La sala Gong Galaxy Club vino a plantear un más que digno antídoto contra el San Mateo más hortera en años. El trío madrileño Mr. Goliath y los locales Black Stokers incendiaron Oviedo con dos maneras bien distintas de entender el rock and roll: el psych rock de unos, el blues rock de los otros. Todo para una cita que, no vamos a poner paños calientes, resultó un fiasco en cuanto a venta de tickets, pero en el que ambas formaciones se entregaron como si en la puerta colgase el cartel de no hay billetes.

El quinteto local Black Stokers arranca con material propio asegurando que ellos habían venido a molestar. Nos recibieron, no sin cierta ironía, al grito de “buenas noches Tokyo” y profundizaron en un hard rock a la manera clásica bien pertrechado por unos omnipresentes teclados. Luego alternaron entre temas ajenos, una meritoria revisión de “La Grange” de ZZ Top y buenos cortes de su cosecha como “Hablando Con La Pared”.

Y lo cierto es que, en una primera impresión, me parecieron una banda con un buen directo. Algo a lo que ayudó el buen sonido que desplegaron en la sala. Buenas secciones solistas, de teclas y guitarra, la que dejaron aquí, y por lo general, una banda de lo más compacta y agradable de ver. Tocaba volver al material ajeno y “Hard to Handle” abrochó desde el original de Otis Redding hasta la revisión que The Black Crowes lanzaron allá por 1990. “Ni Tan Malo Ni Tan Bueno” deja su cara más socarrona, alegre incluso, y “Crazy Little Thing Called Love” respeta en gran medida las líneas maestras del original de Queen.

Fue entonces que supimos que entrarán a grabar disco “después del verano”, por lo que habrá que estar al quite. En el que era su primer concierto del fin de semana (participarían en las finales tanto en Oviedo Rock como Festi AMAS) lo cierto es que dejaron muy buenas impresiones. En “Señor”, incluso, me atrevería a decir que están sonando de lo más rotundos. Hard rock clásico con pequeños dejes blues y un final de set, algo abrupto, con la descarada “La Puerta Del Bar” nos dejaron claro que habrá que seguir la pista del quinteto.

Luego el trío radicado en Madrid Mr. Goliath iba a llenar la Gong de pura distorsión, en una ruidera como recuerdo pocas en dicha sala. A pura Flying V, arrancando desde su cara más lisérgica y dejando un buen solo con el pie al wah, la banda iba a poner a prueba nuestros maltrechos tímpanos con una descarga de psych rock, fuzz y mucha actitud. Temas como “La Edad De Piedra” profundizaron en ese rock angosto, desatado en cuanto a distorsión, mientras que en “Muñeco De Trapo” se dibuja uno de los mejores solos de este comienzo de set.

Me agrada cuando juega con las estructuras de los temas. Esas composiciones que alternan riffs como montañas para luego adoptar un mayor brío. Siempre sin abandonar esa cara tan ruidosa, sucia incluso a veces, que resulta tan característica. Pablo Goliath cambió entonces su guitarra por una Stratocaster al tiempo que aseguraba: “no importa los pocos que seamos, lo importante es que el rock siga vivo”. Esta fase del set, Fender en mano, rebajó algo el fuzz para conducirnos, al menos de primeras, por una cara más “amable” del power trío. Fue aquí que Pablo pronosticó que íbamos a “mover un poco el culito” mientras el trío regresaba a esos entornos más sucios y ruidosos. Él sobresalió en su faceta solista mientras emergía su cara más bluesera. Parecía haber buena química entre él, el batería Sergio y Jota, el infatigable bajista de la banda.

Nuevo cambio de guitarra y el Goliath más gritón de la noche emerge en “Quiero Ser Rebelde”, en contraste con ese riff tan ganchero que entrega en “El Demonio”. Pararon únicamente en los momentos que Pablo hubo de afinar sus guitarras, enlazando temas a ratos y mostrándose como un trío insolentemente ruidoso. Retornó la Flying V para el tramo final, Pablo pidió un aplauso para Eva, técnico de sonido, así como para la propia sala y presentó a los suyos antes de regalarnos los últimos cortes de un set que se iría cerca de la hora y media. Sonaron contundentes en “No Tengo Miedo” y derrocharon un mayor gancho en “Silencio”, un corte de esos que suenan a pura auto reivindicación, dejando para el final eso sí su cara más trotona y vibrante. Ciertamente uno de los sets más ruidosos que recordamos.

Las fiestas de San Mateo tienen estas cosas. A veces sale cara, la presentación del segundo disco de Maverick la semana pasada, a veces sale cruz, como fue el caso. Las bandas, lejos de recoger cable , sacaron la cita adelante y, cada una a su manera, dieron dos buenos conciertos. Es verdad que el de Black Stokers se nos hizo algo corto. En todo caso, a buen seguro y ya con su primer álbum bajo el brazo, habrá tiempo de verles en condiciones más óptimas. Muy atentos ya a futuros pasos de unos y otros.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz