Nueva parada en nuestros escenarios para la buena gente de Ravenblood. La banda de Cornellà de Llobregat acudía a la capital del Principado inmersa en la gira presentación de “Absence”, cuarto trabajo de su trayectoria, y del que ya diéramos cumplida cuenta por aquí. Y quiso la casualidad que, por segunda vez, lo hicieran acompañados por los locales Tatami, a quienes se sumó esta vez el trío Brutalfly. Una oferta pues de lo más variopinta para una apacible tarde noche de contrastes en la ovetense Sala Estilo.

Tatami serían pues los encargados de romper el hielo con su tranquilo y acostumbrado rock and roll. Y ya fuera por lo diferente de la propuesta con respecto al resto del cartel, lo tempranero del horario (19:00 cuando arrancan) o incluso por el buen día que hacía fuera (vete tú a saber) lo cierto es que no fue mucha la gente que traspasó las puertas de Estilo para atender a sus evoluciones.

Nosotros podemos decir que nos gustaron más que en nuestro anterior encuentro con ellos. De primeras vuelve a llamar la atención esa formación a dos guitarras y batería. Gus Bocanegra a los mandos de la nave, extrajo la mejor versión de la banda. Hay estrofas, diría que incluso algún estribillo que otro, en los que el nombre de Ilegales ronda mi subconsciente. Y aunque ya digo que en esta ocasión nos resultaron más enteros, lo cierto es que a ratos eché en falta una pizca más de distorsión. Al final la cabra siempre tira al monte. Es inevitable. Rock tranquilo, que a ratos adquiere una pizca más de nervio, y donde incluso cabe un pequeño guiño a las leyendas australianas AC/DC. No nos disgustó su particular resistencia.

Brutalfly traerían entonces su enrevesado thrash metal y ya desde el primer momento queda claro que tratar de encorsetar su propuesta bajo una etiqueta concreta es como tratar de tapar el sol con el meñique. Siempre imprevisibles, aparecieron por Estilo con un set plagado de temas que aún no han visto la luz, y que integrarán, si todo va como se espera, su esperado segundo álbum de estudio.
Escenario adornado con los dos murales laterales más el telón de fondo. Su arranque hace honor al apellido de los hermanos Veloz. Descosidos y nerviosos desde un primer momento, pronto disienten hacia su habitual maraña de cambios de ritmo. También de afinaciones, con Didi haciendo uso y abuso de los muchos pedales que tenía a sus pies. Convenientemente bañados en luz roja, puede que “Train To Hell” ofreciera algún resquicio más asequible. El público, que llegaba con cuentagotas a la sala, se animó aquí. Ellos sin embargo no olvidan tampoco aquí esa naturaleza tan híbrida de sus composiciones.

Y ante un sonido tan redondo como el que estaban teniendo, quedó claro la pura organicidad de su propuesta. Más allá de los mil y un efectos que Didi emplea a lo largo del set, tanto él como la base rítmica de Lagarto y Mochy, su metal resulta tan laberíntico como real. “Moretty”, precedida de una pequeña dedicatoria de Didi, puede ser el perfecto ejemplo de esto que comento. Como siempre, vimos muy compenetrada a la banda. Su propuesta así lo exige. Pero esta es una de esas formaciones que realmente da la impresión de disfrutar con lo que hace. Brilló Didi aquí en su faceta como vocalista, sacando provecho de sus distintos registros. El propio vocalista pidió un aplauso para “el Rey Lagarto” antes de “Shaman”, recuperada de aquél Ep debut que en septiembre de este mismo año cumple ya diez años. Ahí el trío bordea su cara más oscura, amplificando aún más si cabe su amplia paleta sonora.

Me sorprendió “Pigmalion” por cómo introdujo alguno de los estribillos con más gancho que les recuerdo. En consecuencia, el calor en la sala fue en aumento. También mis ansias de escuchar su segundo largo de una vez. En esas estaba cuando el trío vuelve a aquél iniciático Ep y resucita una “Mechanic Soul” donde Mochy introduce ritmos cercanos al d beat. Era un tema para bailar, había asegurado Didi. Y era verdad. Encarando ya la recta final “High Bird” puede ser un tema que sorprenda aún sin salirse de su retorcimiento habitual, tremendo Mochy a los parches aquí, al tiempo que “Zerdatillium”, ya casi ineludible en sus directos, deja uno de los solos más locos de Didi. Que ya es decir. Quedaba una. No venía ni en el setlist pero no podía faltar. Didi le preguntó a la audiencia, y quien más quien menos respondió, emulando al mismísimo Roy Batty, que era el tiempo de morir. “What Time is It? It’s Time to Die” daría por finiquitado el set. Muy inesperado en cuanto a selección de temas pero donde vino a quedar claro que esta es una banda que planta cara al futuro con total seguridad. Ya muy atentos a lo que esté por venir.

Acudían Ravenblood prestos a presentar “Absence”. También al que es su nuevo batería desde el pasado mes de diciembre: Darío García. Así pues, y clavando el arranque de ese último trabajo, la banda vino a sonar tan redonda como acostumbra. Cambio en baterías mediante, son muchos los años que llevan ya a sus espaldas y se notó. Sus anteriores visitas nos habían dejado ya muy buen sabor de boca. La del sábado vino a confirmar que se encuentran entre lo mejor que el género tiene para ofrecer dentro de nuestras fronteras.
Es un death melódico al modo clásico. Lleno de buenas melodías y donde la labor de Arnau y Jose en guitarras resulta encomiable. El primero ya deja un gran solo en la propia “Absence”, avisando en cierto modo de la que se nos venía encima. A Ravenblood se les puede achacar una cierta quietud arriba de las tablas. Una parsimonia que contrasta con la hiperactividad de Dani, al micro, quien camiseta de Aneuma mediante, no dejaría de moverse a lo largo y ancho del escenario, al tiempo que buscaba la siempre necesaria conexión con el público. A término comentaría que Asturias era su “segunda casa”. Y no mentía. Estaba el frontman con los habituales agradecimientos cuando la banda, Darío mediante, arranca pedal a tabla con “Purge”. Parecía que no había tiempo que perder. La base rítmica que completa Raúl al bajo trotaba de lo lindo aquí. Y la banda ofreció su primera alternancia solista de la noche. Arnau y Jose jugaron con sus respectivas guitarras, si bien es cierto que al segundo costaba oírle con total claridad.

Percance que se fue subsanando conforme fueron deslizando un corte tras otro. Dani, ahora sí, tuvo tiempo de sobra para ofrecer unos agradecimientos como dictan los cánones. Me gustó “In Our Veins” por cómo conjugaron la elegancia inicial con un trote más enérgico después. Siempre dentro de las fronteras del estilo y con un Dani de lo más risueño tras el micro. El propio vocalista se iría al de rodillas al suelo. Ovación final y el público de Estilo que parecía estar pasándolo en grande. “Out In The Universe” llega no sin que antes Darío tuviese un pequeño percance con uno de los pedales. Alguna que otra pista pregrabada puede que ofrezca a unos Ravenblood menos orgánicos. Y da igual porque la violencia que desatan aquí destierra cualquier duda. Y al tiempo que “Resurgent” puede ser una de sus composiciones más redondas, compendio de todo cuanto una banda como esta tiene para ofrecer, “Reborn In Darkness” se haría de rogar por culpa del portátil que disparaba las pregrabaciones. Había que reiniciar. Las culpas, a Windows, Apple o quien corresponda. Toda vez aquello se recondujo, lo cierto es que fue un corte que procuró cierto resuello al quinteto.

Que es justo lo que ellos necesitaban para después atacar con “Fracture”. Brilló Arnau aquí. En lo que a composición se refiere puede que sean estos los Ravenblood que más disfruto. Diversos a la par que sólidos. La banda acertó a conjugar esa mezcla de pegada y melodía, marca de la casa, para el que me resultó otro de los puntos álgidos del set. No desfallecía Darío tras baterías aún a pesar de los percances. Dice mucho del buen momento de forma en que llegaron a Oviedo lo firmes que sonaban aún en esta parte final. Aquí volverían la vista al pasado, rescatarían aquella “Pathfinder” de su primer álbum y, junto con la propia “Ravenblood” de su último disco, abrocharían pasado, presente y futuro en un gran final. Antes Dani había agradecido el apoyo que la gente les dispensó. Aguantó el tipo durante todo el set, se deshizo en recurrentes bromas capilares (¡Mari Carmen!) durante el tiempo que estuvo sobre las tablas y, al alimón con los suyos, ya digo confirmó el buen momento que atraviesan. Su segunda casa, desde luego.

Diversión y contrastes. Una jornada bien agradable, buena compañía y tres propuestas bien diferentes. Lo pasamos bien antes, durante y después. Por eso no quisiera terminar esta crónica sin agradecer a FnR Promotora y a los músicos por todas las facilidades, mandar un saludo a los habituales de siempre, también a la buena gente de Aneuma y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz