo ocupa Leather Fucker, al tiempo que aprovecha para hacer coros primero y contribuir a la catarsis final después. Quienes no estuvieran allí, a buen seguro las fotos darán cumplida fe de mis palabras. Son pura diversión y como tal hay que entenderlos.

Betty & Barney Hill venían desde Arriondas suponiendo la oferta más diferencial, rotunda y atrevida de todo el certamen. A caballo entre el metal extremo, la electrónica y el rap metal, uno acusaba ya el frío y el cansancio. Qué mejor pues que la nada almibarada propuesta de Milja (voz), Dani (batería), Sergio (guitarra) y Aram (Dj).
La larga y tendida introducción electrónica que proponen al inicio del set ya deja visos de por dónde pueden ir los tiros. Una banda que coge el metalcore incipiente de Killswitch Engage, la electrónica alternativa de Die Antwoord y el rap metal más cafre y los conjugan en composiciones mucho más cuidadas de lo que parece a simple vista.

Porque lo único que supera a su propia visceralidad, tremendo Milja en muchas fases del set, son esos temas largos, llenos de demenciales cambios de ritmo y por donde colaron alguno de los breakdowns más brutos que hayamos escuchado en todo el verano. Desde la parte de atrás del escenario Aram ponía voces de apoyo y bases electrónicas para apuntalar la curiosa propuesta de los parragueses.
En los momentos más frenéticos me recordaban a cierto tema de Strapping Young Lad. Conjugando esa faceta más visceral con arranques más atmosféricos, lo cierto es que resultó difícil aburrirse ante la cascada de influencias que desarrollaron a lo largo del set. Fue ya en la parte final, y que la banda me perdone por no conocer los nombres de los temas, que Milja entregó algunas voces realmente gorrinas. En definitiva una propuesta tan atrevida como disruptiva y ante la que no cabe indiferencia alguna.

Cerraban los chicos de Communal Connection y desde luego la del Valliniello Sound Fest III no iba a ser una noche memorable para la banda. A buen seguro esta será una espina que se querrán quitar en un futuro lo más cercano posible. Que su guitarra y voz, el Mournival Alberto Menéndez se fuera pidiendo disculpas a quienes aún andábamos por allí creo que viene un poco a resumir sus evoluciones sobre el escenario avilesino.

Y estas son, a grandes rasgos, nuestras impresiones del tercer Valliniello Sound Fest. Desde esta casa siempre serán de agradecer propuestas como esta que se atreven a dar oportunidades a bandas nacientes. Y aunque el viento nos azotara de manera inclemente durante toda la jornada y pequeños percances a lo largo de la jornada mandaran al cuerno el horario establecido, no podemos más que ponerle buena nota a la organización y desear que nos veamos las caras en 2025.
Gracias a la Asociación Cultural Valliniello Sound City por todas las facilidades dispuestas de cara a la ilustración y la redacción de esta crónica. Un cariñoso saludo a los muchos amigos y músicos que nos encontramos a lo largo de la jornada y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
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